–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Justo a tiempo para el 250º aniversario de la independencia de Estados Unidos llega esta miniserie dirigida por Brian Knappenberger, quien ya estuvo a cargo de las tres entregas de Punto de inflexión. Se podría decir que El experimento americano (que cuenta con Tom Hanks como productor ejecutivo) es también, en cierta medida, sobre un punto de inflexión en la historia: el foco pasa acá a estar sobre el proceso que originó al sistema democrático estadounidense, arrancando con la guerra por la independencia en 1776 y adentrándose en el conflictivo ensamblaje de una forma de gobierno que en ese momento era toda una novedad. Compuesta por cinco episodios, los primeros tres abordan el enfrentamiento de las trece colonias originales con el dominio inglés, a partir de un movimiento revolucionario que estuvo en varias ocasiones cerca de una derrota total, mientras que los dos últimos indagan en las discusiones políticas, ideológicas, morales y hasta electorales que tuvieron lugar para que finalmente se llegara a ese esbozo fundamental de la que fue la primera democracia, con un gobierno federal y tres poderes claramente delimitados. Pero, en verdad, a lo largo de toda la narración sobrevuelan interrogantes y debates sobre las virtudes y defectos de ese sistema, la coyuntura sobre la cual se lo concibió, cómo hizo para sostenerse y adaptarse a lo largo de los siglos y los desafíos que enfrenta en la actualidad. Por eso es que aparecen testimonios de toda clase de personalidades: no solo historiadores, sociólogos y analistas de todo tipo, sino también figuras políticas como Hillary Clinton, Mike Pence, Ted Cruz y Al Gore. Todos opinando sobre sucesos relevantes y sujetos históricos decisivos (de George Washington a Benjamin Franklin, pasando por Thomas Jefferson), mientras la puesta en escena apela a reconstrucciones ficcionales que no son particularmente destacables, aunque también son inevitables. Para alguien que conoce poco sobre los orígenes de la nación estadounidense, El experimento americano es una obra no solo útil sino en varios tramos apasionante, porque brinda muchísimos detalles y observaciones más que atinadas sobre un proceso histórico que ha tenido una notable influencia en otras latitudes a partir de las ideas que difundió. Más aún porque queda en evidencia, tal como indica el título, que lo que surgió en aquellos años, cuando todavía la monarquía era el sistema dominante, era un experimento disruptivo y arriesgado, un aprendizaje constante en base a pruebas y errores que abrieron una gran cantidad de escenarios posibles en un presente tan creativo como inestable. Si el análisis retrospectivo y el planteo de interrogantes es claramente lo mejor de esta miniserie, lo más flojo está en su intento de establecer paralelismos con el presente donde asoman los peligros del autoritarismo. En especial en el último capítulo, cuando Donald Trump se convierte en el blanco obvio a partir de ciertas conclusiones un tanto forzadas y en donde se nota demasiado que estamos ante una producción que está llevada adelante por los sectores más progresistas -por no decir demócratas- de los Estados Unidos. Allí, El experimento americano se deja llevar por la necesidad de dar respuestas tajantes y bajadas de línea explícitas, y pierde bastante interés. Pero, por suerte, lo que se impone es una narración donde el factor dominante es la incertidumbre y los dilemas que afrontaron un conjunto de personas que quizás no tenían del todo claro que estaban logrando algo extraordinario, que se sostendría durante dos siglos y medio, y contando.
–El experimento americano está disponible en Netflix.
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