Título original: The Jolly Monkey // Origen: EE.UU. // Dirección: Ryan Ebert // Guión: Ryan Ebert // Intérpretes: Dominic Keating, Jane Hajduk, Courtney Fulk, Neirin Winter, Anthony Jensen, Patrick Labyorteaux, Lisa Cole, Landon Jabob Lee, Aria Surrec, Zack Gold, Saskia Norman // Fotografía: Camilo Godoy // Montaje: Rob Pallatina // Música: Christopher Cano, Mikel Shane Prather, Chris Ridenhour // Duración: 93 minutos // Año: 2025
2 puntos
EL TERROR EN PILOTO AUTOMÁTICO
Por Guillermo Colantonio
Hace tiempo que se estrenan algunas películas de terror cuya estética se inscribe más en el campo de ciertas señales de cable que en la pantalla grande. Y si bien manejan presupuestos acotados, nunca suplen la falta con imaginación sino con pereza. El mono – La maldición regresa es un perfecto ejemplo de la decadencia a la que se somete al género, ya sea por carencia de pericia como de ingenio. Ni siquiera alcanza a funcionar como chiste paródico.
Su trillada premisa remite al universo de Psicosis, pero solo a modo de excusa, de prólogo. En el pasado, una familia interrumpe su viaje para descansar. La niña se siente atraída por el cartel de un motel en medio de la ruta con la imagen de un juguete cuya figura es un monito. Al llegar al lugar, una pareja de ancianos los recibe. En realidad, son cómplices de un asesino disfrazado justamente de mono, quien los liquida uno por uno en la habitación. Corte. Cuarenta años después, los herederos acuden al lugar para discutir qué harán con el sitio: si venderlo o explotarlo comercialmente. El culto a la obviedad que edifica el director asoma en esta primera secuencia, donde ya se adivina todo, con la gastada fórmula de anticipar lo mal que la pasarán estas personas frente al mono tremendo.
Nada sorprende y las escenas que deberían ser escalofriantes parecen hechas con un pronunciado desgano, como para cumplir con la mediocre cuota de miedo habitual en la cantidad de productos que llegan a cartelera, similares y aburridos. Hasta los incondicionales encontrarán esto como un amor descartable.
Lo más preocupante no es que la película sea mala, sino que ni siquiera intenta ser otra cosa. Se limita a repetir mecanismos agotados, confiando en que unos cuantos sobresaltos y una iconografía reconocible bastarán para sostenerla. Pero cuando el terror renuncia a la invención, deja de inquietar y apenas sobrevive como rutina industrial.
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