Título original: Fuze // Origen: Inglaterra // Dirección: David Mackenzie // Guión: Ben Hopkins // Intérpretes: Aaron Taylor-Johnson, Theo James, Gugu Mbatha-Raw, Sam Worthington, Elham Ehsas, Alexander Arnold, Dragos Bucur, Saffron Hocking, Honor Swinton Byrne // Fotografía: Giles Nuttgens // Montaje: Matt Mayer // Música: Tony Doogan // Duración: 98 minutos // Año: 2025 //
5 puntos
MALAS DECISIONES
Por Patricio Beltrami
Un operativo militar para desactivar una bomba de la Segunda Guerra Mundial en el centro de Londres transcurre al mismo tiempo que el robo a un banco. Más allá de la muy buena primera mitad, donde el relato se construye sin demasiadas explicaciones a pura tensión y movimiento, Zona de riesgo le explota en las manos al director David Mackenzie. Más allá de un último tercio que acumula giros fallidos y resoluciones cuestionables, el gran problema es que la película naufraga en lo más trillado de las historias de robos y estafas. Justamente, este cúmulo de malas decisiones arrastra a los protagonistas, cuyo atractivo se diluye entre el estereotipos del villano astuto y la estrella en pose constante.
Lo mejor de Zona de riesgo se desarrolla cuando la historia se centra en la acción. A lo largo de los primeros cuarenta minutos se evidencia el virtuosismo de Mackenzie para diseñar un relato atrapante desde la tensión. Alternando entre el operativo militar y el robo al banco, los personajes y los conflictos se construyen desde el movimiento, destacando la mirada sobre el rigor profesional de los protagonistas. Con lógicas reminiscencias a Sin nada que perder del propio Mackenzie y una notable influencia de Vivir al límite de Kathryn Bigelow, el largometraje demuestra sus mejores facetas en el trabajo de la acción en dos frentes, donde la tensión escala progresivamente hasta estallar en la unificación de los conflictos. De hecho, luego se desarrolla una lograda secuencia de escape, donde se aprovechan los espacios de la ciudad para construir, con ciertas licencias narrativas, una larga secuencia de huida.
Lamentablemente, allí termina la lucidez de Zona de riesgo, ya que en adelante el relato se vuelca hacia lo más vulgar del policial y subgénero de robos. En ese orden, el juego de traiciones y dobles agentes resulta tan predecible que no logra impactar de ninguna manera, mientras que el bajo tenor de la violencia y la caracterización de mafiosos extremadamente estereotipados no se condice con el complejo mundo criminal que se desea representar. Además, en ese lapso se observan las peores facetas de los dos protagonistas, quienes hasta el momento parecían personajes tan interesantes como inteligentes: Aaron Taylor-Johnson y Theo James terminan representando a dos hombres extremadamente cancheros y superados, insoportablemente en pose de ganadores, actitud que no se condice con la tumultuosa trayectoria de ambos en la película. Sin embargo, lo peor se desarrolla en el cierre, donde se apela a un flashback innecesario y totalmente anticlimático para darle sentido a la estafa, además de unas placas presuntamente graciosas para enfatizar en lo cínico de la conclusión. A partir de esta serie de malas decisiones, Zona de riesgo pasa del virtuosismo narrativo a abrazarse a algo cercano a lo peor del cine de Guy Ritchie y de la trilogía La gran estafa de Steven Soderbergh.
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