–Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
A Taylor Sheridan, que viene acumulando éxito tras éxito en el cable y el streaming, solo le faltaba conquistar la televisión abierta estadounidense y ahora lo logra con Marshals: una historia de Yellowstone, que ha sido un importante suceso en la cadena CBS, aunque acá llega a través de Paramount+. La clave para pensar esta producción creada por Spencer Hudnut y en la que Sheridan oficia de productor ejecutivo está en su mismo título: hay una intención de continuar un universo ya establecido, pero con un formato muy cercano a los procedurals, ese subgénero televisivo que sigue a profesionales llevando a cabo su labor diaria. El relato se centra entonces en Kayce Dutton (Luke Grimes), quien en el final de Yellowstone dejaba (o más bien entregaba) el rancho familiar, para así tratar de llevar una vida más tranquila y con su propia familia. Pero a los Dutton, indudablemente, los persigue la tragedia, y por eso cuando arranca la serie lo descubrimos viudo, luego de que su esposa falleciera debido a un súbito cáncer y tratando de administrar su pequeño pedazo de tierra mientras lleva adelante como puede su rol como padre. Cuando reaparece en su vida Pete Calvin (Logan Marshall-Green), un ex compañero suyo de cuando estaba en los Navy SEALs y que ahora comanda una unidad de élite de los Marshals estadounidenses, Kayce eventualmente aceptará unirse a ese grupo y trabajar como agente de la ley. Es entonces que Marshals: una historia de Yellowstone tiene un carácter individual y grupal a la vez, con Kayce como eje principal de las tensiones, pero también una galería de personajes con conflictos particulares, aunque también entrelazados entre sí. No solo Calvin, que carga con un pasado complejo vinculado a cuestiones bélicas y de paternidad no resueltas, y cuyo futuro en puesto en duda a partir del descubrimiento de una enfermedad; sino también Belle (Arielle Kebbel), que arrastra problemas económicos y personales de diversa índole; Andrea (Ash Santos), con dilemas propios de ser una novata prometedora; y Miles (Tatanka Means), que muchas veces se debate entre su pertenencia a una agencia federal y sus orígenes indígenas. A la vez, la permanencia de Thomas Rainwater (Gil Birmingham), uno de los personajes de reparto más reconocibles de Yellowstone, garantiza que ciertos temas y conflictos de la serie original se reciclen y actualicen. Por eso estamos ante una narrativa donde tiene un rol relevante el típico “caso de la semana”, pero también tópicos y atmósferas que se relacionan con un mundo ya conocido y establecido. De ahí que Marshals: una historia de Yellowstone es tanto un spinoff bastante independiente de la propiedad que le dio origen como una continuación, lo que le permite dialogar con distintos públicos: ese que busca narraciones autoconclusivas en cada episodio y desarrollos no tan profundos en los personajes, y el otro que quiere reencontrarse con un paisaje ya conocido de antemano. Kayce es la clave para esto, con sus métodos que muchas veces van por fuera de lo establecido, sus códigos de lealtad -que fusionan de forma extraña lo militar, lo familiar, lo occidental y lo indígena- y una necesidad de seguir adelante, aunque el pasado sea un lastre constante. Estas intersecciones se resumen en muchos pasajes mediante secuencias de acción que están lejos de ser una maravilla, aunque son ciertamente efectivas. Marshals: una historia de Yellowstone es un producto menor dentro de la franquicia en la que se inscribe, pero se distingue de otros compañeros genéricos (NCIS, por citar un ejemplo) a partir de su tono áspero y las tonalidades que introduce el paisaje de Montana.
-Los trece episodios de Marshals: una historia de Yellowstone están disponibles en Paramount+. Ya fue confirmada una segunda entrega.
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