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“Los villeros estamos atravesados por un racismo histórico”

diagnostico tresPor Daniel Cholakian y Carlos Prado

César González tiene una historia de violencia y encierro, que podría haberlo llevado a un camino de reiteración sistemática del circuito de delito y prisión. Incluso a encontrar la muerte temprana como muchos de sus amigos que, como él dice, no robaron porque eligieron ese tipo de vida. Los libros y las palabras son las herramientas a través de las cuales César encontró un espacio creativo y de aprendizaje filosófico y político, que le permitieron cambiar ese rumbo que, por muchos dispositivos invisibles de poder, les es impuesto a gran cantidad de jóvenes como él. Ha publicado un notable libro de poesía La venganza del cordero atado, edita la revista Todo piola con sus amigos y gente de las villas y trabaja con niños y jóvenes a través del arte, para operar sobre la experiencia compleja que les toca vivir. Desde esa preocupación permanente por el otro y en particular por los chicos y su entorno, César presenta su primer largometraje, Diagnóstico esperanza, una película que construye una trama que de un modo sencillo promueve una mirada compleja. El pulso con el que construye la historia, el modo de mirar, la inteligencia del modo en que problematiza y la ausencia de discursos morales, son las claves de esta muy buena película.

-¿Qué es Diagnóstico esperanza? ¿Con qué se va a encontrar la gente cuando vaya al cine a verla?
Antes que todo, se van a encontrar con una ficción de noventa minutos. Hay una cantidad de historias cruzadas, interpretadas por personajes que pertenecen a distintas clases sociales. Si bien hay una amplia concentración de personajes que pertenecen a la villa, hay otros que son muy importantes dentro de la película que no son villeros. No está tanto la contundencia en el guión ni en la trama, ni en la historia en sí, sino que hay más una preocupación mía por construir una ficción pero que sea a la vez un ensayo filosófico, como una manera de escribir un tratado sobre muchas cuestiones, pero más que nada un análisis filosófico, existencial, un poco sociológico y político de la sociedad argentina, antes que nada, y del ser humano en general.

-¿Sentís que hay en tu película, en tu obra, una manera de sentir diferente a lo que convencionalmente vemos en la televisión o en el cine más cotidianos?
A ver, si uno creció en una villa y pasó ahí toda su vida, va a ser distinto el conocimiento de los detalles, de los aspectos microscópicos de la villa, respecto a los que viven afuera. Es como que yo quiera detallar aspectos de la vida en Palermo. No puedo detallarlo porque no sé, no viví ahí. Y lo que sucede siempre en el cine y la televisión es que siempre nos están representando. Ese es el gran problema: la representación. Nos representan y no son de acá.

-Cuando los representan ¿hay demasiado preconcepto, demasiada mirada equivocada o incluso algo de «mala leche»?
No sé si mala leche, no creo que sea mala leche. Hay obras muy interesantes, pero creo que lamentablemente siempre caen en un cliché, ocasionado por el desconocimiento y la falta de confianza, como sociedad, en creer que un villero puede hacer una obra artística de calidad. Lamentablemente, creo que estamos atravesados por un sable en esas cuestiones, atravesados por un racismo histórico que hay en el Gran Buenos Aires y en Capital Federal. El villero es el enemigo, el primer enemigo, el enemigo histórico. Por eso las encuestas, ¿qué dicen? ¿Cuál es el principal problema para la sociedad argentina? La inseguridad.

diagnostico dos-Aunque la gente de las zonas más acomodadas de la ciudad lo desconocen, ustedes sufren más la violencia y la inseguridad que muchos de nosotros.
Sí, y lamentablemente nosotros naturalizamos esa violencia. No es que somos realmente conscientes y no podemos serlo porque cuando uno habla de la violencia que vive en la villa (y en esto caen muchos progresistas y mucha gente de izquierda) se dice “no te victimices”, “che, todo bien, pero todos sufrimos”. No está ese espíritu que estaba en décadas como los cincuenta, sesenta, setenta, donde era realmente un deber ponerse en la piel del que sufrió más. Por cuestiones sociales y económicas, del contexto en el que vivimos, de la globalización. Hoy al pibe se lo trata así y es el discurso que se le baja a los que están en cana, por ejemplo. Los cinco años que yo estuve en cana: “vos robaste porque quisiste, no le eches la culpa a la sociedad, lo haces porque querés”.

-Desde tu experiencia ¿cómo es la villa hoy?
Hay un montón de aspectos esperanzadores y hay otros aspectos que son muy complejos de analizar. Por un lado, yo creo que el estado de bienestar presente hoy en el barrio trajo un montón de soluciones, más que nada en lo habitacional, en lo económico y por lo tanto en lo alimenticio. Pero si vamos a analizar profundamente, siguen muriendo pibes porque roban, mueren y matan, caen presos, los pibitos cada vez más chicos conocen ese mundo de la violencia. Por eso tanta preocupación mía por retratar el mundo de la infancia en la película, la soledad de la infancia en la villa. Parece algo tan dicho, una foto que da tantas vueltas, pero son miles. Si te ponés a sacar cuentas, son miles y miles. Y eso pasa porque tienen una madre soltera, o son muchos hermanos, por un montón de quilombos. Por eso creo que el hoy tiene esas cuestiones positivas que enumeraba, pero por el otro aparecen estas cosas que creo son en parte responsabilidad de un gobierno, pero también de la ciudadanía. Creo que la ciudadanía contribuye mucho a que la villa mantenga ese lugar de inferioridad, de ignorancia, en el que “el villero es ignorante”. Ya es una cuestión que excede a quien gobierna, es algo social, cultural.

-¿Quién actúa en la película?
En la película hay un gran aporte de amigos y amigas, de chicos y chicas del barrio, de la villa donde vivo yo, también de Fuerte Apache, uno de los actores es de Ciudad Oculta. También hay algunos actores profesionales, que no son de esos tres barrios, no son de la villa y también actúan en la película.

-¿Cómo es para vos el trabajo cotidiano con el arte y con los chicos para construir otra forma de lazos, de encontrarse?
Yo a la hora del arte y del método artístico difundo lo que me salvó a mí. Yo no pedí permiso, porque la psicóloga me decía que no servía para escribir, el juzgado me decía que no servía para escribir y las maestras me decían que no servía para escribir. Las profesoras que iban a enseñar a los institutos lo primero en lo que se fijaban cuando les entregaba los poemas era en las faltas de ortografía. Entonces, si yo pedía permiso, recién ahora me estaba animando a escribir el primer poema.


La entrevista fue realizada en el programa Bajo el volcán, que se emite por FM La Tribu los jueves de 18:00 a 19:00. Se puede escuchar en www.bajoelvolcan.com.ar.

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