Título original: Hoppers // Origen: EE.UU. // Dirección: Daniel Chong // Guión: Jesse Andrews // Voces originales: Piper Curda, Bobby Moynihan, Jon Hamm, Meryl Streep, Dave Franco, Nichole Sakura, Eduardo Franco, Sam Richardson, Kathy Najimy, Isiah Whitlock Jr., Vanessa Bayer, Ego Nwodim, Melissa Villaseñor // Fotografía: Jeremy Lasky, Ian Megibben // Montaje: Axel Geddes // Música: Mark Mothersbaugh // Duración: 104 minutos // Año: 2026 //
8 puntos
ALGÚN LUGAR ENCONTRE(MOS)
Por Mex Faliero
Si bien Pixar nunca dejó de ser Pixar, es indudable que de Coco a esta altura ha perdido la capacidad para construir historias perdurables en el gran público. No estamos hablando necesariamente de malas películas, pero sí de películas que no tienen la fuerza iconográfica de su época de oro (esa a la que vuelve cada tanto en incontables secuelas). Sin embargo, Hoppers: operación castor recupera mucho de ese humor alocado de los buenos tiempos, la inventiva visual y narrativa de otrora, pero especialmente la capacidad para construir discurso en múltiples niveles de lectura. Y lo hace con algunas decisiones visuales sorprendentes y, sobre todo, con esa sabiduría tan propia de decir cosas sin relegar nunca la aventura. Porque Hoppers puede ser vista como una comedia de acción sobre un conflicto medioambiental, una película política con un discurso claro sobre la necesidad de cuidar el medio ambiente y su relación con la humanidad, pero también una más compleja acerca de cómo determinadas posturas irreductibles, por más que estén sostenidas en causas justas, precisan de un interlocutor integrado al debate y no expulsado a pura prepotencia. A la esperable corrección política, Hoppers le suma una complejidad tal vez inesperada.
La primera gran idea ya estaba en el tráiler y es, además, un gran chiste que encuentra profundidad en el resto del film de Daniel Chong. Mabel, la protagonista, es una joven idealista y activista ambiental, pero que no encuentra mucho soporte en la comunidad que habita. Mabel es contestataria y tiene ideas fuertes (y se integra a esa línea de jóvenes entusiastas y solitarios de Pixar como los de Coco, Red o Elio), amparada en una discursividad que encuentra su lógica en el debate medioambiental instalado mediáticamente. En el tráiler podíamos ver a Mabel ya como castora (la película imagina una tecnología similar a la de Avatar, pero que no es la de Avatar -otro gran chiste-, con la que logra transmutar su conciencia en un robot con aspecto de animal) tratando de impedir que un oso se coma a otro castor. Pero mientras ella le carcome la conciencia al pobre oso, el castor convertido en almuerzo acepta su destino para sostener la pirámide alimenticia. Es la primera fricción con la que Hoppers somete a Mabel, cuyo voluntarismo generará más problemas que soluciones. Lo mismo sucederá en la relación de la protagonista con el alcalde del lugar, un político muy popular que, para terminar una autopista, debe someter a los animales al éxodo de la laguna que habitaban. Ese lugar, entonces, será el campo de batalla de los personajes y de las varias ideas que Hoppers arroja disimuladamente mientras apuesta con enorme efectividad a la comedia alocada y la aventura. Y sepan que es una de las películas más alocadas de Pixar, especialmente en su último acto (usando incluso recursos del cine de terror) y en la inolvidable secuencia en la autopista que hace recordar a esa gran secuencia final de Buscando a Dory.
La complejidad también se posa sobre la mirada en Hoppers, que aplica sutiles cambios en la animación según el punto de vista desde donde son vistos los animales: cuando los ven los humanos, sus ojos inexpresivos y su tonalidad opaca les da un carácter deshumanizado, que no se corresponde con el colorido y la expresividad que tienen cuando Mabel los mira desde su disfraz de castor. En todo caso, la película es como una sucesión de espejos donde la sociedad humana se refleja en la sociedad animal, que tiene a la vez sus propias reglas sostenida en rituales y tradiciones, e incluso distante de las necesidades del discurso medioambiental. Los animales son animales y no son necesariamente como los humanos quieren que sean. A su manera, Hoppers es una película que busca los mismos objetivos de determinados activismos, pero corriéndose de los lugares comunes de la corrección política y de la seguridad de los discursos. De ahí -también- que los villanos no sean tanto aquellos personajes que se equivocan desde las buenas intenciones, sino los que aún desde el lugar correcto buscan imponer verdades que terminan eliminando cualquier oposición o discurso contrario. “Vos estás ahí y yo estoy acá. Vamos a tener que encontrar una solución”, palabra más palabra menos le dice el alcalde Generazzo a Mabel una vez que se resuelven los conflictos.
En tiempos de discursos altisonantes y griteríos varios, Hoppers encuentra con gran inteligencia y sin hipocresía alguna puntos de encuentro, lugares en el que todas podamos convivir aún desde las diferencias: como Mabel y Jorge (hermoso personaje) en la última y conmovedora imagen de la película, conversando a través del celular sobre la roca que la protagonista usaba con su abuela. Es un poco idealista, pero nunca ingenuo. Y, en todo caso, está representado con amor por el movimiento y la inventiva de la animación, y el poder evocativo de las películas que saben latir en nuestro interior.
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