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Qué será del verano

Título original: Ídem
Origen: Argentina
Dirección: Ignacio Ceroi
Guión: Mariana Lia Martinelli, Ignacio Ceroi
Testimonios: Charles Louvet, Mariana Lia Martinelli, Ignacio Ceroi
Cámara: Charles Louvet, Mariana Lia Martinelli, Ignacio Ceroi
Montaje: Hernán Rosselli, Ignacio Ceroi
Sonido: Hernán Biasotti
Duración: 86 minutos
Año: 2021


6 puntos


DE HISTORIAS E IMÁGENES

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

El cine argentino sigue exprimiendo una senda documental donde irrumpen con fuerza aspectos ficcionales que muchas veces tienen un fuerte índole íntimo y personal, para bien y para mal. Es el caso de Qué será del verano, de Ignacio Ceroi, que viene de pasar por la Berlinale y el BAFICI, donde se consagró como el mejor largometraje de la competencia argentina. Y que muestra, nuevamente, tanto las potencialidades como limitaciones de un formato al que aporta algunos rasgos -mínimos- de inventiva.

Hay algo nacido de la casualidad -al menos en la apariencia de su premisa- que le juega a favor a la película. El relato parte de un viaje: el del propio Ceroi a Francia, que lo lleva, con su vocación de cineasta, a comprar una cámara usada para retratar las vicisitudes que va viviendo y construir una especie de diario de viaje. Al abrir la cámara, descubre que han quedado guardados en la memoria del dispositivo las grabaciones de su anterior dueño, un tal Charles, de Montpellier. A partir de allí, ambos comienzan a intercambiar cartas y, en esa relación epistolar, va surgiendo el guión del film enlazado con el hallazgo audiovisual, donde se exploran y reflexionan sobre una multiplicidad de temas vinculados a los lazos íntimos, los recorridos personales, las amistades y los conflictos políticos y bélicos.

Esos factores azarosos le permiten a Ceroi recurrir a la arbitrariedad, pero para bien, como una vía para explotar desde la imaginación y la creatividad todo lo que pueden dar las imágenes y su confluencia con las historias que surgen en las cartas. De ahí que en Qué será del verano haya unos cuantos pasajes marcados por lo lúdico, además de lo poético, una libertad infrecuente que lo aleja del cálculo y previsibilidad que suele caracterizar a mucho cine festivalero. La película no solo se permite jugar con una diversidad de tonalidades y atmósferas, sino también de géneros, asimilando distintas narrativas: la road-movie, el relato de crecimiento, la aventura y hasta el alegato político. Allí, en esa imprevisibilidad y diversidad, es donde encuentra su costado sin duda más estimulante.

Claro que, en ese rearmado experimental de las imágenes y en las conexiones con aspectos personales, Qué será del verano no puede evitar profundizar, a medida que se acumulan los minutos, en un tono progresivamente autoindulgente y hasta ombliguista. Por momentos, hasta pareciera que Ceroi -particularmente desde el tono monocorde de la voz over– solo está narrando para sí mismo, sin tener en cuenta a un posible espectador, o que reclama una excesiva complicidad, una aceptación de cada guiño subjetivo. Eso va conduciendo a una pérdida del impacto inicial y a cierto agotamiento de la estructura estética y narrativa, que en los minutos finales se muestra algo agotada, como si el experimento solo resistiera algo más de una hora y no los casi noventa minutos que termina teniendo. Aún así, Qué será del verano es una película con innegables trazos interesantes, que muestran a un realizador con una gran habilidad para reformular los significados y resonancias de las imágenes y las palabras.


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