Título original: The Bad Guys 2 // Origen: EE.UU. // Dirección: Pierre Perifel, JP Sans // Guión: Yoni Brenner, Etan Cohen // Voces originales: Sam Rockwell, Marc Maron, Craig Robinson, Anthony Ramos, Awkwafina, Zazie Beetz, Richard Ayoade, Lilly Singh, Alex Borstein, Natasha Lyonne, Danielle Brooks, Maria Bakalova, Omid Djalili, Katherine Ryan // Diseño de producción: Luc Desmarchelier // Montaje: Jesse Averna // Música: Daniel Pemberton // Duración: 104 minutos // Año: 2025 //
7 puntos
LA BATALLA DEL MOVIMIENTO
Por Mex Faliero
Hace unos años el estreno de Los tipos malos le garantizó a Dreamworks un nuevo éxito y la confirmación de una franquicia en medio de un panorama un poco confuso, donde sus viejas sagas estaban de salida y la exploración de nuevos universos no terminaba de dar los frutos necesarios. Sin embargo, a la luz de los recientes estrenos de la magistral Robot salvaje, la efectiva acción real de Cómo entrenar a tu dragón y esta secuela de Los tipos malos, hay que reconocer que la compañía de cine animado está atravesando una etapa creativa muy interesante, con películas absolutamente libres que no tienen más vínculo estético entre sí que el estar hechas dentro de la misma casa. Podríamos sumar incluso Gato con botas: el último deseo, que aportaba desde lo visual un grado de sofisticación que la volvía estimulante. Los tipos malos 2 es en ese sentido una cruza entre una de estas películas que apuestan por su look visual, pero a la vez recuperan parte de la tradición de Dreamworks, sobre todo en el tono más neurótico de las películas de Madagascar: son films de puro movimiento, de ritmo endiablado, que hacen epicentro en la comicidad desaforada y cartoonesca. El acierto está dado en su efectividad indiscutible.
Dirigida nuevamente por Pierre Perifel, pero con JP Sans como codirector, Los tipos malos 2 cumple a rajatabla con el diseño de una típica secuela: a lo que ya conocemos, le duplica la dosis. Pero lejos de caer bajo el embrujo de la máxima esa que indica que “más es menos”, aquí las cosas funcionan porque precisamente el tipo de humor de la película hace sistema por acumulación y exageración. Como ejemplo podemos dar el prólogo, que narra uno de esos golpes maestros que hacen famosos a los protagonistas, sumando y sumando imposibles y desplegando una imaginería visual que vuelve a la pantalla un estímulo abrumador. Hay humor que se mueve y se vuelve músculo, y piensa y desarrolla ideas sobre cómo cada imagen puede ser más espectacular y absurda, y espectacularmente absurda. Hay algo del movimiento y los trazos del animé que se dan la mano con la animación clásica en su exploración del humor físico. Esa unión logra algo novedoso y la película sabe que su rasgo distintivo está ahí mismo: en la velocidad, el ritmo y la energía con la que los personajes y las situaciones se mueven. Por eso que Los tipos malos 2 no se detiene nunca, no intenta parar, porque cuando para se le ven las costuras.
Se podría llegar a pensar que en esa búsqueda constante del movimiento hay algo un poco histérico e irrefrenable que se vuelve agotador. Pero no. Los tipos malos 2 está hecha de los mismos materiales que la original, e incluso falla en lo mismo que fallaba aquella y por lo que estas películas no logran hacer ese clic que las vuelve algo más, como podrían ser la citada Madagascar 3, Cómo entrenar a tu dragón 2, Un jefe en pañales o Robot salvaje (que son las obras superiores de Dreamworks). Por fuera de ese movimiento, la película está constituida por una serie de moralejas un poco subrayadas o reflexiones algo básicas sobre la condición de los personajes, que aquí se ven seducidos por volver a ser malos porque, básicamente, ser buenos no es tan redituable. Uno podría pensar que en esa ironía hay una verdad algo enroscada para estos tiempos de corrección política, pero todo está expresado un poco a reglamento y sin demasiada complejidad. Por eso la película retoma velozmente la acción y la aventura, y traslada su clímax al espacio, llevando su desparpajo a un territorio donde lo improbable es la regla. Es allí donde Los tipos malos 2 logra definir su apuesta: estirar las reglas de la animación, construir secuencias de acción y suspenso sin envidia de ninguna producción de acción real, y un construir un apartado visual singular y distintivo. La película es como un juego que nunca se detiene, con la inteligencia como para incluir al espectador en la partida. En concreto ser, pero sobre todo saber cómo debe ser un entretenimiento en estos tiempos de hiperestimulación. En ese sentido es casi inigualable. Y si no me cree, intente ver una película de Mi villano favorito para comprobar que no es fácil eso de apostar al puro ruido y pensar que hay ahí un concepto para desarrollar.
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