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Analízame

Por Patricio Beltrami

(@Pato_Beltrami)

Este artículo contiene spoilers.

La sobreproducción de historias vinculadas a los superhéroes ha obligado a que los guionistas y realizadores comiencen a abordar las nuevas propuestas desde diferentes ángulos. En ese sentido, las dudas, las crisis existenciales y los problemas psicológicos ya no representan una novedad para el género, aunque sí lo es sentar a un superhombre en el diván. Justamente, allí se desarrolla KRISIS, cortometraje español de 2018 dirigido y escrito por Daniel Anselem (Iván Humames colaboró en el guion). Sin embargo, este inhabitual abordaje termina siendo el único aspecto inédito de la producción que, a su vez, carece de acción; trascurre de manera caótica; concluye abruptamente; y ni siquiera funciona como sátira de una humanidad que se autodestruye a un ritmo cada vez más vertiginoso.

Mientras realiza los últimos preparativos para conmemorar el Sabbat, el psicólogo Kleinman (Joaquín Daniel) recibe contra su voluntad a un inesperado visitante en su hogar: El Errante Galáctico (Octavi Pujades). Allí, el superhéroe extraterrestre que ha protegido el planeta por más de cuatro mil años le confiesa que ha perdido sus poderes y que solo él puede ayudarlo para recobrar sus habilidades. A pesar de la desconfianza inicial entre ambos, el relato trascurre a puro diálogo, solo intercalado con una confusa e inexplicable recreación de una pesadilla.

Dicho anteriormente, la pérdida de poderes ante una crisis existencial no es un aspecto inédito para el género. De hecho, es lo que literalmente le ocurre a Peter Parker (Tobey Maguire) en Spider-Man 2 en la emblemática escena en la que arroja su traje a la basura. Sin embargo, en KRISIS acontece en un marco donde la humanidad parece haber perdido sus valores y su rumbo, tornándose cada vez más cínica, egoísta y violenta. Más allá del discurso de ambos personajes, esta decadencia aparece ilustrada en las imágenes de un informativo televisivo, donde se presentan noticias y segmentos al estilo El Mundo Today pero cayendo en lugares comunes y, como ocurre en casi todo el corto, sin timing para el humor.

En tanto, la pérdida de fe de este ser sobrenatural también se encuentra representada de forma burda. Por una parte, el relato inicia con una serie de secuencias ilustradas, donde se observa cómo El Errante Galáctico llega a la Tierra y combate contra diferentes formas del mal a lo largo de la historia. Sin embargo, hay un punto de quiebre: no puede evitar el atentado a las Torres Gemelas y llora con un cadáver en brazos. Además de la presencia de un psicólogo que profesa el judaísmo, su sueño contiene un marcado sesgo religioso. Una charla con el Papa acerca de la maldad en los humanos termina de la peor manera: Un grupo de extremistas que usan caretas de Nietzsche asesinan a golpes al Santo Padre mientras el superhombre descubre que ha perdido sus poderes y, por eso, no puede defender a su consejero.

Más allá de esta escena de violencia light (solo se escuchan golpes y se ve al Papa herido con un poco de sangre en la cabeza), el corto avanza a puro diálogo sobre cuestiones trascendentes (la fe; el bien y el mal; la conflictiva relación con los padres; el amor) que casi no tienen incidencia en el desenlace. Justamente, la resolución de la crisis existencia de El Errante Galáctico y, en consecuencia, el cierre de la historia acontecen abruptamente. Al igual que Poochie regresando a su planeta para no regresar nunca más, el héroe otra vez empoderado deja la sesión y desaparece de escena sin mayores explicaciones. Así, la versión superheroica de Analízame no solo falla en su aspiración de ser una sátira de un mundo decadencia, sino que el abordaje de cuestiones trascendentales resulta tan abrumador que queda en una sucesión de proclamas existenciales que finalmente no pudieron (o supieron) resolver más que con una revelación sacada de las galera. Detrás de todo esto solo hay un guion en crisis.

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