UNA AVENTURA ESCASA
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Acaba de estrenarse Amos del Universo, nuevo intento de llevar al cine el mundo de He-Man (tanto la línea de juguetes de Mattel como las diversas encarnaciones animadas), y no viene mal -por más que sea una experiencia no precisamente agradable- compararla con la primera adaptación cinematográfica. Es que la Amos del Universo de 1987 es prácticamente su polo opuesto, no solo por su presupuesto y despliegue mucho más escaso, sino también por su elección de tonos y atmósferas, que la llevan a ser incluso mucho más fallida, a tal punto que ni siquiera califica como un objeto al cual contemplar a la distancia con algo de cariño o voluntad de diversión.
Hay un eje que une y a la vez separa a las dos Amos del Universo, que es su villano principal, que es el verdadero polo de atracción en ambos relatos. Es que si en el film de Travis Knight el Skeletor interpretado por Jared Leto -en la que es quizás la mejor actuación de su carrera, en parte porque nunca le vemos el rostro- es una caricatura hilarante, un show autoconsciente de la villanía y la maldad, que pide que nos tomemos todo el asunto en joda, el encarnado por Frank Langella en la versión de 1987 es todo lo contrario. Es otro show, pero uno que parece decirle al espectador que lo que está viendo es algo que debe tomarse seriamente, a pesar de que su máscara (que parece de cartón y tergopol) y gestualidad producen el efecto inverso. La película de Gary Goddard, de hecho, se pretende compleja narrativamente y, por más que en algunos pasajes apele a un humor ramplón, hasta intenta adentrarse en la épica, pero no cuenta con los elementos requeridos, en gran medida porque se confunde de terreno.
Es que, si pensamos la materialidad de la propiedad en la que se basa y hasta la época en la que fue realizada, la Amos del Universo de 1987 tenía todo para ser una aventura disparatada y sin culpa, además de focalizada esencialmente entre esos dos emblemas del Bien y el Mal que son He-Man y Skeletor. En cambio, las limitaciones presupuestarias se trasladan a las decisiones argumentales y de puesta en escena: como no había plata para crear una Eternia acorde a las expectativas, gran parte de la historia transcurre en la Tierra, en paisajes urbanos oscuros y sucios. Además, surge un conjunto de personajes humanos (el principal interpretado por Courteney Cox, que convengamos que está lindísima) con el objetivo de conectar la fantasía con lo terrenal que tienen escaso carisma, en un error que luego se repetiría con otras franquicias, como la de Transformers.
Encima, esta Amos del Universo comete un pecado mortal, que es el de no darle el protagonismo que corresponde a un He-Man (interpretado por un Dolph Lundgren al que se le notaba que todavía no sabía actuar y que por suerte luego evolucionó un montón) que solo aparece durante la mitad del metraje y que en varios pasajes queda perdido en el medio de otros personajes. Como luego le pasaría a Optimus Prime, es más una figura icónica, un referente que un real protagonista, porque se nota demasiado que al film le importa más lo que les pasa a los humanos cuando se descubren como parte de un asunto que un poco los supera. Ahí es donde también la historia pierde su encanto y lleva a un envejecimiento casi instantáneo de una película que era una muestra muy tangible de los problemas y contradicciones que atravesaba Cannon, un estudio acostumbrado a los proyectos de bajo presupuesto (Chuck Norris hizo con ellos sus títulos más emblemáticos) y que en sus últimos años se lanzaba a hacer cosas que estaban claramente por encima de sus capacidades. La de Amos del Universo es una película de aprendizaje fallido en todos los sentidos posibles.
Si disfrutás los contenidos de Funcinema, nos gustaría tu colaboración con un Cafecito para sostener este espacio de periodismo independiente:

