Título original: Scary Movie // Origen: EE.UU. // Dirección: Michael Tiddes // Guión: Marlon Wayans, Shawn Wayans, Keenen Ivory Wayans, Craig Wayans, Rick Alvarez // Intérpretes: Anna Faris, Jon Abrahams, Regina Hall, Marlon Wayans, Cheri Oteri, Lochlyn Munro, Shawn Wayans, Chris Elliott, Olivia Rose Keegan, Damon Wayans Jr. // Fotografía: Terry Stacey // Montaje: Jonathan Schwartz // Música: Haim Mazar // Duración: 96 minutos // Año: 2026 //
4 puntos
QUEDARSE AFUERA
Por Marcos Ojea
Desde que se empezó a promocionar, el mensaje fue claro: la nueva Scary movie venía a liberarnos, a resucitar las glorias del pasado sin importar quién caiga o quién se ofenda. Aunque en la última década, o un poco más, la comedia americana sufrió los embates de la agenda progresista, volviéndose cada vez más chiquita y temerosa, lo cierto es que en el último tiempo empezó a experimentar una nueva transformación. Hay cosas que quedaron atrás, sí, pero también hay lugar para el humor chabacano y guarango, bardero y descerebrado. No sabemos si se debe al ascenso de las derechas en el mundo o, en el otro extremo, a la habilitación y relajación por parte de ciertos colectivos para reírse de ellos mismos, pero hoy se puede decir “fua re trolo” y evitar ser cancelado. Claro que la expresión no alude a la orientación sexual, sino más bien a la debilidad frente a determinado evento, pero hace diez años se condenaba igual. Haciéndose cargo de este fenómeno, pero a la vez sin entenderlo del todo, aparece Scary movie: terroríficamente incorrecta.
Luego del éxito de la primera y segunda parte, los hermanos Wayans, principales responsables creativos, quisieron renegociar su contrato. Es lo que cualquier persona sensata haría. Pero los Weinstein, ejecutivos de Miramax y para nada sensatos (si no, pregúntenle a Harvey), dijeron que no. Afuera los Wayans. La saga igualmente siguió con tres películas más, una peor que la otra (salvo algunos hallazgos en la tercera, cortesía de David Zucker), y luego el fenómeno se agotó. O ya estaba agotado, pero lo aceptaron. El cine paródico, por suerte, experimentó un silencio de años. Desconocemos los tejemanejes internos de la industria pero, en algún momento, los Wayans recuperaron a su criatura y, aprovechando la oleada sin fin de secuelas, precuelas, recuelas, remakes y reboots, empezaron a gestar una sexta entrega. Una película que recuperaría el espíritu original, traería a los protagonistas originales y, de paso, ignoraría todo lo que pasó después de la 2, incluso bromeando al respecto.
De todos modos, hablar de continuidad, o incluso de argumento, no tiene sentido a la hora de analizar una película de Scary movie. Si en la 1 la base de la parodia estaba en Scream, y de ahí se extendía hacia otros éxitos de la época, acá la base es Scream 5 (aunque la secuencia inicial provenga de Scream 6). A partir de una premisa mínima, la película comienza su recorrido como si se tratara de una sucesión de sketches que va tachando los títulos más representativos del terror en el último tiempo: ahí aparecen Pecadores, ¡Huye!, Terrifier, las últimas Halloween, la última Destino final, El sótano de Má, La hora de la desaparición, entre otras. Más urgidos por el clima de época que antes, varios de los chistes se construyen desde lo político, con dardos evidentes a la administración de Donald Trump y su desparramo de “valores tradicionales”. Pero también, claro, hay palos para la agenda woke, para la industria del entretenimiento, incluso para la propia saga de Scary movie. La consigna pareciera ser “a todo a nada”.
Ahora bien, la pregunta más difícil: ¿funciona? La respuesta podría ser fácil, pero el fenómeno mismo invita a que sea más compleja. A mí, que supe ser (o creía ser) un entusiasta de la 1, me divirtió poco y nada. La gente en la sala, sin embargo, se reía a carcajadas. Está bien, puede que yo sea un amargado, pero así y todo creo poder reconocer un buen chiste en la pantalla. Los hechos, obviamente, son inapelables, y para el público cautivo de Scary movie, esta nueva película no solo conecta con su infancia, sino que también les habla en un lenguaje muy parecido al que consumimos a diario. Porque esa novedad que podían ser las primeras entregas, un concatenado de humor efímero y descartable, es el humor que hoy se despliega en las redes sociales. Los chistes barderos e incorrectos con los que la película se embandera, los vemos todos los días en el celular, a veces incluso más salvajes. En ese sentido, Scary movie es tan capaz de capturar el espíritu del presente como de condenarse a sí misma al consumo rápido y posterior olvido.
Una pregunta más: ¿es posible decir que es mala una película que pretende ser mala? Sí, suponemos que sí, pero el éxito obtenido y las risas del público están ahí para decirnos que quizás, esta vez, nos quedamos afuera. Ante tamaña evidencia, abandonamos el teclado y recordamos la frase con que Ludwig Wittgenstein finalizó su Tractatus Logico-Philosophicus: “De lo que no se puede hablar, es mejor callar”.
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