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Luciana Piantanida: “Nos interesaba contar la ausencia como un estado de inquietud”

Por Rodrigo Seijas

(@fancinemamdq)

los_ausentesMañana se estrena Los ausentes, ópera prima de Luciana Piantanida, que construye un particular relato donde las barreras entre lo real y lo onírico entran en crisis. En conversación con FANCINEMA, la realizadora explica en profundidad la forma en que se originó el proyecto, la novedad que implicó llevar a la pantalla grande un material propio, el arduo proceso de trabajo con los actores y la recepción para con el film en el circuito de festivales, entre otros temas.

-¿Cómo nació la idea para el proyecto? ¿Cómo fue el proceso de maduración del mismo?
Más que una idea, lo que hubo en el inicio fueron imágenes que por alguna razón volvían a mí una y otra vez y que tenían en común un mismo tono: un misterio denso más cercano a los sueños que a la realidad. Desde un principio había pistas en esas imágenes de que, detrás de ellas, había una trama. El proceso de maduración se trató de eso: de ir descubriendo, afinando y profundizando la trama que había detrás de ellas y poder narrar el cuento sin perder lo más interesante que había en él: el clima onírico por sobre todo.

-Luego de una carrera dedicada al guión y la producción ¿Qué implicó abordar por primera vez el rol de directora?
Me cuesta un poco responder a esta pregunta porque en realidad, mi formación y mi deseo siempre estuvieron enfocados a la dirección. Trabajar en otros roles no fue en principio una decisión deliberada. Sí fue y es algo que disfruto y de lo que aprendo mucho e incluso siento que es parte fundamental de mi formación como directora. Trabajé en varios proyectos en el rol de guionista, de directora de casting, de asistente de dirección y estrené rol de productora recién después de filmar Los ausentes y por única vez en La larga noche de Francisco Sanctis, de Andrea Testa y Francisco Márquez. Yo creo que la novedad, más que el rol, es que se trate de un material que nació de uno, que uno ha hecho crecer y salir a la luz. Eso sí es bien diferente. Y en ese sentido sí podría dar una respuesta. En el trabajo concreto, con los actores, con el equipo técnico, diseñando la película, rodándola y en el montaje me sentí muy cómoda, muy feliz y plena con la tarea. En la exposición que eso implica no me siento tan cómoda ni tan plena ni tan feliz. Más bien estoy bastante asustada y vergonzosa, peleando con mi timidez e intentando, sobre todo, que no se note nada de todo esto. Calculo que esa es la diferencia más grande.

-El film se posa intencionadamente en el terreno de lo onírico, con todos los riesgos que implica. ¿Cómo fue el trabajo desde la puesta en escena para lograr los climas apropiados?
El trabajo fue riguroso y tal como mencionás, muy riesgoso también. Primero vale aclarar que la propuesta de trabajar en el terreno de lo onírico no estaba asociada a cuestiones narrativas sino más bien a cuestiones climáticas. Muchas veces cuando se habla de “lo onírico” se está hablando del modo aparentemente azaroso en que se desarrolla la trama de los sueños. No era ese aspecto el que nos interesaba trabajar a nosotros. Nuestra propuesta era trabajar el clima de los sueños, la extrañeza que se vive en ellos, el corrimiento de la realidad. Y este clima debía contener a su vez una trama que debía contarse con claridad. La combinación de clima y trama fue lo que guió todas nuestras decisiones de puesta en escena. Decidimos corrernos del naturalismo e ir dejando que la película se enrarezca cada vez más.

La primera gran decisión en este sentido fue el planteo de la luz, sobre todo en las noches de la película. Si bien hay distintas locaciones, pensamos que el pueblo entero debía tener una unidad en su criterio lumínico. Trabajamos una clave bien baja en las noches, permitiéndonos que en muchas escenas haya negro pleno en algunas zonas del cuadro. Las luces en cuadro y las luces que llegan desde fuera tienen un tinte cálido que baña todo por las noches y contrasta bastante con el planteo más frío de los días. Todas estas decisiones le dan a la película y al pueblo un carácter particular alejado del realismo pero no del todo fantástico.

Sobre este planteo de luz común a la totalidad de la película decidimos que cada uno de los personajes tenga un universo propio y eso se tradujo en una puesta de cámara específica y diferente para cada uno de ellos y un entorno sonoro diferente.

Desde el sonido trabajamos con los ambientes que suenan efectivamente en el pueblo pero pensando en que estamos escuchando la cabeza de cada uno de los personajes: el interior de ellos se expresa en los aullidos, los lamentos, los gorgoteos y aleteos de la naturaleza que los rodea. En este aspecto el corrimiento de la realidad lo construimos desde la exageración de los elementos realistas más que desde la introducción de elementos ajenos a la realidad del pueblo.

Finalmente con los actores el trabajo fue desde su interioridad. Si bien en la película hay pasajes que pueden estar asociados a cierto registro de cine de género, la indicación nunca fue trabajar desde ahí. Es decir no quisimos “actuar” el misterio o el miedo. La propuesta fue trabajar desde un registro naturalista (no costumbrista), profundizando en la imagen interior de cada uno de los personajes. En esa profundización apareció el terror o la inquietud y al poner eso en escena, se construyó finalmente el extrañamiento también desde el registro actoral.

