Título original: The rip // Origen: EE.UU. // Dirección: Joe Carnahan // Guión: Joe Carnahan // Intérpretes: Matt Damon, Ben Affleck, Steven Yeun, Teyana Taylor, Catalina Sandino Moreno, Sasha Calle, Kyle Chandler, Scott Adkins, Daisuke Tsuji, Néstor Carbonell, Lina Esco, Alex Hernández, Cliff Chamberlain, Jose Pablo Cantillo, Marco Morales, Sal Lopez // Fotografía: Juanmi Azpiroz // Edición: Kevin Hale // Música: Clinton Shorter // Duración: 113 minutos // Año: 2026 // Plataforma: Netflix
6 puntos
CONFIANZA Y AMISTAD
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Por más que todo el andamiaje publicitario de Netflix para El botín esté centrado en la dupla conformada por Ben Affleck y Matt Damon, el nombre más relevante para pensarla quizás sea otro. Estamos hablando de Joe Carnahan, un realizador bastante ecléctico y algo irregular, que arrancó su carrera con un film interesante, pero algo sobrevalorado como Narc, siguió con un bodrio como Brigada A, sorprendió con una gran película como El líder, y después metió una seguidilla de policiales (Stretch, Boss level y Juego de criminales) muy libres y creativos, que se permitían jugar con otras tonalidades, como la comedia romántica, el drama y hasta la ciencia ficción. Por eso su regreso al mainstream, con dos estrellas importantes y con un mayor presupuesto, despertaba tanto expectativa como temores.
Hay que decir que El botín no defrauda, pero tampoco es que sorprende positivamente, en parte porque no termina de soltarse del todo e ir a fondo con algunas vertientes que explora. Aunque es cierto que su primera mitad es más que sólida, en buena medida porque, al igual que sus protagonistas, no termina de mostrar todas las cartas, lo cual favorece la atención del espectador, al cual consigue llevar de las narices por su conflicto central, que está basado en hechos reales. Tenemos a una unidad de la policía de Miami que, en un operativo en una casa, descubre una cantidad enorme de dinero (más de 20 millones de dólares) escondida tras una pared. El dinero, obviamente, proviene de algún cartel de drogas, pero las circunstancias alrededor de la incautación (la cifra que indicaba la denuncia era muchísimo menor) dispara un montón de especulaciones entre los agentes y desconfianza entre ellos. Más aún porque pronto queda claro que llevar a cabo todo el procedimiento (que incluye el conteo del dinero en el lugar) va a estar amenazado por fuerzas exteriores amenazantes y sospechado por la posibilidad de que haya un traidor en el grupo.
Mientras El botín cuenta mucho, pero revela poco, funciona más que bien. Por eso los primeros minutos, donde se asiste al misterioso asesinato de una capitana y los protagonistas deben lidiar con las repercusiones de ese hecho, los interrogatorios del FBI, la desconfianza mutua y cierto hartazgo con la profesión, son un tanto desconcertantes y al mismo tiempo estimulantes. No terminamos de confiar en el teniente interpretado por Damon, por más que no luce como un matón al estilo Denzel Washington en Día de entrenamiento, pero tampoco en el sargento encarnado por Affleck, que algo parece ocultar. Algo parecido sucede con los integrantes de la unidad que encabezan (Steven Yeun, Catalina Sandino Moreno, Teyana Taylor), además de un agente del FBI (Scott Adkins) y uno de la DEA (Kyle Chandler). Y a eso hay que sumarle las fuerzas hostiles, sin rostro, que van asomando fuera de la casa, que ayudan a configurar un espacio exterior opresivo y enigmático. Todos esos factores Carnahan los aprovecha muy bien para delinear un film donde no parece haber villanos y héroes claros. O donde quizás todos sean villanos.
Claro que, en la última media hora, El botín se ve obligada a exponer su juego y a dejarle en claro al público quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Ahí es donde el film empieza a trastabillar, no solo porque redunda en explicaciones, sino también porque las resoluciones a las que llega se ven venir a la distancia. Aunque Carnahan encuentra una forma de remediar parcialmente esto, que es la progresivamente establecer un posicionamiento sobre la ética, el deber y el profesionalismo. Hay, de hecho, un par de gestos y diálogos puntuales cerca del final en los que la película rescata el valor del trabajo bien hecho, y donde lo hace con más honestidad que solemnidad. Ahí es donde también El botín se erige como un guiño cómplice entre Damon y Affleck, dos amigos de toda la vida que eligen volver a trabajar juntos casi como una ratificación de su amistad. La puesta en escena de Carnahan logra transmitir todo esto sin remarcaciones y ese es un mérito adicional para un film no tan libre como sus anteriores, pero que lo ratifica como un artesano competente y al mismo tiempo con una mirada propia.
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