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Cyrano mon amour

Título original: Edmond
Origen: Francia
Dirección: Alexis Michalik
Guión: Alexis Michalik
Intérpretes: Thomas Solivéres, Dominique Pinon, Olivier Gourmet, Guillaume Bouchède, Alexis Michalik, Simon Abkarian, Blandine Bellavoir, Mathilde Seigner, Antoine Duléry, Clémentine Célarié, Alice de Lencquesaing
Fotografía: Giovanni Fiore Coltellacci
Montaje: Anny Danché, Marie Silvi
Música: Romain Trouillet
Duración: 112 minutos
Año: 2018


8 puntos


MICHALIK, ROSTAND Y CYRANO: CINEASTA, DRAMATURGO Y PERSONAJE

Por Franco Denápole

(@mdenapole)

La ópera prima del actor francés Alexis Michalik narra el proceso de creación de la famosa obra de teatro Cyrano de Bergerac, del dramaturgo Edmond Rostand. Su autor, en la versión de Michalik, concibe a Cyrano como su alter ego. Este es un personaje trágico, héroe romántico basado en un poeta real, fallecido 242 años antes del estreno de la obra. Cyrano de Bergerac es representante del denominado “neorromanticismo”. Cyrano se encuentra enamorado de una mujer llamada Roxane, pero teme que no le corresponda. ¿La razón? Su fealdad, específicamente su nariz desproporcionadamente grande. El poeta decide expresar sus sentimientos usando el nombre de un amigo suyo, Christian, más bello, pero sin el mismo talento con las palabras. Roxane se enamora de los versos de Cyrano pensando que se trata de Christian. Los dos amigos se van a la guerra y Christian muere, implorando a Cyrano que diga la verdad a Roxane. Pero Cyrano no lo hace hasta luego de 15 años cuando, en una de sus visitas al convento en el que Roxane se ha retirado para hacer luto, un trozo de madera le cae encima provocándole una herida mortal en la cabeza. El poeta finalmente muere confesando su amor secreto en manos de Roxane.

La obra de teatro implica un gesto de romantización de una figura histórica, cuya vida se utiliza como base para construir un relato de amor platónico con un desenlace trágico. Michalik lleva adelante una segunda romantización o romantización en segundo grado, esta vez no del poeta Cyrano sino de Edmond Rostand, el autor de la obra. La tesis de Cyrano como alter ego de Rostand le permite al director hacer de su película una obra romántica en la que un poeta lucha por recuperar su inspiración perdida y alcanzar el éxito en la escena artística. Michalik emula un lugar de enunciación propio de los musicales festivos, al estilo de otras películas como Moulin Rouge o Chicago. Se trata de una exploración interesante, puesto que, en el género cinematográfico del musical, descansa un espíritu que posee conexiones con la estética romántica; un espíritu celebratorio y vital, íntimamente vinculado con el baile como expresión del júbilo de vivir y del amor como el gran canalizador de esa energía. Los personajes de Michalik no bailan con el cuerpo sino con la lengua, imaginando versos por el puro placer de la sonoridad del lenguaje, y corretean de aquí para allá, con un vigor que los desborda.

Sin embargo, mientras que Cyrano de Bergerac, la obra de teatro, es una tragedia, la película de Michalik no lo es. La trama principal de Edmond Rostand buscando la inspiración es unida a la historia del amor trágico del Cyrano personaje: el director imagina a Rostand como Cyrano, a su mejor amigo Léonidas como Christian y a la novia de Léonidas, Jeanne, como Roxane. Los límites entre ficción y realidad se confunden, así también como el orden en el que ficción y realidad suceden. Michalik escribe la relación entre Edmond, Léonidas y Jeanne inspirado por la relación entre Cyrano, Christian y Roxane; luego en el primer plano ficcional (la película), Edmond hace el movimiento inverso: se inspira en sus intercambios con Jeanne y Léonidas para escribir a Cyrano, Christian y Roxane. Una verdadera confusión generada por la proyección de distintas capas de ficcionalidad dentro de otras: el dramaturgo deviene personaje, el personaje dramaturgo y, por qué no, el director de cine también se vuelve dramaturgo. Porque, en este esquema, Edmond puede ser leído como el alter ego de Michalik (que además de dirigir escribe), así como lo fue el Cyrano de carne y hueso, de Edmond. Uno podría imaginar una proyección inacabable, similar a cuando se enfrentan dos espejos, en la que un escritor haya utilizado a Michalik como alter ego en una obra que nos tiene a todos como actores representando un rol.

Sin embargo, estas apreciaciones son más una divagación que una lectura estrictamente centrada en la película del director francés. Hablan, sí, de que el relato es exitoso a la hora de captar la atención y la imaginación. En todo caso, un elemento que no termina de vincularse bien con el resto del largometraje es el personaje de Monsieur Honoré, el tabernero negro que sugiere el título de la obra a Edmond. Y es que Monsieur Honoré, hombre extremadamente culto, noble y distinguido es un personaje que más cabría esperarlo en una obra de teatro neorromántica de fines de Siglo XIX que en la película de Michalik, poblada de personajes con dudas y altos y bajos. Tal vez el personaje fue pensando como un guiño, otro de los tantos gestos de intertextualidad de la película.

Sea como sea, Cyrano mon amor es una comedia divertida, con un espíritu celebratorio que aúna la actitud romántica de la obra en la que está basada, pero convierte la tragedia en comedia, refiriendo a un ritmo y a una estética propios del género del musical cinematográfico.

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