Por Patricio Beltrami
Spider-Noir realiza una operación similar a Batman: el enmascarado al establecer la historia en la década de 1930 para aprovechar los aspectos más icónicos del policial negro. Pero mientras que en la serie animada sólo servía como excusa para jugar con las posibilidades narrativas del multiverso, esta versión de Spider-Man incorpora virtuosamente las características del subgénero para presentar un relato noir en un mundo de superhéroes. Creada por Oren Uziel, la serie transcurre en un universo donde el superhéroe La Araña lleva cinco años retirado tras haber perdido al amor de su vida. Ambientada en una Nueva York que sufre las consecuencias de la Gran Depresión, la ciudad está controlada por Silvermane (Brendan Gleeson), cuyo imperio criminal se ha afianzado gracias al contrabando de bebidas alcohólicas en la época de la Ley Seca. En este marco, el detective privado Ben Reilly (Nicolas Cage) acepta un encargo para evitar la inminente bancarrota. Al descubrir que hay otras personas con poderes, Reilly queda atrapado en una conspiración que lo obliga a volver a ser La Araña. En primera instancia, la serie cobra vuelo rápidamente al presentar una atractiva historia, independiente de la franquicia animada. Ante ello, se aferra al policial negro para componer un relato de género que suma elementos de superhéroes. Este retrato de una sociedad en decadencia gobernada por instituciones corruptas (política y policía) al servicio del hampa constituye la base del relato noir, donde un puñado de personajes tan cuestionables como defectuosos se convierten contra su voluntad en el último bastión de la justicia. Más pragmáticos que idealistas, profundamente egoístas y con una noción de la ética algo difusa, Reilly, el periodista Robbie Robertson (Lamorne Morris) y la femme fatale Cat Hardy (Li Jun Li) se abren paso a fuerza de traiciones, manipulación y traiciones. Más allá de que Prime Video y Sony hayan agregado una opción a colores, Spider-Noir se luce en blanco y negro característico del género, exaltando el juego de luces y sombras. Sin embargo, el trabajo de fotografía se complementa con un excelente abordaje desde la puesta en escena, donde los encuadres, los movimientos de cámara y la ambientación acentúan las virtudes estéticas y narrativas de la miniserie. Asimismo, la historia y los personajes crecen progresivamente a lo largo de los ocho capítulos, donde ni siquiera frente a las necesidades de lo superheroico se descuida la faceta noir, que por momentos diluye su carga dramática desde registros lúdicos de la acción y la comedia. Más allá de un homenaje al cine de monstruos algo imperfecto en Nightmare on a Gurney, Spider-Noir se respalda narrativamente en el policial negro para complejizar su historia. En ese orden, sobresale el excelente villano Silvermane, a quien Gleeson compone desde la humanidad como un hombre tan violento y peligroso como encantador y con un extraño sentido de la lealtad. A su vez, la estilizada belleza de Cat Hardy permite el desarrollo de los juegos de misterio, seducción y venganza gracias a un Cage que se pone al servicio de ello, aún sabiendo que no se puede confiar en las femmes fatale. Spider-Noir se mueve por los oscuros recovecos de una Nueva York en crisis, donde los secretos del poder se esconden entre la miseria y la marginalidad. En tanto, Spider-Man está en segundo plano principalmente por los conflictos de Reilly sobre el heroísmo, la justicia, el poder y la responsabilidad. Aunque el detective le pone el cuerpo a la acción, pese a que, con la misma autoconciencia que Roger Murtaugh en Arma mortal 4 , se da cuenta de que ya está demasiado viejo para ser la Araña.
NdR: Los ocho capítulos de Spider-Noir están disponibles en Prime Video.
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