Título original: Evil Dead Burn // Origen: EE.UU. // Dirección: Sébastien Vanicek // Guión: Sébastien Vanicek, Florent Bernard // Intérpretes: Souheila Yacoub, Hunter Doohan, Luciane Buchanan, Erroll Shand, Greta van den Brink, Tandi Wright, Alain Chabat, Maude Davey, George Pullar, Keanu Karim, Victory Ndukwe, Tapiwa Soropa // Fotografía: Philip Lozano // Montaje: Maxime Caro // Música: Xavier Caux, Douglas Cavanna // Duración: 110 minutos // Año: 2026 //
7 puntos
LA MÁQUINA DE HACER DEMONIOS QUE NO SE DETIENE
Por Matías Gelpi
Lo leí recién: hace tres años vi Evil Dead: el despertar y me pareció una de las experiencias más terroríficas de la década. “Sin ánimo de exagerar”, escribí (aunque obviamente estaba exagerando). Sin embargo, en estos años vi la película de Lee Cronin al menos un par de veces más, y no sólo me sigue pareciendo realmente perturbadora y divertida, sino que sostengo que es el resultado brillante de todo lo iterado anteriormente en la franquicia y, probablemente, su punto más alto. Y me atrevo a decir esto porque las franquicias, sagas o universos cinematográficos tienen una consecuencia ineludible: comienzan a agotarse, y creo que Evil Dead se está empezando a agotar un poco.
La película de Sébastien Vanicek es de otras personas; quiero decir, el director es un elemento más puesto al servicio de un modelo de cine de productor o productores, diseñado en su totalidad para que tilde todos los casilleros necesarios para pertenecer a la franquicia. Un modelo no demasiado novedoso que han adoptado sagas longevas como Scream o Halloween, lo que -siendo justos- les permitió adaptarse a estos tiempos. El exorcista también lo intentó, pero nadie que haya visto El exorcista: creyentes quiere volver a hablar de ella. Y otra cosa: es también, al mismo tiempo, una secuela de manual de la vieja escuela del cine de terror; es más grande, más sangrienta, tiene más trama, dura más, etcétera.
Dicho lo anterior, aún se puede ver que hay un margen de maniobra para Vanicek: su Evil Dead tiene un eje temático continuista, pero particular. Al igual que en su antecesora, los deadites (el curioso nombre con el cual se conoce a los poseídos en Evil Dead) atacan y pretenden destruir a una familia. La diferencia es que, mientras la familia anterior se nos presentaba como vulnerable y hasta inocente, disfuncional pero cariñosa, la familia protagonista de Evil Dead: en llamas tiene sus propios demonios escondidos en el placard. Un oscuro agujero de prejuicios, violencia y abandono que se suma a la amenaza sobrenatural que recae sobre la protagonista, Alice, interpretada con solidez por Souheila Yacoub. Creo que esa es la idea más potente que tiene, y lo que hace que no sea otra iteración de la franquicia que pasará sin dejarnos nada más.
Vanicek había mostrado en Vermin: la plaga (2024) que es un buen administrador del espacio visible; es decir, que tiene lo necesario para hacer buen cine de “encierro”. Porque las películas de esta saga, que inició Evil Dead: el despertar, son películas de encierro, de amenaza cercana, de algo de suspenso, pero sobre todo de violencia explícita y efecto brutal. En ese sentido el director cumple; sin embargo, hay dos cosas en las que la película cae en la comparación directa con la anterior. Una es comprensible; la otra, inexplicable. La primera es su villano: otro elemento inaugurado en la película de 2023 es que tienen un villano principal, un demonio más malo y carismático que el resto. En el caso de El despertar, estaba la madre poseída, interpretada increíblemente por Alyssa Sutherland, una interpretación al nivel de la de Inde Navarrette en Obsesión (la revelación de este año, sin dudas). El villano de En llamas es olvidable y quizás hasta innecesario.
Y lo otro que falla, no sólo en comparación con su antecesora, sino en general en comparación con todas las Evil Dead, es la extraña fotografía elegida (por extraña me refiero a horrible): una paleta de colores apagada y una oscuridad insoportable que atentan contra el espíritu efectista de la saga, ya que algunos fotogramas son de una uniformidad realmente pasmosa.
Evil Dead: en llamas tiene dos escenas post créditos, y eso ya nos dice para dónde van los tantos. Parafraseando el espíritu de la saga, podemos decir que la máquina de hacer demonios no se va a detener. A nosotros, los fans o espectadores, nos queda patalear o seguir yendo al cine a ver qué pasa. Yo tengo que ser sincero: todavía me gusta que se sigan haciendo películas de la saga, y todavía puedo seguir diciendo que no hay una Evil Dead mala (algo que ya no digo de Scream, ya que la última es medio impresentable). Y no me hagan hablar de El exorcista: creyentes, mejor.
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