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FANCINEMA en la Berlinale (III): lo lindo, lo bueno, lo malo y lo feo

Por Carolina Darman

(@carodarman especial para @fancinemamdq desde Berlín)

berlinale unoEl gran ganador del Oso de Oro ha sido Taxi, de Jafar Panahi. El director iraní, que tiene prohibido por las autoridades de su país hacer películas y viajar al exterior, logró de algún modo contrabandear fuera de Irán esta película, en la que él mismo interpreta a un taxista hablando con sus pasajeros mientras maneja por Teherán. El viaje en taxi al principio divierte, aunque parece un poco caprichoso, pero con el transcurrir del tiempo va decantando en una cada vez más inteligente y sofisticada condena a la censura artística, con unos cuantos guiños a la existencia del film en sí mismo. Una película que sin permiso, sin publicista, incluso sin créditos, logró llevarse el máximo galardón. Este bellísimo acto histórico, claro mensaje en defensa de la libertad artística y de expresión, parece consagrar al Berlinale como el más político de los grandes festivales.

El club, brillante film del chileno Pablo Larraín sobre un grupo de curitas expulsados por la iglesia a una casa a orillas del mar, se llevó por su parte el Oso de Plata del Gran Jurado, haciendo a toda la audiencia latina saltar en una pata de felicidad. Con una constelación riquísima de personajes, diálogos descomunalmente punzantes, bastante ironía, una cucharada de denuncia y humor de todos los colores, la película del chileno se alzó entre la prensa internacional como aquella que «hizo subir el nivel del festival». En lo personal, la mejor del festival.

De hecho, en el Berlinale con mayor presencia latina de la historia, me enorgullece decir que América Latina ha salido del baile con laureles. Además de El club, la crudísima Ixcanul (del guatemalteco Jayro Bustamante) se llevó el premio Alfred Bauer, por un film que abre nuevas perspectivas; El botón de nácar (del poeta chileno de documentales Patricio Guzmán), único documental en la competencia, ganó el de plata a mejor guión; y 600 millas, el poderoso largometraje del mexicano Gabriel Ripstein que se exhibía en Panorama, se alzó con el premio a la mejor opera prima. Argentina se hizo presente con Mariposa, de Marco Berger, y El incendio, de Juan Schintman, ambas vistas también en la sección Panorama. Ninguna de las películas recibió premios, pero todas fueron muy bien recibidas tanto por la prensa internacional como por el público, con localidades agotadas y miles de espectadores, situación que ojalá veamos repetirse en Argentina. Finalmente, El gurí, de Sergio Mazza se vio en Generation 14, donde tanto el director como el joven protagonista Maximiliano García estuvieron contestando preguntas a la prensa internacional.

De 45 years, de Andrew Haigh, salieron los Osos a mejor actor y mejor actriz, para Tom Courtenay y Charlotte Rampling, como venía anunciando la prensa con anterioridad. ¿Casualidad? Realmente creo que son dos actores estupendos, pero a veces cuando se premia como mejor actor a los dos protagonistas del mismo film me quedo pensando si a lo mejor no habría que premiar también al director… ¿O al director de casting? Medítelo con la almohada.

As we were dreaming, del alemán Andreas Dresen, también pisó fuerte en el festival, pero si bien personalmente me pareció súper sensible y conmovedora, los alemanes parecen estar un poco cansados de las historias que hablan de la sociedad antes y después la caída del Muro. Y quiero destacar también a Eisenstein en Guanajuato, que si bien no recibió premios, creo que va a dejar chochos a los fans de Greenaway con un film ambicioso visualmente, plagado de muerte, genitales y mexicanos (a veces todo junto), y un monólogo que recorre todo el arte contemporáneo desde el Siglo XX en adelante en unos pocos minutos, digno de mención.

