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Misterio a bordo

Título original: Murder mystery
Origen: EE.UU.
Dirección: Kyle Newacheck
Guión: James Vanderbilt
Intérpretes: Adam Sandler, Jennifer Aniston, Luke Evans, Terence Stamp, Gemma Arterton, David Walliams, Dany Boon, John Kani, Adeel Akhtar, Ólafur Darri Ólafsson, Luis Gerardo Méndez, Shioli Kutsuna, Erik Griffin, Sufe Bradshaw
Fotografía: Amir Mokri 
Montaje: Tom Costain 
Música: Rupert Gregson-Williams 
Duración: 97 minutos
Año: 2019


5 puntos


SANDLER Y ANISTON EN UN VIAJE A REGLAMENTO

Por Rodrigo Seijas

(@funcinemamdq)

Salvando las distancias, a esta altura de su carrera Adam Sandler ha entrado en una dinámica parecida a la de Woody Allen: todos los años tenemos garantizado un film suyo, pero el nivel de cada uno depende de las ganas que le pone al asunto. En esto tiene que ver bastante el acuerdo que tiene el actor con Netflix, que le otorga libertad para hacer lo que quiere pero también cierta obligación de cumplir con una cuota de producción. Eso lleva a que aparezcan pequeñas joyas un tanto incomprendidas como Adam Sandler: 100% fresh o La peor semana, experimentos algo fallidos como Sandy Wexler o films bastante discretos como Los doble vida o The ridiculous 6.

Lo de Misterio a bordo entra en la última vertiente, a pesar de tener su dosis de experimentación/homenaje, con una estructura que pretender fusionar la comedia matrimonial (que no de rematrimonio) con el policial de enigma y misterio al estilo Agatha Christie. El film, dirigido por Kyle Newacheck –realizador de la mediocre Game over, man!– se centra en un policía de Nueva York y su esposa (Sandler y Jennifer Aniston) cuyo matrimonio está en una clara meseta, por lo que se embarcan en un viaje a Europa para revivir un poco la relación. Por una serie de casualidades, terminan acompañando a un joven millonario (Luke Evans) a un yate, asistiendo a una tensa reunión familiar donde ocurre un asesinato. Cuando ambos quedan caratulados como los principales sospechosos, tienen que huir y resolver el misterio para limpiar su nombre.

No deja de ser paradójico que la poca energía y compromiso que le ponen Sandler y Aniston a sus papeles terminan siendo efectivos en función de sus roles como un matrimonio inmerso en la rutina. Lo que se ve es a una pareja en crisis, pero una de esas crisis moderadas, donde cada uno de los componentes ni siquiera tiene la disposición a estallar, porque a lo sumo están tan inconformes como cómodos con lo poco que tienen. Casi podría decirse que el vínculo establecido entre ambos personajes es un reflejo de las carreras de ambos actores, últimamente condenados a un lugar secundario dentro de la industria pero aún así relevante por la popularidad que tienen.

Claro que esa dinámica es más pertinente para la primera mitad del relato, donde los protagonistas son más que nada observadores de un mundo marcado por el lujo y la opulencia, al cual contemplan fascinados pero sabiendo que no pertenecen. Aún en ese tramo, la comedia solo aporta algunos chispazos de lucidez y rara vez sale de los lugares comunes. En cuanto ocurre el asesinato y el film empieza a coquetear con la estructura de thriller de misterio, queda en evidencia que no hay muchas ideas detrás de la narración y que los únicos recursos son algunos chistes y vueltas de tuerca sin mucha inventiva.

En sus minutos finales, Misterio a bordo cae en el típico problema de estos productos hechos a reglamento: se convierte en previsible incluso cuando quiere sorprender. Algo parecido les sucede a Sandler y Aniston, que hacen todo de taquito y nunca se sacuden la modorra. Ni siquiera los bellos paisajes –o la cita explícita a Asesinato en el Expreso de Oriente– sacan a Misterio a bordo de la rutina.

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