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Juego de tronos: un invierno de fuego y sangre

thrones unoPor Cristian Ariel Mangini

Violencia. Fuego. Sexo. Y luego el poder, el poder abatiéndose sobre todo el continente de Westeros como si se tratara de una enorme tempestad en un ciclo interminable de enfrentamientos. De eso se trata Juego de tronos, bautizada así por ser el nombre de la primera novela de la saga Canción de fuego y hielo, del escritor norteamericano George R.R. Martin. Quizá el título parece decir más de la serie televisiva que de los libros: la diferencia entre ambos formatos nos lleva a ver un mundo menos expansivo y más volcado a la ambición de los personajes que vemos en pantalla, siempre atrapados en una enorme red que no da tregua y amenaza la vida de cualquier personaje, desde el más querido hasta el más odiado.

Hablar de esta serie de fantasía de HBO es, antes que hablar del presupuesto que se destila en batallas de proporciones épicas y escenarios mastodónticos, hablar de personajes complejos que parecen sujetos al linaje y la herencia para llevar a cabo sus acciones. A pesar de toda la pirotecnia visual y la creación de un submundo repleto de detalles inalcanzables para el formato televisivo, lo que ha dominado la escena han sido los seres que pueblan la pantalla: Tyrion, Petyr, Daenerys, Jon, Bran o Arya son personajes ricos, de una complejidad que se traslada a las actuaciones y definen un perfil, evitando el estereotipo tradicional del formato fantasioso.

Un formato riesgoso

La cuestión del relato maravilloso adaptado al cine es un riesgo, pero en el caso de la televisión estamos hablando casi de una batalla perdida. No sólo es un formato con escasos referentes, sino que también existe una larga lista de fracasos que implicaron grandes gastos de producción. De los ´90 podríamos mencionar dos series emblemáticas que se ganaron un lugar de culto: Xena, la princesa guerrera y Hércules. Sin embargo, surge aquí un problema que tiene que ver con el tono de ambas, principalmente con esa química entre humor, acción, erotismo y un desarrollo de personajes más volcados al estereotipo que le dan una mística camp, donde podían verse en un día varios capítulos sin notar demasiado desarrollo de personajes. Este tono liviano, casi softcore, tenía sus giros argumentales dramáticos pero rara vez afectaban el desarrollo ligero de la serie, que por momentos tenía autoconsciencia de esto.

thrones dosSin embargo, el material original que iba a dar lugar a Juego de tronos era otro tipo de bestia. Batallas épicas y sangrientas, giros argumentales que hacen del destino de cualquier personaje algo inestable, un entramado político enmarañado, múltiples voces que construyen el relato central sin un protagonista excluyente y altas dosis de sexo y violencia hacen que quizá su parentesco se encuentre en series como Roma, Spartacus o Los Tudor, sin tratarse de series que pertenezcan al mundo maravilloso como Merlín o la rápidamente cancelada Camelot.

Juego de tronos es oscura a pesar de las luces que aparecen ocasionalmente en el horizonte, es un mundo amenazado por un cataclismo que amaga con llegar con el “invierno” devastando todo a su paso, mientras una serie de familias se disputan desesperadamente el poder de un trono cargando con una pesada herencia de batallas y resentimientos. Este es el universo de la serie, tan lejano pero cercano al mismo tiempo. Es que, como en todo relato maravilloso que se precie, el contacto con la realidad debe aparecer en el drama humano, en las motivaciones de los personajes, en la carga simbólica y alegórica porque, de lo contrario, queda en un catálogo de elementos maravillosos. Por decirlo de otra manera, no sirve de nada hablar de castillos flotantes, grifos, unicornios parlantes o doncellas de razas extrañas con un idioma original y desconocido, si la trama es débil o no existe forma de sentir empatía o proximidad con ningún personaje debido a que es sólo un adorno más del paisaje.

Nadie está a salvo

El mundo de Westeros es frío, crudo e inestable, siempre al borde de la crisis y el conflicto, y esto se traslada a los personajes. Ninguno de ellos tiene asegurada su permanencia en el hilo conductor de la serie e incluso aquellos que se perfilan como héroes intocables terminan siendo consumidos por los conflictos políticos y las batallas. Esto, que puede ser mal juzgado como una búsqueda cínica, en verdad tiene su desarrollo y una vez se ingresa en la lógica del universo de Martin se comprende que es inevitable naturalizar los giros a los que nos somete en su texto.

thrones tresPor otro lado, el hecho de que la narración avance de forma coral permite dar a conocer las numerosas consecuencias de lo que está sucediendo. O sea, si A o B mueren (esta es una nota sin spoiler alguno) es lógico que veamos las consecuencias en cada una de las perspectivas de los personajes afectados. Esto da lugar a un guión que, a pesar de sus numerosas líneas de fuga, se termina cerrando sobre sí mismo con el paso de los capítulos sin dejar ningún detalle al azar, un riesgo lógico si se piensa que en la adaptación televisiva hay cambios importantes respecto al libro.

