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Scream (Grita)

Título original: Scream
Origen: EE.UU.
Dirección: Matt Bettinelli-Olpin, Tyler Gillett
Guión: James Vanderbilt, Guy Busick, basado en los personajes creados por Kevin Williamson
Intérpretes: Neve Campbell, Courtney Cox, David Arquette, Melissa Barrera, Marley Shelton, Jenna Ortega, Dylan Minnette, Jack Quaid, Jasmin Savoy Brown, Sonia Ammar, Mikey Madison, Mason Gooding, Kyle Gallner, Heather Matarazzo, Chester Tam
Fotografía: Brett Jutkiewicz
Montaje: Michel Aller
Música: Brian Tyler
Duración: 114 minutos
Año: 2022


6 puntos


EL PISO QUE TAMBIÉN ES TECHO

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

Uno ya puede intuir las virtudes, pero también los defectos, el rango de posibilidades, pero también los límites de Scream (Grita) en los taglines que aparecen en los pósters: “es siempre alguien que conoces” y “el asesino está en el póster”. Allí ya podemos ver el juego narrativo, la manipulación (divertida, estimulante incluso) de las expectativas, pero también la inevitable previsibilidad cuando se entra en la fase final de ese proceso lúdico. Quizás ese piso y ese techo, tan cercanos entre sí, estuvieron presentes siempre en la saga de Scream, pero en esta nueva entrega son más palpables que nunca, aunque eso no le quita interés e incluso, paradójicamente, lo fomenta aún más.

Si la primera parte de Scream era un meta-slasher que reformulaba el género desde la autoconsciencia que Wes Craven ya había insinuado en La nueva pesadilla; la segunda utilizaba a su favor todos los elementos posibles de las secuelas; y la tercera buscaba explorar los giros inevitables de las trilogías o franquicias extendidas. Si la cuestión del público, sus conocimientos y capacidad de influencia había estado siempre presente en la saga, la cuarta entrega ponía eso en primer plano, indagando en el papel de las redes sociales y los deseos de fama y exposición. Lo cierto es que esta quinta película realiza un movimiento que parece envolver, en diversas formas, a las búsquedas de todas sus predecesoras. Por un lado, se propone como una secuela-legado autoconsciente, que introduce personajes nuevos, pero también trae varios de los originales, para así releer el pasado en función de crear un futuro posible para la franquicia. Por otro, hace hincapié en ese espectador entre fanático y nostálgico, que evoca los films originales como tesoros de sus infancias o adolescencias a los creen que no se puede mancillar, y que siempre necesita de un anclaje en ese pasado idealizado para aceptar que Hollywood siga explotando las propiedades.

Por eso el film no se llama Scream 5, sino Scream, coqueteando con la repetición de la original, pero para darle pie al inicio de una nueva era. A la vez, establece un diálogo con revitalizaciones de franquicias como Halloween (quizás la más paradigmática), aunque también podríamos incluir otras recientes como Ghostbusters: el legado y Spider-Man: sin camino a casa. Y, de paso, tira un par de dardos contra ese público que gusta del cine de terror culto y algo culposo -como The Babadook, La bruja y El legado del diablo-, porque en el fondo desprecia al género y quiere pensar que también está viendo films con comentarios sociales, políticos, éticos y morales. El retorno a Woodsboro -con toda su iconicidad a cuestas- que plantean los directores Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett es uno ácido y juguetón, pero también un poco contradictorio y hasta algo hipócrita, porque no deja de incurrir en lo mismo que parece criticar.

Es que si el discurso de Scream (Grita) pareciera criticar a esa vertiente contemporánea donde el terror ha cobrado una solemnidad y pretenciosidad algo tóxica, lo cierto es que el film no puede evitar hacer sus propios comentarios seudo sociológicos y hasta delinear un drama entre psicológico y genético algo esquemático. Quizás esto suceda en buena medida porque los realizadores son parecidos a Wes Craven, un genial cineasta popular que a veces tenía demasiada necesidad de mostrarse inteligente y sagaz. Bettinelli-Olpin y Gillett son directores con talento para la puesta en escena y la creación de atmósferas, aunque en varios pasajes se dejan llevar por la necesidad de explicar todo con diálogos o monólogos excesivamente astutos. De ahí que no extrañe que Scream (Grita) sea una película que funcione mucho mejor cuando narra desde el movimiento y la tensión, y que flaquee en sus últimos minutos, cuando se detiene y quiere explicarse solo desde el habla.

Aún con esas salvedades, Scream (Grita) cumple con su objetivo, es decir, darle aire fresco a la saga sin dejar de evocar el espíritu original. Y si por un lado deja flotando la duda sobre si hay más material narrativo o estético para abordar en futuras entregas, el conteo de cadáveres nos da pistas sobre posibilidades futuras: al fin y al cabo, todavía quedan varios cadáveres del pasado para seguir construyendo futuro.


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