Título original: Idem // Origen: EE.UU. // Dirección: Jon Favreau // Guión: Jon Favreau, Dave Filoni, Noah Kloor, basados en los personajes creados por George Lucas // Intérpretes: Pedro Pascal, Jeremy Allen White, Martin Scorsese, Sigourney Weaver, Steve Blum, Matthew Willig, Hemky Madera, Anthony Daniels, Warden Edwin James // Fotografía: Dylan Firshein, Rachel Goodlett Katz // Montaje: Ludwig Göransson // Música: David Klein // Duración: 132 minutos // Año: 2026 //
7 puntos
SOS MI UNIVERSO
Por Mex Faliero
Dentro del extenso universo de películas y series de Star Wars, universo con no demasiados puntos altos -digámoslo-, The Mandalorian se convirtió rápidamente en el elemento distintivo. Creada por Jon Favreau, la serie se ganó el favor de los fanáticos y los no tanto a pura testarudez, construyéndose sobre la estética creada por George Lucas pero a su vez sustrayendo casi por completo elementos que parecían ineludibles. Pero, además, con inteligencia -y con la gracia inoxidable de ese bebé Yoda- supo dar pasos hacia atrás para recuperar el carácter aventurero de las primeras películas y dejar en el camino cierta monserga filosófica que empaña a la mayoría de estas producciones. Si bien es cierto que con el correr de las temporadas se vio obligada a construir un lore a su alrededor, lo real es que cuando mejor funciona la serie es precisamente cuando abandona esa ambición mitológica para centrarse en sus dos protagonistas, el Mandalorian y Grogu, y en alguna aventura por galaxias varias. Con ese aprendizaje sobre la espalda, Star Wars: The Mandalorian and Grogu llegó a los cines con un claro objetivo: devolverle a las salas y a las películas el amor por la aventura sin mayor pretensión que la de entretener con nobleza. Y lo logra.
Pocos títulos han sido tan explícitos desde el vamos sobre lo que tienen para ofrecer como The Mandalorian and Grogu, porque básicamente la película es la incursión de Mandalorian y Grogu en diversas aventuras, y no hay mucho más que eso. Hay quienes podrán acusar un poco perezosamente a la película de capítulo estirado, pero lo cierto es que Favreau lo hace de manera deliberada y no hay motivo para el rezongo: la película hilvana una serie de secuencias de acción y rescates varios con el único objetivo de explorar una nueva etapa en la vida de los protagonistas, que es una en la que la muerte es una posibilidad y surge la necesidad del cuidado mutuo. Mandalorian y Grogu, entonces, como un universo en sí mismo que funciona por reglas propias. Un universo que contiene a esos otros universos de Star Wars, pero que en definitiva se justifica sobre sí mismo. Autonomía que la serie lograba y que la película vuelve a alcanzar tomando distancia de lo que ocurre en el cine del presente.
En The Mandalorian and Grogu los protagonistas tienen que rescatar a una criatura en otro planeta y devolverla con vida. Lo logran y, claro, tendrán consecuencias. Con lógica de hierro, el guion dividirá en dos partes el relato, una primera de acción y otra segunda de reacción. Y sólo hacia el final Favreau quebrará esa coherencia con un pasaje donde la acción de detiene y los personajes se definen. Y es por lejos lo mejor de la película, porque entre cálculo (que lo hay) y falta de riesgo (que la hay), la película se anima a rascar debajo de la superficie de sus personajes. Es un pasaje emotivo que incluye -me gusta creer- un homenaje a Frank Oz, la Rana René y aquel comienzo con The rainbow connection. Retomando lo anterior, es posible que se pueda ver a la película como un capítulo estirado, pero la determinación de Favreau por evitar contar algo más grande que la vida, más que pereza es un posicionamiento ético respecto de sus personajes, y hasta político si pensamos en el mainstream elefantiásico del presente. Es posible que la película no sea la gran aventura que imaginamos, pero nos entrega algunos pasajes de una nobleza que enternece: “This is the way”.
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