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Cadáver exquisito

Título original: Ídem
Origen: Argentina
Dirección: Lucía Vassallo
Guión: Lucía Vassallo, Sebastián Cortés
Intérpretes: Sofía Gala Castiglione, Nieves Villalba, Rafael Spregelburd, Nicolás García, Lola Banfi, Lorena Vega, Analía Couceyro, Agustín Vasquez Corbalán, Santiago Gobernori
Fotografía: Fernando Marticorena
Montaje: Martín Blousson
Música: Natalia Spinner
Duración: 88 minutos
Año: 2022


5 puntos


DEMASIADA FRIALDAD

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

En su debut en la ficción, Lucía Vassallo (que venía de dirigir los documentales La cárcel del fin del mundo y Línea 137) hace una apuesta ciertamente arriesgada: un relato que se propone incomodar desde un tratamiento sobre lo corporal emparentado con lo obsesivo y lo patológico, de la mano de lo sexual y lo identitario. Sin embargo, Cadáver exquisito termina siendo un film donde los formalismos en la puesta en escena se imponen sobre la coherencia narrativa, convirtiéndola en una experiencia tan distante como confusa.

El film se centra en Clara (Sofía Gala Castiglione), una joven maquilladora que un día encuentra a su novia, Clara (Nieves Villalba), en la bañera de su casa, flotando casi sin signos vitales. Mientras Clara está hospitalizada en estado de coma, Blanca trata de seguir adelante amparándose en los recuerdos de su vínculo de pareja, aunque eso también es puesto en crisis cuando empieza a descubrir aspectos de la vida de Blanca que desconocía. Todos esos eventos sumados la llevarán a una alteración en su personalidad, emprendiendo un camino para transformarse física y psíquicamente en una especie de réplica de Clara, buscando poseer esa identidad inerte y darle nueva vida, aunque eso la lleve al límite de su propia existencia.

Si ya el argumento tiene una complejidad importante y requiere de un espectador que se compenetre con una protagonista marcada por su carácter obsesivo, Vasallo suma elementos disruptivos: no solo el albinismo de Clara, que le permite utilizar el blanco de su cuerpo como contraste frente a las ambigüedades de su pasado; sino también una trama con toda clase de idas y vueltas temporales y espaciales; referencias a cuestiones genéticas y químicas; y el uso de la danza butō como enlace para expresar implicancias corporales y psicológicas de ciertos momentos decisivos de la película. Sin embargo, Cadáver exquisito se va enredando sobre sí misma, porque parece más preocupada por mostrar solemnidad y extrañamiento en los eventos que narra que por acercar al espectador al juego retorcido, pero potencialmente interesante que propone.

El resultado, entonces, termina siendo un improductivo distanciamiento frente a lo perturbador del conflicto que atraviesa a Clara en su relación con Blanca -presente y a la vez ausente en su vida y su identidad- y con ella misma. A medida que van pasando los minutos, todo se va a haciendo cada vez más confuso y finalmente irrelevante, con unos minutos finales plagados de arbitrariedad. Eso se traslada a las actuaciones, tan impostadas que quedan a contramano de lo que pide el relato. En Cadáver exquisito hay algunas ideas atractivas y originales que nunca llegan a fluir de la manera apropiada, lo que la conduce a una frialdad intrascendente.


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