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MAR DEL PLATA 2012 – El hombre que nunca estuvo: siempre tarde

Por Matías Gelpi

Días 8 y 9, sábado 25 y domingo 26, películas que vi = 2

Tenía algunas ideas para este último texto. Ideas de esas que se figuran buenísimas al principio pero que, pasado un tiempo considerable, se abandonan por estúpidas, y uno se dice a sí mismo: “en qué mierda estoy pensando”.

Esta crónica empezaba a gestarse el sábado por la noche, mientras miraba un capítulo de Breaking Bad y estaba sucediendo la fiesta de clausura del Festival: entrega de premios, miradas de descontento y fingida sorpresa. Escucho, como si estuviera sentado en el cielo, una cantidad exagerada de fuegos artificiales que no me permiten escuchar un diálogo buenísimo de un capítulo grosso (sé que es buenísimo porque después lo volví a ver) y se me ocurre que esta crónica debería ser un relato. Un cuento que me tenía como protagonista, que debía incluir chistes y referencias cinéfilas y también debía hablar de los personajes y comentarios de las anteriores crónicas. Suena bien, aunque es una idea que si hubiera sido bien ejecutada llenaría al texto de una pretensión ajena al objetivo de esta crónica, que siempre ha sido ninguno.

Y voy a ser totalmente sincero, el argumento que había pensado era el siguiente: yo, o mejor dicho, el narrador va caminando hacia alguno de los cines cede del Festival (había elegido una de las salas del Paseo). En la puerta de la sala se encuentra con Borges, quien le dice que lo invita a dar una vuelta por el infierno. El narrador subraya la torpe referencia a la Divina Comedia, y le dice a Jorge Luis que acepta el paseo pero que prefiere a otro guía  menos ciego. En la idea original desaparecía Borges y aparecía alguien absurdo como Will Smith. Inmediatamente entraban al averno y el narrador comenzaba a hacer observaciones que básicamente eran, como habíamos dicho, referencias a las anteriores crónicas, por ejemplo: se encontraba con Sábato llorando y dos demonios que lo consolaban, se encontraba previsiblemente con Bukowski y cuando preguntaba por Deleuze, alguien contestaba que estaba en el cielo y el narrador disparaba una frase: “Dios y su infinita arbitrariedad”. Ojala lo hubiera escrito, otra vez me parece que esta buenísimo.

Entonces llegó el domingo, y las cosas se parecían demasiado al domingo anterior, sobre todo en la particularidad de que otra vez hubo asado y un partido de Boca. El Festival oficialmente clausurado seguía funcionando mientras se apagaba de a poco. Así que fui a ver El fantástico mundo de Juan Orol, que es una película promedio pero altamente disfrutable. La crítica esta publicada en las mini-críticas de FANCINEMA y el autor (toda una revelación para ustedes) es el pibe de la libreta.

Comienza el lunes y todavía no mandé la crónica, y llega martes y todos los cinéfilos se han vuelto a refugiar en sus pequeñas salas con retrospectivas de Kubrick. La ciudad cubierta de adolescentes que van a disputar los acotados juegos Bonaerenses.

Menos mal, todos me tenían podrido.

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