Por su parte Knight of cups, de Terrence Malick, ha recibido críticas mixtas, al parecer porque los snobs que generalmente escriben las críticas para los periódicos y revistas más leídos del mundo angloparlante encuentran paródico que se hable de la pesadilla existencial de un guionista norteamericano exitoso que parece tener todo lo que ellos quisieran tener: laburo, minas, guita y más. Mejor ir a ver una película sobre niños que mueren de hambre en América Latina, o esa sobre el tráfico de mujeres en Africa, y expiar nuestra culpa blanca. Perdón, pero no me bardeen a Terrence Malick por favor. La cuestión es que Malick, poeta glorioso de la filosofía audiovisual, sigue con la línea de El árbol de la vida y nos regala un nuevo montaje empotrado en un monólogo del protagonista (Christian Bale, maravilloso como siempre). Una épica sobre el sentido de la vida, una de esas que hay que ver porque no vale la pena explicar.

berlinale dosEl tedio estuvo presente en la forma de esas películas que son lindas pero parece que nunca terminan de arrancar, como Sworn virgin o Cha va con va. No es por desmerecerlas, ya que tienen momentos de gran sensibilidad, pero… no terminan de arrancar. Y los actores son muy buenos y las historias interesantes pero… no terminan de arrancar. Y cuando a eso de los  90 minutos empezamos a vislumbrar el conflicto… Créditos.

La verdadera bocanada de aire fresco llegó por arte de magia de la mano conjunta de Sir Kenneth Branagh y The Walt Disney Company, con el film de la sección oficial -fuera de competencia- La cenicienta. Advertencia: he aquí que me confieso fan acérrima del ratón, así que al que no le cabe, elija su propia aventura y pase al párrafo siguiente. En lo personal, no puedo concebir una reinvención más bella del clásico animado que esta. Y estoy segura de no estar sola en este lado de la vereda, porque mientras una catarata de lagrimones me hacía revolver mi cartera en busca de carilinas en la oscuridad de la sala, no mucho después del comienzo de la película, vi periodistas moqueando en todos los idiomas a diestra y siniestra. Es que, como bien dijo Sir Branagh horas más tarde en la conferencia de prensa, todos somos muy cínicos sobre temas como el amor, el coraje y la bondad, pero a la hora de la verdad todos buscamos esa inspiración. Esta fantástica reversión se remonta al nacimiento de la joven, y justifica orgánicamente desde las acciones del padre hasta la comodidad del zapato de cristal. No cabe duda en mi mente de que la colaboración sinérgica que se palpita al charlar con el equipo artístico (Kenneth Branagh dirige a Lily James, Cate Blanchett, Helena Boham Carter, entre otros) es la responsable del tremendo éxito.

OTRAS REFLEXIONES

Me pregunto si alguien además de mí habrá notado que el maltrato animal predomina como tema latente en el background del festival. Nadie quiere la noche arranca con la caza de un oso polar, y sigue mostrando la matanza de varios animales por su pelaje. Ok, estamos con los esquimales del Artico, se entiende. Pero en Queen of the desert vemos la cabeza de una cabra entregada como premio, en Ixcanul hay una escena fuertísima en la que le cortan la yugular y desangran a un cerdo en primer plano, en Journal d’une femme de chambre asesinan a dos perros para mantener una mentira, e increíblemente algo parecido sucede en El club. Y la lista sigue. ¿No hay alguna ley que regule esto en el primer mundo? Llámenme a PETA. Más allá del morbo, dudo que matar animales frente a cámara sea esencial para hacer cine. Al menos en los casos en los que realmente los han matado para la escena, como al cerdo (#NoMasAnimalesACostaDelCine, síganme los buenos).

Ahora, para ponernos serios, la pregunta que nos hicimos todos: ¿qué demonios hace la premiere de Cincuenta sombras de Grey en la Berlinale? «A la Berlinale le encanta la prensa» exclama rotundamente un periodista alemán en la parada de un colectivo después del estreno, antes de que le pregunte nada. Nadie lo entiende, pero todos pasamos ahí un rato con una cerveza en la mano, a ver qué nos deparaba el destino. Conclusión: hay más pasión en Cenicienta y más sexo en Rebelde Way.

En fin, después de cientos de películas y decenas de fiestas plagadas de celebrities y Jägermeister, así se despide una Berlinale más. Habrá que esperar un año a ver qué nos depara el diabólico 66.

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