Por Patricio Beltrami
NdR: este artículo contiene spoilers
La segunda temporada de Daredevil: born again tuvo un gran final, conjugando resoluciones sorprendentes y épicas con espectaculares secuencias de acción sin descuidar la humanidad y la vulnerabilidad de sus protagonistas. De esa forma, se cerraron no sólo los arcos de los últimos episodios, sino que concluyen gran parte de las historias abiertas en la etapa Universo Marvel (MCU). Coescrito por Dario Scardapane y Jesse Wigutow y dirigido por Iain B. MacDonald, The southern cross transcurre casi en su totalidad en sede judicial. En el juicio contra Karen Page (Deborah Ann Woll), Daredevil/Matt Murdock (Charlie Cox) no sólo cuestiona la idoneidad de Heather Glenn (Margarita Levieva), sino que además pide que testifique Kingpin/Wilson Fisk (Vincent D’Onofrio). Si bien afuera del edificio Bullseye/Benjamin Poindexter (Wilson Bethel) desbarata la trampa que le había tendido la Fuerza Antivigilantes masacrando a un grupo de agentes, lo importante de The southern cross ocurre en el juzgado, sobre todo cuando Fisk entra a la sala junto a una docena de agentes para imponer su poder. Aunque el alcalde inicia la defensa con su habitual soberbia y seguridad, sabiéndose intocable por un sistema que lo respalda, Murdock logra cambiar el eje del debate de los cargos contra Page a los crímenes de su fuerza de élite y el hundimiento del The Northern Star. Desde allí, Daredevil: born again se vuelve un espectáculo judicial a partir del duelo de palabras, gestos y silencios entre dos enemigos íntimos. En ese pasaje la tensión explota cuando Murdock revela que es Daredevil, declara como testigo del hundimiento del barco y expone al tribunal y la Fuerza Antivigilantes como el sistema para asegurar la impunidad del del Kingpin. Todo transcurre en una secuencia donde la puesta en escena vigoriza el extenso discurso del abogado, alimentando las tensiones para exacerbar lo épico de este pasaje. En trámite exprés, los jueces dictaminan la inocencia de Karen y resuelven la nulidad del tribunal. The southern cross se encamina hacia el final con el fallido atentado de Bullseye contra Fisk. Desde el juzgado, el alcalde declara el estado de sitio en toda Nueva York, lo que provoca que miles de ciudadanos liderados por los aliados de Daredevil se movilicen hacia allí para exigir su renuncia. Consciente del inminente fin de su carrera política, Kingpin ordena ejecutar a Murdock y toda su gente. Desde allí estallan tres frentes de batalla. En la calle, cuando las tensiones estaban a punto de explotar entre la Fuerza Antivigilantes y los manifestantes, North (Jeremy Isaiah Earl) descubre que había sido usado para asesinar al Tigre Blanco y permite el ingreso del pueblo tras noquear a Powell (Hamish Allan-Headley). Mientras Fisk enfrenta a un grupo de ciudadanos que busca lincharlo, Daredevil, Jessica Jones (Krysten Ritter) y Angela Del Toro (Camila Rodriguez) luchan con los guardias de Fisk en el pasillo. A través de un montaje alternado, la serie incorpora la clásica secuencia de acción en el pasillo a partir de coreografías ajustadas, un virtuoso juego de cámaras y un excelente trabajo en términos dramáticos, sobre todo con Kingpin masacrando inocentes de formas brutales. Tras una confrontación dialéctica en el hall del juzgado, con Kingpin solo en las escaleras y Daredevil rodeado de personas en el nivel inferior, la turba ataca al villano. Frente a ello, Daredevil y Jessica Jones intentan frenar a la multitud para evitar que Fisk quede como un mártir. Finalmente, Matt y Wilson acuerdan una rendición como caballeros y hombres rotos que se odian pero que además se respetan y se comprenden. The southern cross cierra con Fisk libre en el exilio y con Murdock aceptando su destino en prisión tras salvar a Nueva York. Si bien se adelanta el destino del resto de los personajes, lo mejor de la temporada es que logra condensar todos los arcos de Daredevil: born again, más algunos de Daredevil, para clausurar la historia con una sensación de justicia. Tras una primera temporada donde los problemas de producción y la reescritura de la historia se habían hecho evidentes, la segunda temporada es un relato sólido tanto en lo narrativo como en la puesta en escena, cuyo atractivo aumenta con el correr de los capítulos. En términos de acción, Daredevil: born again recupera el virtuosismo de las secuencias de combate, al tiempo que le baja el tono al excesivo nivel de brutalidad que había presentado en la temporada anterior. Además, se destaca el trabajo realizado sobre varios personajes de reparto, cuyos arcos resultaron de lo más interesante de esta nueva etapa de la serie, principalmente Bullseye y Daniel Blake (Michael Gandolfini). Igualmente, el gran mérito de Daredevil: born again es haber demostrado que sus dos protagonistas están lejos del agotamiento. Daredevil y Kingpin son dos de los personajes mejores escritos para series de superhéroes y, en esta ocasión, tuvieron una temporada a la altura de su historia.
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