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Ella dijo

Título original: She said
Origen: EE.UU. 
Dirección: Maria Schrader
Guión: Rebecca Lenkiewicz, basado en el libro de Jodi Kantor y Megan Twohey
Intérpretes: Carey Mulligan, Zoe Kazan, Patricia Clarkson, Andre Braugher, Jennifer Ehle, Angela Yeoh, Maren Heary, Sean Cullen, Anastasia Barzee, Keilly McQuail, Emma O´Connor, Justine Colan, Elle Graham, Rand Faris, Leah Kreitz, Zach Grenier, James Austin Johnson, Ashley Judd, Samantha Morton, Gwyneth Paltrow
Fotografía: Natasha Braier
Montaje: Hansjörg Weißbrich
Música: Nicholas Britell
Duración: 129 minutos
Año: 2022


6 puntos


LA SOBRIEDAD COMO PISO Y COMO TECHO

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

El caso Harvey Weinstein fue y es decisivo para entender el movimiento woke y las formas discursivas y laborales que surgieron en Hollywood en los últimos años. Su impacto fue, para empezar, doble: no solo porque estábamos hablando de uno de los productores más poderosos en la industria -alguien capaz de inclinar la balanza en la lucha por los Oscars en base a lobby e intuición artística-; sino también por un modo de accionar indudablemente sistemático y caracterizado por las amenazas, silenciamientos legales y complicidades en diversos estamentos de poder. de ahí que caía de maduro que esa historia iba a ser llevada a la pantalla grande y eso es lo que procura Ella dijo, con resultados aceptables, pero lejos de ser maravillosos.

Ya el título es un indicador tanto de la posición como del dilema que afrontan Megan Twohey (Carey Mulligan) y Jodi Kantor (Zoe Kazan), las dos periodistas del New York Times encargadas de la investigación de los abusos perpetrados por Weinstein. Es decir, cómo probar, con evidencias tangibles, la veracidad de lo que afirman una sumatoria de individualidades, mientras va quedando claro que esa conjunción de narraciones terribles conforma un todo creíble, al que hay que respaldar frente a un poder opresivo casi como un deber moral. El film de Maria Schrader refleja esto con una puesta en escena sobria y medida, cuyo referente inmediato es En primera plana, aquella potente película ganadora del Oscar sobre la investigación periódica que destapó los abusos sistemáticos perpetrados por integrantes de la Iglesia Católica en Boston.

Sin embargo, si la reivindicación del profesionalismo que hacía la película de Tom McCarthy se sustentaba en arcos dramáticos hábilmente delineados, no sucede lo mismo con las protagonistas de Ella dijo. Nunca terminamos de conocer del todo a Megan y Jodi, por más que el relato se esfuerce en describir los conflictos personales, éticos y laborales que las atraviesan. Quizás eso se deba a que la narración cumple con esa tarea casi de manera burocrática, sin establecer lazos sólidos entre lo particular y lo general. Eso se puede apreciar, por ejemplo, con la depresión postparto que afecta a Megan, la cual es mostrada casi como un dato de color y no como algo que define o condiciona sus circunstancias y apreciaciones. Eso lleva a que sean más destacados algunos personajes secundarios, como el director del periódico, interpretado por un perfecto Andre Braugher.

Es entonces que los puntos fuertes de Ella dijo están en lo procedimental, en esa pesquisa donde la información va surgiendo de a poco, casi a tirones, con altas y bajas. Hay que agradecer que la narración no se regodea en el horror de las historias de acoso y abuso, aunque no eluda las descripciones crudas desde la oralidad. En las exposiciones y revelaciones -varias veces acompañadas por imágenes de los espacios vacíos donde tuvieron lugar los hechos-, en los diálogos casi en voz baja, es donde se va delineando ese monstruo que era “Harvey”, como casi todos lo aluden. El pasaje donde esto queda más patente es una conversación entre Jodi y una ex empleada de Weinstein -una breve, pero estupenda aparición de Samantha Morton-, que adquiere tintes escalofriantes y donde el film se acerca al género de terror con una frialdad casi clínica, que no deja de ser pertinente.

En Ella dijo se nota la intención de no caer en el panfleto y, a la vez, cumplir con ciertos parámetros de la agenda woke, que es proclive a sacar conclusiones facilistas, donde todo pasa por el género y no por otras cuestiones subyacentes. Ese delicado equilibrio lo consigue mediante la sobriedad previamente mencionada, que la deja en una posición algo tibia. De hecho, llama la atención cómo el film apenas sobrevuela el hecho de que el accionar de Weinstein era el emergente de una cultura artística violenta, déspota e hipócrita, donde todavía hoy se naturaliza distintas clases de abusos, no solo sexuales. Quizás se deba a que Ella dijo luce más preocupada por arribar a un cierre optimista, de liberación para todas las mujeres abusadas, lo cual le lleva a omitir la persistencia de otras oscuridades.


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