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La calle del terror – Parte 2: 1978

Título original: Fear Street – Part 2: 1978
Origen: EE.UU. 
Dirección: Leigh Janiak
Guión: Zak Olkewicz, Leigh Janiak, basado en los libros de R.L. Stine
Intérpretes: Sadie Sink, Emily Rudd, Ryan Simpkins, McCabe Slye, Gillian Jacobs, Matthew Zuk, Kiana Madeira, Benjamin Flores Jr., Olivia Scott Welch, Brandon Spink, Chiara Aurelia, Marcelle LeBlanc, Eden Campbell, Ted Sutherland, Michael Provost, Drew Scheid, Jacqi Vene, Drew Scheid, Jordana Spiro, Dylan Gage, Jordyn DiNatale, Emily Brobst, Keil Oakley Zepernick, Michael Chandler, Elizabeth Scopel, Kenneth Trujillo, Ashley Zukerman, Julia Rehwald, Fred Hechinger
Fotografía: Caleb Heymann
Montaje: Rachel Goodlett Katz
Música: Marco Beltrami, Brandon Roberts
Duración: 109 minutos
Año: 2021


6 puntos


SLASHER MODE

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

La calle del terror – Parte 1: 1994 fue un arranque más que interesante para la trilogía propuesta por Netflix, aunque no llegara a consolidar un abordaje realmente original dentro del género de terror. Pero en La calle del terror – Parte 2: 1978 ya no existe la ambición de crear algo nuevo o mínimamente novedoso, como en su antecesora. En cambio, lo que se percibe es la voluntad por retomar y reproducir la tradición del slasher, además de la propia mitología presentada en la primera entrega. Eso no es necesariamente malo, aunque limite el potencial de la película ya desde su mismo planteo.

En La calle del terror – Parte 2: 1978, que es más bien una precuela, todo transcurre en un campamento de verano llamado Nightwing, donde otro habitante de Shadyside es poseído por un ansia irrefrenable de matar. A ese homicida despiadado, que opera en piloto automático y sin razón, se le enfrentan dos hermanas, Ziggy (Sadie Pink) y Cindy (Emily Rudd), que se constituyen en las típicas heroínas del slasher. Claro que no son las únicas: el film se encarga de construir toda una galería de personajes marcados por la rivalidad entre esos pueblos gemelos y a la vez antagónicos que son Shadyside y Sunnyside. Sin embargo, el gran marco argumental vuelve a ser la maldición que pesa sobre Shadyside a partir de la figura entre ominosa y temible que constituye la bruja Sarah Fier.

Al desfile de estereotipos y esquematismos que es La calle del terror – Parte 2: 1978 le cuesta despegar en los primeros minutos, pero en cuanto se desata la maldición y empieza a correr sangre, encuentra el ritmo apropiado para su narración, que utiliza de forma astuta el montaje en paralelo. Los mejores momentos nacen, precisamente, de la alternancia vertiginosa entre subtramas y personajes que están apenas distanciados espacialmente, pero que tienen desarrollos independientes. Desde ahí, el relato despliega romances trágicos, dramas familiares, choques adolescentes y hasta algunos toques de comedia, que eventualmente derivan en una confluencia predecible pero aún así efectiva. Incluso puede darse el lujo de ser más dinámico y fluido que su predecesor, al aprovechar el conocimiento previo que posee el espectador.

Claro que, cuando tiene que profundizar en la mitología creada para la trilogía, La calle del terror – Parte 2: 1978 cae en un pecado que ya se insinuaba en la primera entrega, que es el de la sobreexplicación. Hay unos cuantos pasajes donde la película se detiene en demasía a contar no solo todas las cuestiones referidas a la maldición que aqueja a Shadyside y sus habitantes, sino también los conflictos personales que sufren los protagonistas. La intención parece ser trazar una especie de retrato sociológico sobre un pueblo maldito pero también autodestructivo, al cual sus jóvenes perciben como una trampa de la cual no pueden escapar. Sin embargo, se pueden detectar varios diálogos o monólogos redundantes, que agregan poco y nada a la trama, y que hasta le quitan solidez a los dilemas que atraviesan los personajes.

Aún así, La calle del terror – Parte 2: 1978 construye un relato consistente, que retoma con habilidad la estructura de base de la primera entrega y deja todo bien armado para el cierre de la trilogía. Y que demuestra conocimiento del slasher, incluso para subvertirlo ligeramente a partir de varias matanzas que quedan fuera de campo, aunque sigan presentes los rastros sangrientos. Al fin y al cabo, lo que importa es la maldición -tanto sobrenatural como social- que pesa sobre Shadyside.

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