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Recapitulación de Homeland: Prisoners of war (final de la serie)

Por Rodrigo Seijas

(@funcinemamdq)

ATENCIÓN: SPOILERS

Terminó Homeland y lo hizo manteniendo la coherencia (muchas veces incoherente) de sus personajes. Terminó Homeland y lo hizo a su manera, para bien y para mal: con un gran dinamismo, algunas secuencias de extrema tensión y varios baches narrativos, que se apoyaron en un verosímil algo endeble pero ya largamente aceptado por los espectadores. Terminó Homeland y lo hizo recuperando plena centralidad para sus dos grandes protagonistas: Carrie y Saul, un dúo armado a partir de elementos paterno-filiales, maestro-alumna y hasta vagamente románticos.

No dejó de llamar la atención la forma en que arrancó Prisoners of war: trayendo de vuelta el video grabado por Brody en la primera temporada, antes de su atentado fallido, donde dejaba en claro su juramento como Marine de proteger a los enemigos de su país, sean extranjeros o domésticos. Es un retorno a los orígenes de la serie que al mismo tiempo anticipan los actos de Carrie, que implican una brutal traición a Saul: todos los minutos donde se muestran cómo ella le tiende una trampa, envenenándolo y dejándolo a merced de unos agentes rusos son de una tensión extrema. Realmente llegamos a creer que a Saul le llegó la hora, más cuando le suelta un “fuck you” a una Carrie que le ruega que suelte el nombre de su agente encubierta, en una escena que rememora bastante a una de varias temporadas atrás.

Sin embargo, Saul vive para contarla, a partir de un par de decisiones un tanto manipuladoras y desde ahí Prisoners of war entra en su tramo más problemático. Hay un viaje llamativamente veloz de Carrie a Israel; un nuevo engaño en el que la víctima esta vez es la hermana de Saul; una entrevista con dos periodistas que Saul le pidió a Wellington que la organizara pero a la que no puede asistir; y el nombre de la agente que finalmente llega a Gromov. Todo parece un poco tirado de los pelos, pero ahí es donde surge nuevamente la capacidad de la serie para encontrar vías de escape dramáticas: el auto-sacrificio de Anna Pomerantseva, esa profesora de inglés que supo transformarse en un verdadero dolor de cabeza para los rusos, es de una nobleza definitivamente conmovedora, una escena que pinta al personaje de cuerpo entero, además de su vínculo con Saul.

Pero Prisoners of war, en un narración con varios giros, se reserva una nueva vuelta de tuerca en sus últimos minutos, luego de una huida a las apuradas de Carrie y Gromov cuando se enteran que Anna está muerta y que seguramente la contrainteligencia israelí esté ya al tanto de sus andanzas. Hay un salto de dos años y vemos a Carrie en Moscú como fiel compañera de Gromov, aprestándose a celebrar un logro suyo. Esa meta alcanzada es la publicación de un libro suyo cuyo título lo dice todo: Tiranía de secretos: por qué tuve que traicionar a mi país. Está dedicado a su hija, “con la esperanza de que algún día entienda”. Sin embargo, no todo es tan lineal: al mismo tiempo, una copia de ese libro llega a manos de Saul, pero a través de un correo que le recuerda sus antiguos días de espía en la Berlín de la Guerra Fría. Escondido en el paquete hay un mensaje sobre las potenciales debilidades de un sistema de misiles que Rusia le vendió a Turquía e Irán. Carrie ha vuelto al ruedo, esta vez como doble agente, con Saul como única conexión. Los caminos de ambos vuelven a unirse, ninguno puede dejar (voluntaria o involuntariamente) el oficio del espionaje. Se necesitan mutuamente, solo se definen por sus acciones y van a seguir haciendo de las suyas hasta el final, que no deja de ser abierto.

El último plano (cortesía de la directora Lesli Linka Glatter, también productora ejecutiva de la serie) es muy bello, con un gran uso de la luz reflejada en el rostro de Carrie, y Homeland termina de forma tan vital como melancólica, dejándose llevar por la atmósfera del jazz, otro gran leitmotiv de sus primeras temporadas. Ya vendrá el tiempo del balance general (además de reconocer la labor de Claire Danes y de rendir pleitesía a Mandy Patinkin), pero la serie redondeó una última temporada a la altura de su legado y Prisoners of war fue una buena muestra de ello.

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