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The coldest game

Título original: Idem
Origen: Polonia
Dirección: Lukasz Kosmicki
Guión: Lukasz Kosmick, Marcel Sawicki
Intérpretes: Bill Pullman, Lotte Verbeek, James Bloor, Robert Wieckiewicz, Aleksey Serebryakov, Corey Johnson, Nicholas Farrell, Evgeniy Sidikhin, Cezary Kosinski, Aleksandr Lobanov, Wojciech Mecwaldowski
Fotografía: Pawel Edelman
Montaje: Krzysztof Arszennik, Robert Gryka, Wolfgang Weigl
Música: Lukasz Targosz
Duración: 103 minutos
Año: 2019


5 puntos


OTRA DE ESPÍAS MARRONES

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

En plena Guerra Fría y con la crisis de los misiles tensando la cuerda entre Estados Unidos y la Unión Soviética, el Gobierno norteamericano coordina una misión secreta: organiza un partido de ajedrez en Polonia entre dos de los mejores exponentes de cada parte (uno yanqui y otro ruso), aunque en verdad todo es una cortina de humo para una acción de espionaje por medio de la cual intentan descubrir secretos militares de los soviéticos. La historia de The coldest game, que toma como base para su fantasía aquella recordada partida entre Bobby Fischer y Boris Spassky, tiene todos los elementos característicos del cine de espionaje clásico, con sus dobles agentes, sus traiciones, sus sombreros y sobretodos, sus oficinas burocráticas, sus paranoias y su lucha entre el mundo libre y el control obsesivo de los soviéticos. Y, obviamente, con sus complicaciones: el jugador elegido por los norteamericanos muere antes de viajar y eligen como reemplazante al profesor Joshua Mansky (Bill Pullman), un tipo inteligente pero borrachín, que evidentemente no está preparado para sobrellevar esa situación de tensión.

Este film polaco dirigido por Lukasz Kosmicki, que cuenta con un elenco internacional liderado por Pullman junto a Lotte Verbeek, Robert Wieckiewicz y Corey Johnson, intenta por un lado construir una trama de misterio alrededor de la misión y del juego de espías, mientras que por el otro quiere complejizar el asunto a partir de la relación que traban Mansky con el director de Cultura de Varsovia. Este es un personaje que mira desde adentro al régimen soviético y que por el vínculo íntimo que termina generando con Mansky, por medio de profundas borracheras y secretas recorridas nocturnas por la ciudad, se vuelve fundamental para el objetivo de la película de ser algo más que una simple fantasía de espionaje. En The coldest game los héroes terminan siendo seres individuales, que miran con distancia los conceptos que sus propios países construyen alrededor del sentido de patriotismo y ética, y que terminan su misión de manera algo melancólica, marginados de los grandes titulares. Ambos personajes son, sin dudas, lo más atractivo de una película que se vuelve demasiado leve y administrativa de la tensión y el dramatismo, salvo cuando arroja algunas ideas locas como la relación de Mansky con el alcohol.

The coldest game es, como muchas de las películas estrenadas luego de la gran El topo, de Tomas Alfredson (también podemos citar la serie Counterpart), una de espías marrones o verde aceituna, tal el juego de la fotografía y la dirección de arte. Un film frío que no aporta desde su trama más que un ir y venir de personajes calculados en su misterio, una falta de originalidad que se esconde en la solemnidad formal, que se apoya en una actuación algo afectada de Pullman (como si no hubiera podido salir de su personaje de la serie The sinner) y que ni siquiera tiene el tino de volver un poco más disparatada la fantasía que propone. Un film apenas correcto pero bastante impersonal (más allá de un final con una buena escena y con una mirada para nada celebratoria), típica producción de una industria audiovisual de los márgenes que busca hacer los deberes correctos y mostrarse un alumno aplicado del cine de género norteamericano. Bueno, de hecho Netflix la distribuye internacionalmente.

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