-Ya el título del film es todo un posicionamiento y un recorte temático. ¿Cómo se abordó el tópico de la ausencia?
Nos interesaba contar la ausencia como un estado de inquietud. Los personajes de la película están atravesados por la presencia de sus ausentes y la relación que establecen con ellos es de tensión. Los que están no están tranquilos con los que no están y eso es lo que nos interesaba: no trabajar la melancolía o la nostalgia que en general está asociada al tema sino más bien pensar en personajes que no están cómodos con sus ausentes y que sienten que más que sentarse a duelarlos, tienen algo para hacer al respecto.

-Teniendo en cuenta las características narrativas del film, ¿Cómo fue el proceso de casting y la labor con los actores para hallar las interpretaciones adecuadas?
El proceso de casting no fue tal en el sentido estricto de la palabra. Este proyecto me acompaña hace mucho tiempo, así que de alguna manera los personajes estaban presentes siempre en mí mientras trabajaba en otros proyectos. Trabajé como ayudante de dirección en El cielo elegido, de Kino Gonzalez. Una noche, mientras filmábamos una de las escenas, Jimena Anganuzzi (que trabajaba en la película) hizo un gesto o miró de un modo, o usó una entonación (ya no puedo recordarlo) que automáticamente me hizo pensar en Gringa. En cuanto tuve una primera versión del guión se lo acerqué a Jimena que, por suerte, aceptó enseguida. A partir de ese momento, ella no sólo pasó a ser Gringa sino que fue parte fundamental a la hora de elegir al resto de los actores.

Con Alberto Suárez me pasó algo similar. Si bien es un actor del cual yo conocía mucho de su trabajo, fue en una prueba de cámara para la película Vaquero, de Juan Minujin (donde yo estaba encargada del casting y era coach de actores), donde me di cuenta que Alberto podía ser un gran Jafa. Me pasó lo mismo que con Jimena: algo que hizo él, un brillo, un detalle, me hizo pensar automáticamente que él debía hacer el papel.

Con Jorge y con Agustín fue un poco distinto. A los dos los conocía también mucho por su trabajo y me encantaban pero en ambos casos tenía dudas sobre cuestiones físicas: originalmente Tania era un poco menor de edad que Jorge Prado y al personaje que interpreta Agustín Rittano siempre lo imaginé bien distinto a él: pensaba en un hombre muy morrudo, grandote, morocho y Agustín no estaba cerca de ese preconcepto. En ambos casos le expliqué a los dos la situación y les pedí que probáramos una escena con Jimena. Nos terminó lo mismo a Jimena y a mí: literalmente a los dos minutos de empezar la escena ya estábamos convencidas de que debían ser ellos quienes interpretaran esos personajes.

La labor fue ardua con los cuatro y fue fundamental el trabajo de mesa. Desmenuzamos con cada uno, cada una de las acciones que proponía el guión pensando en profundidad y en detalle qué pasaba con cada uno de ellos en cada momento y cuál era el arco dramático que recorrían. Pensamos también en lo que había de pesadilla en cada una de las historias y cómo eso se manifestaba en ellos. Intenté en todo momento transmitirles imágenes más que ideas. Después, cómo todo ese trabajo se traduce en un cuerpo que se emociona y conmueve es algo que desconozco y cuyo mérito total es de los actores.

-¿Cómo fue el recorrido por los festivales? ¿Qué tipo de recepción hubo?

Un primer corte del film quedó seleccionado para formar parte de la sección Work in progress del Festival de Cine de Santiago de Chile (SANFIC). La película resultó ganadora en su sección. La experiencia fue muy enriquecedora para mí y para la película porque me sirvió mucho la mirada del jurado (dentro del cual estaba Santiago Loza, un director que admiro mucho) para seguir adelante con la post producción. El premio, me decían, se debió en gran medida a la originalidad de la película, ya que los tres estaban sorprendidos de ver un proyecto de esas características en un Festival. Los ausentes, decían, está fuera de todas las modas y eso es algo que no abunda en los Festivales. Me resultó muy halagadora la observación y me sentí orgullosísima de tener una película tan original. Las palabras no sólo resultaron ser muy precisas sino también resultaron ser un vaticinio de lo que pasó después. Salvo en un pequeño Festival del Sur de Chile, el film no quedó seleccionado para ningún otro Festival.

Entendí entonces que mi película no era tan especial, sino que formaba parte de un montón de películas que quedan invisibilizadas por no estar dentro de los cánones que establecen los festivales, lo cual sigue siendo un gran halago para mí pero es también un gran problema a la hora de difundir la película porque, sea de un modo deliberado o no, los festivales, legitiman un tipo de cine y a todas las películas que quedan por fuera de eso les cuesta mucho encontrarse con su público.

-¿Qué expectativas tenés de cara al estreno comercial?
Que a la película la vea mucha gente, muy distinta entre sí, que el público se deje llevar por lo que propone la película y a su vez que la película los sepa capturar, los atraiga y no los suelte, se meta en sus sueños, los acompañe y, por fin, los conmueva.

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