La base de la crudeza que ofrece el mundo de Martin se puede encontrar en las turbulentas batallas políticas de las monarquías -de hecho, el autor se basó en la Guerra de las Dos Rosas-. Los códigos de los Stark, los Targaryen o los Lannister respecto al legado de sangre, la nobleza o la traición son tópicos que podemos encontrar en dramas históricos serializados como Los Tudors o Los Borgias. De alguna forma Martin, al igual que J.R.R. Tolkien, sumerge parte de sus influencias en textos medievales como el Beowulf pero la lógica interna del mundo que ilustra cada uno es completamente distinta.  En El señor de los anillos, el Anillo Unico oficia de elemento maravilloso que simboliza al poder como un elemento corruptor pero también enormemente seductor, al que distintos portadores intentarán alcanzar para utilizarlo en su propio beneficio. En el texto que da el pie a Juego de tronos el paralelismo al anillo se puede encontrar en el Trono de Hierro pero, a diferencia de la obra de Tolkien, el enemigo nunca termina por identificarse claramente: los bordes están sujetos a un relativismo moral que nos lleva a observar cómo se desarrollan los hechos sin que exista un antagonista claro.

La adaptación televisiva

Hay que admitir que la adaptación no debe haber sido un trabajo fácil para David Benioff (guionista de La hora 25, Troya y Hermanos, entre otros films) y Daniel Weiss (escritor y guionista que no tuvo la suerte de ver jamás sus trabajos en pantalla). En primera instancia está la cuestión del sexo: los hechos que vemos en pantalla con Daenerys Targaryen o Robb Stark, por mencionar un ejemplo, serían un gran problema si se los trasladara directamente, aún omitiendo las escenas de sexo. El hecho de que cuenten con entre 13 y 15 años mientras ocurren los acontecimientos la harían una serie inviable. Lo mismo ocurre con la violencia: recordemos que tanto Robb como Jon Snow cuentan con tan sólo 14 años al comienzo de la serie y verlos repartir espadazos a mansalva resultaría igual de polémico. ¿La solución?: bueno, se le agregan unos años más a los personajes, vulnerando quizá el clima medieval del texto original -Martin menciona que la elección de las edades responde a que se basó en la etapa medieval donde la adolescencia no existía- pero sin perder la esencia dentro de lo permisivo.

thrones cuatroOtro problema vinculado al texto radica en la impaciencia del formato televisivo y la velocidad a la que se ejecuta respecto a la publicación de los libros. Si bien al momento de comenzar la serie existían cuatro libros (y uno más, Danza de dragones, que sería publicado apenas unos meses más tarde), los plazos para la entrega de los dos libros restantes de la saga se superponen con la serie, que se estipula que puede generar graves conflictos en el conjunto de guionistas. Incluso un rumor indica que, en caso de morir, Martin ha dejado un esbozo de cómo sería el final de cada personaje en caso de que haya que dar un cierre forzado.

Por otro lado, la serie televisiva descuida el perfil de algunos personajes que a veces rozan lo caricaturesco (Joffrey Baratheon) o la indiferencia (Sansa Stark), cuestión que se pone aún más en evidencia cuando se ve que hay personajes perfectamente guionados, como Tyrion Lannister, Cersei Lannister o Jon Snow. En cierto sentido termina siendo afortunado el uso de múltiples puntos de vista, porque es lo que nos ayuda a comprender las acciones de aquellos personajes que apenas asoman unos breves instantes, salvando el inverosímil cuando aparecen y sus acciones son determinantes (el caso más importante aquí es el de Stannis Baratheon).

Esto no afecta el nivel actoral, que resulta parejo y logra momentos de una notable intensidad dramática en capítulos como You win or you die (séptimo de la primera temporada), Baelor (noveno de la primera temporada), A man without honor (séptimo de la segunda temporada) o Blackwater (noveno de la segunda temporada); destacándose el trabajo de veteranos como Sean Bean (Eddard Stark) o Peter Dinklage (Tyrion Lannister), pero también el de figuras como Isaac Hempstead-Wright (Bran Stark) o Aidan Gillen (Petyr Baelish), que no resultan tan conocidas.

Finalmente, están aquellas joyas donde la serie logra niveles superlativos que quizá no mantiene a lo largo de las temporadas: el caso más emblemático es el de Blackwater (único capítulo dirigido por Neil Marshall, el notable realizador de El descenso) que cuenta con diálogos memorables, secuencias de acción vertiginosas, momentos dramáticos y una edición que lleva un ritmo casi de mecanografía, siempre elevando la tensión hasta el explosivo (e inesperado) desenlace -que, sin decir demasiado, es casi un “last time rescue”-. La plaza donde ocurre cierta ejecución en Baelor, con una puesta en escena impecable que abre a panorámicas memorables con una desolada Arya Stark (Maisie Williams), o el final seco del primer capítulo (Winter is coming), son un claro ejemplo del poder visual que posee y la razón por la cual se trata de una de las series más interesantes que ha puesto la televisión norteamericana en pantalla en los últimos años. Con el inicio de la tercera temporada en puerta sería un desperdicio de excelente televisión no ponerse al día si aún desconocen esta serie.

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