Título original: Tom Clancy´s Jack Ryan: Ghost War // Origen: EE.UU. // Dirección: Andrew Bernstein // Guión: Aaron Rabin, John Krasinski, basado en los personajes creados por Tom Clancy // Intérpretes: John Krasinski, Sienna Miller, Khalid Laith, Diarmuid de Faoite, Douglas Hodge, Wendell Pierce, Michael Kelly, JJ Feild, Betty Gabriel, Max Beesley, Dominic Mafham, Billy Clements, James Wright, Geneva Meredith, Adam Bernett // Fotografía: Arnau Valls Colomer // Edición: Jason Ballantine // Música: Ramin Djawadi, William Marriott // Duración: 105 minutos // Año: 2026 // Plataforma: Prime Video
5 puntos
UNA MISIÓN MÁS
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
La primera temporada de Jack Ryan estaba bien, aunque estaba lejos de descollar. La segunda era espantosa desde su esquematismo, pero la tercera redimía un poco a la serie. La cuarta y última mantenía el nivel de su predecesora, pero a la vez transmitía la sensación de que esta encarnación televisiva ya no tenía mucho más para ofrecer. Eso se confirma con Jack Ryan: Guerra Fantasma, una película que no llega a tener real propósito más allá de sacarle un poco más de jugo a la propiedad.
Convengamos que el arranque del film de Andrew Bernstein tiene su atractivo, con un tiroteo en el que no quedan claros los objetivos de las fuerzas en oposición, pero en el que ya se deja en claro que lo que se juega es importante. Luego entra en escena Ryan (John Krasinski, también coautor del guión), que está retirado de la CIA y dedicado a ser, tal como él dice, un “civil”, hasta que su antiguo jefe, James Greer (Wendell Pierce), ahora subdirector de la agencia, lo recluta para una misión de la que no le brinda detalles. ¿Por qué Greer lo eligió a Ryan? Por…razones. ¿Por qué Ryan acepta? Por…razones. La cosa es que Ryan terminará metido en un asunto bastante turbio relacionado con el pasado de Greer, en el que llevó a cabo acciones clandestinas y hasta ilegales, y frente a un enemigo que siempre parece estar un paso adelante.
Si bien es cierto que la forma en que la película mete a Ryan en el conflicto roza lo absurdo, había algunos elementos en la trama a priori revulsivos y con un dejo de interés. Particularmente en cómo coloca a Greer en un lugar moralmente problemático, enfrentado a un villano que supo ser compañero y que sigue convencido de que las cosas deben hacerse como antes, sin preocuparse por ningún límite; mientras que Ryan se encuentra con una agente del MI6, interpretada por Sienna Milller, que es inicialmente potente a partir de cómo su ideología y valores. Pero todo eso se va deshilachando progresivamente, con un relato que no puede evitar en toda clase de obviedades, tanto desde lo argumental como desde lo político. Jack Ryan: Guerra Fantasma acumula giros que se ven venir a la distancia y que van de la mano de monólogos y diálogos pomposos sobre la ética en la lucha contra el terrorismo, las lealtades profesionales, las decisiones geopolíticas y un largo etcétera. En el medio, cualquier evento o personaje que podía amagar con ser disruptivo, queda condenado al esquematismo y lo predecible. Para peor, si bien la película quiere venderse como vibrante, solo en una persecución automovilística en Londres -totalmente arbitraria, por cierto- logra adquirir verdadero nervio y tensión.
En los minutos finales, Jack Ryan: Guerra Fantasma deja que todo lo turbio se limpie mediante un nuevo tiroteo, mucho más rutinario y en el que la sensación de peligro es casi nula. Así, devuelve a Ryan y al universo que habita a un lugar demasiado cómodo y simplista. Esta operación entre moralista y tranquilizadora es la culminación de un film que se parece demasiado a un capítulo largo y estirado con algo más de despliegue logístico y algunos nombres un poco más importantes en el reparto. Lo que se dice una película discreta e innecesaria, hecha por compromiso y a las apuradas.
Si disfrutás los contenidos de Funcinema, nos gustaría tu colaboración con un Cafecito para sostener este espacio de periodismo independiente:

