Título original: Ídem // Origen: EE.UU. // Dirección: Rod Blackhurst // Guión: Rod Blackhurst, Brandon Weavil // Intérpretes: Fabianne Therese, Russ Tiller, Michalina Scorzelli, Kate Cobb, Ethan Suplee, Seann William Scott, Max the Impaler // Fotografía: Justin Derry // Montaje: Justin Oakey // Música: Nick Bohun // Duración: 83 minutos // Año: 2025
4 puntos
UN BOSQUE DE LUGARES COMUNES
Por Guillermo Colantonio
El género de terror goza de buena salud si se considera la cantidad de estrenos. Cada semana parece una caja de Pandora al respecto. Tal oxigenación no se corresponde necesariamente con la calidad de las producciones. Salvo raras excepciones, la regla es enfrentarse a cierta pereza o repetición de fórmulas. Es lo que ocurre inevitablemente con Dolly, esta nueva incursión dirigida por Rod Blackhurst, una especie de cuento de hadas enfermizo cuyo prólogo se inscribe en un marco folklórico. En el bosque, una madre llora y anhela el amor que se le ha negado por mucho tiempo. Pronto nace una niña, pero es envuelta por el abrazo sombrío del mal. Ahora es ella quien reclama a su propia criatura, cubierta por una horrible máscara de muñeca. Esta es la premisa, y es más sugerente que lo que viene después.
Una pareja recién conformada realiza una excursión al bosque para llegar a un mirador. Seguimos su itinerario de día. Las imágenes remiten a una estética retro donde los colores se sostienen al borde de la saturación. Pronto, el cuadro idílico se ve interrumpido por la curiosidad ante una considerable cantidad de cuerpos desmembrados de muñecas desperdigados por los árboles del lugar. Cuando el joven va a investigar, se topa con esta versión de asesino monstruoso. Es el inicio de la pesadilla, de pocas escenas asquerosas y de asesinatos que lejos están de provocar escalofríos. No solo la resolución de las situaciones deja mucho que desear sino la tosquedad del desarrollo, ahogado en un mar de obviedades. Ahora, la joven es secuestrada y torturada en su rol de hija. Los intentos por escapar de la prolongada tortura forman parte de una cadena de hechos tontamente narrados.
Dividida arbitrariamente en capítulos, la película nunca levanta vuelo y jamás logra conmover ni contagiar miedo en aquellos segmentos que se suponen de mayor impacto. Por tal motivo, no deja de ser irrelevante en su propuesta. Hay algo frustrante en Dolly: la sensación de estar ante una idea que, al menos en sus primeros minutos, prometía una deriva más inquietante. La figura de esa madre monstruosa, nacida de una fábula oscura y de resonancias folklóricas, sugería un universo capaz de explorar los miedos vinculados a la maternidad, la pérdida y la identidad. Sin embargo, Blackhurst opta por el camino más transitado, encadenando situaciones previsibles y personajes incapaces de sostener el interés. Lo que podría haber sido una pesadilla malsana y perturbadora termina reducido a un ejercicio rutinario, otra pieza intercambiable dentro de un género que produce mucho más de lo que realmente imagina.
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