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Dying of the light

dying posterTítulo original: Dying of the Light
Origen: EE.UU.
Dirección: Paul Schrader
Guión: Paul Schrader
Intérpretes: Nicolas Cage, Anton Yelchin, Alexander Karim, Irène Jacob, Adetomiwa Edun, Aymen Hamdouchi, Claudius Peters, Robert G. Slade, Geff Francis, Silas Carson, Serban Celea, Derek Ezenagu
Fotografía: Gabriel Kosuth
Montaje: Tim Silano
Música: Frederik Wiedmann
Duración: 94 minutos
Año: 2014


6 puntos


Un film que es (y no es) de Paul Schraeder

Por Rodrigo Seijas

(@fancinemamdq)

dying unoAclaremos algo desde un principio: Dying of the light no es una película de Paul Schraeder, aunque figure en los créditos como director o guionista. El mismo negó toda vinculación con la película, lo mismo que ambos protagonistas, Nicolas Cage y Anton Yelchin, y uno de los productores ejecutivos, nada menos que Nicolas Winding Refn, realizador de Sólo Dios perdona y Drive. Es que la compañía productora, Grindstone Entertainment Group (una división de Lionsgate), según declaró el mismo Schraeder, le arrebató el film, reeditándolo y modificándolo -incluso en aspectos técnicos como la banda sonora y la fotografía- sin su consentimiento.

Aún así, se perciben en Dying of the light unos cuantos rasgos que siempre han distinguido a Schraeder como cineasta. Es que el film pareciera pensar el mundo como si aún continuara la Guerra Fría, como si las mismas reglas de ese momento aún se siguieran sosteniendo, con su historia centrada en Evan Lake, un agente de la CIA al borde del retiro (un Nicolas Cage eternamente desatado), que al enterarse de que una devastadora enfermedad amenaza su carrera y, principalmente, su legado, se embarca en una misión clandestina para capturar y asesinar a un terrorista que lo torturó casi hasta la muerte hace unos años y que se presume ha muerto. Para Lake todo sigue siendo un juego de apariencias, aunque detrás de toda la red de mentiras que parece invadir al eterno combate entre las agencias de inteligencia y las células terroristas, sigue habiendo un halo de honestidad pautado por el profesionalismo y el sentido del deber. A través del protagonista, se va haciendo evidente la reflexión del realizador sobre lo que implica hacer cine en la actualidad: una voluntad inquebrantable por aferrarse a marcos genéricos propios del clasicismo, aún en contra de nuevas convenciones introducidas por el mercado del entretenimiento actual.

Claro que también tenemos la marca del estudio, que busca transformar a Dying of the light en un thriller más dinámico y directo en su premisa, a través de una banda sonora que privilegia los acordes más obvios para generar suspenso y tensión, más un reconversión en post-producción de la iluminación que deja de lado toda la ambigüedad, oscuridad y potencia lumínica que habían planificado inicialmente Schraeder y su director de fotografía Gabriel Kosuth. En consecuencia, la película pierde energía y capacidad de sacudir la percepción del espectador, porque nunca queda del todo clara su apuesta, quedándose en la ambivalencia, sin explotar del todo en su violencia pero tampoco completando su tono pausado, melancólico y hasta romántico que insinúa en varios pasajes.

Aún así, Dying of the light tiene unos cuantos momentos sumamente interesantes por la manera en que piensa el comportamiento de tipos como Lake -adictos a su laburo hasta el último aliento, chocando y reflejándose con las jóvenes generaciones, en este caso representadas por el personaje de Yelchin-, pero además por cómo se aferra a una forma de hacer cine que en el nuevo milenio parece estar casi acabada. El final, por ejemplo, es un duelo dialéctico, intelectual y físico de dos hombres -Lake y el terrorista que ha perseguido durante años- que representan las dos caras de una misma moneda. Ambos enfermos, ambos derrotados -profesional y físicamente-, ambos hombres del pasado. Ahí también transita la sombra de un cineasta que se sabe representante de un pasado, de otro tiempo que ya pasó, alguien en peligro de extinción.

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