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24 líneas por segundo: Narra simple, cala profundo

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Con el estreno de Luca retomamos una discusión eterna que mantenemos los que defendemos un cine de raíces más clásicas con los que disfrutan de un tipo de propuesta sostenida en el gesto postmoderno. A la nueva película de Pixar, dirigida por Enrico Casarosa, ya la recomendamos (acá) pero bien vale puntualizar el motivo por el que nos parece una gran película. La historia de estas criaturas marinas que pretenden vivir una vida libre, confundiéndose entre los humanos y disimulando su aspecto monstruoso, es un gran relato sobre la amistad, especialmente en la etapa de crecimiento, que es donde se forjan los sentimientos más nobles y los más profundos. Luca narra eso y no elige desvíos, va directo al grano, no hay exhibicionismo ni un tratamiento solemne de sus temas. Y apuesta por la metáfora sin llega a la alegoría, que es lo que termina uniendo a la metáfora (lo deseado en el cine) con la analogía (una forma un poco perezosa que encuentran algunos realizadores para dejar en claro de qué están hablando). De ahí tal vez que se la confunda con una historia menor porque no hay, desde su apuesta formal, una idea de trascendencia: la de Casarosa es una película decididamente clásica y no solo porque homenajea un período bien claro del cine italiano de antaño. Ya que mencionamos a Casarosa, había dirigido anteriormente para Pixar un cortometraje que se llamó La luna, que sí caía en algunos males de ese cine transcendente y simbólico que nos espanta, pero que es confundido con gran cine. Luca es todo lo contrario y bien vale tener en cuenta que la película inmediatamente anterior de Pixar fue Soul, que retomó los tópicos instaurados con Intensa-Mente, un film encrucijada porque borraba con el codo todo aquello que la compañía había postulado con sus películas (pensar dispositivos que anulan tanto lo narrativo que no les queda otra que caer en explicaciones, subrayados y alegorías), muchas de ellas verdaderas obras maestras. En cierta medida que Luca sea el film siguiente a Soul es una tranquilidad, porque confirma que aquellas películas trascendentes son más una excepción que una regla dentro de la compañía. Como en Un gran dinosaurio, como en Unidos, Luca prescinde casi de las palabras en un desenlace perfecto. La decisión de cada personaje de vivir su vida, uno de ellos apostará por la ilustración mientras que el otro se dedicará a la pesca (y de la película de aceptar dos tipos de vida absolutamente opuestos), es una de las más bellas definiciones de libertad que el cine reciente haya plasmado. Pero la historia de Luca y Alberto -los protagonistas- no se termina con el letrerito de “Fin”, sino que sigue en los créditos, en un aprovechamiento notable de las posibilidades del género: son dibujos sin animar, pero la historia previa y lo que aprendimos de los personajes nos permite llenar esos espacios y completar. Sin grandilocuencia, sin mayores aspavientos, sin señalar a cada momento que lo que estamos viendo es importante, Luca construye una historia simple que cala hondo y deja huella. Con el espíritu del gran cine, ese que se aleja de las modas y se vuelve eterno.

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