Título original: Caught stealing // Origen: EE.UU. // Dirección: Darren Aronofsky // Guión: Charlie Huston, basado en su propio libro // Intérpretes: Austin Butler, Zoë Kravitz, Matt Smith, Regina King, Liev Schreiber, Vincent D´Onofrio, Bad Bunny, Griffin Dunne, Dominique Silver, Shaun O´Hagan, Action Bronson, George Abud, Nikita Kukushkin, Yuri Kolokolnikov, Tenoch Huerta // Fotografía: Matthew Libatique // Edición: Andrew Weisblum // Música: Rob Simonsen // Duración: 105 minutos // Año: 2025
5 puntos
LECCIONES DE VIDA
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
El trailer de Atrapado robando es bastante engañoso: quiere vender a la película como una comedia policial, cuando en verdad su tono dominante termina siendo bastante amargo y hasta por momentos trágico. Pero claro, había que tener en cuenta que, si teníamos detrás de cámara a Darren Aronofsky -un realizador que suele pasarse de solemne y que, salvo excepciones, privilegia los manierismos visuales por sobre el desarrollo tangible de los personajes-, era difícil que lo hilarante o lúdico fueran los factores que finalmente se impusieran.
Se puede pensar a Atrapado robando como uma road-movie, como un viaje interior por parte del protagonista, mientras le toca emprender otro viaje, literal y forzado, por el submundo criminal de la Nueva York de finales de los noventa, esa donde empezaba a irrumpir la doctrina de seguridad de Rudolph Giuliani. Ese protagonista es Hank (Austin Butler), un joven que pudo tener una gran carrera como beisbolista, pero que fue interrumpida por un accidente automovilístico, y que está bastante conforme con una existencia rutinaria marcada por su trabajo como barman, un noviazgo sin grandes compromisos con una enfermera (Zoë Kravitz) y dosis importantes de alcohol. Esa tranquilidad se verá interrumpida por su vecino punk (Matt Smith), quien sale en un viaje de emergencia para cuidar a su padre enfermo y le deja su gato Bud, y algo más: un objeto tras el que están varios grupos criminales. A partir de ahí, sin comerla ni beberla, Hank se verá metido en un sinfín de problemas: lo golpearán brutalmente, lo perseguirán, lo inculparán de crímenes que no cometió y su vida estallará en pedazos. Por eso no le quedará otra que esquivar las balas, averiguar realmente qué está pasando y adaptarse a unas circunstancias donde todo es cuesta arriba.
Si la primera media hora, donde se despliega el mundo apacible que habita Hank, es relajada y ligera, cómica incluso cuando empiezan a asomar los problemas, hay un giro abrupto, que involucra una muerte, que marca un punto de quiebre en el tono que maneja la película. A partir de ahí, Atrapado robando entra en una espiral de oscuridad para el personaje de Hank, que ve como todo a su alrededor se derrumba y que las muertes se suceden con prisa y sin pausa. Hay, indudablemente, un acercamiento al policial negro a partir de cómo se indaga en las consecuencias de acciones e inacciones del protagonista, de conductas pasadas que se continúan en el presente y que empiezan a tener repercusiones cada vez más dramáticas. Aronofsky, apoyándose en el guión de Charlie Huton (basado en su propia novela), busca configurar un cuento moral, de aprendizaje a las piñas y tiros, aunque lo cierto es que, a medida que pasan los minutos, todo es cada vez más moralista, hasta acercarse a la moralina.
Se podría decir que ese moralismo está algo disuelto por las secuencias en las que el film apela a la comedia física, a instancias dominadas por hechos absurdos que repercuten tanto en Hank como en el resto de los personajes. También por la velocidad que Aronofsky le imprime a la puesta en escena, plegándose a las corridas de su protagonista o los estallidos de violencia. Pero lo cierto es que esa comicidad no termina de cuajar adecuadamente con las atmósferas dramáticas y las sentencias de algunos personajes, como el interpretado por Kravitz, además de algunos pasajes donde la película se detiene para explicitar su tesis sobre el mundo, que obliga al pobre Hank a auto juzgarse frente al espectador. Quizás esto suceda porque Atrapado robando es de esa clase de películas que no se conforman con ser un exponente de un género determinado (en este caso, el policial), sino que quieren algo más relevante y darnos lecciones de vida mediante parafernalia discursiva y chiches audiovisuales. Una pena que Aronofsky no haya entendido que con hacer un buen policial ya era más que suficiente.
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