Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
En momentos donde la comedia romántica está contra las cuerdas, con escasez de producción, repitiendo viejas fórmulas que se aplauden sin mucha justificación y con un público cada vez más descreído, el éxito cosechado por Nadie quiere esto es un soplo de aire fresco. No solo porque se atreve a trasladar al formato serie una historia podría haber dado para una película o una miniserie, y encuentra en ese atrevimiento un mundo con una riqueza narrativa impensada. También porque recupera un tipo de humor que hasta hace unos años era dominante en la comedia norteamericana pero que últimamente quedó muy relegado: ese que no se preocupa demasiado por la corrección política y que halla en los rituales de comunicación ordinarios -donde aparecen a menudo puteadas, discusiones banales y gestos afectivos bestiales- un territorio fértil para despertar tanto la empatía como la carcajada. La pareja protagonista está conformada por Joanne (Kristen Bell), que lleva adelante un ascendente podcast sobre sexualidad con su hermana, y Noah (Adam Brody), un rabino que también empieza a tener ascendencia entre su comunidad. Ambos se conocen durante una fiesta de cumpleaños en la casa de una amiga en común y la chispa es casi inmediata, aunque la concreción del romance no tanto. Esto último en parte porque ella siente cómoda en la soltería y en su medida porque él acaba de finalizar una relación de larga data justo cuando parecía encaminarse al matrimonio. Pero cuando la relación se afianza y los dos empiezan a ser, definitivamente, una pareja, es cuando realmente comenzarán los problemas, porque el amor incidirá negativamente en el desempeño de Joanne en el podcast -lo cual afectará el vínculo con su hermana y descolocará a su círculo cercano-, mientras que Noah verá peligrar el progreso de su carrera como rabino, al haber establecido una relación con una “Shiksa”, una mujer que no profesa la fe judía. Eso sin contar con la férrea oposición de Bina (Tovah Feldshuh), la madre de Noah, una verdadera matriarca y custodia absoluta de los valores en la familia. Lo que cuenta esta creación de Erin Foster no es completamente original: por caso, Divinas tentaciones, la ópera prima de Edward Norton, presentaba con bastante sensibilidad y gracia un triángulo amoroso donde las fricciones entre el amor y las limitaciones religiosas llevaban a un choque explosivo. La diferencia en Nadie quiere esto es que los dos personajes principales son también un puente para que descubramos una variopinta galería de sujetos que enriquecen el mundo que habitan los protagonistas. Ahí tenemos, por caso, a Morgan (Justine Lupe), la mencionada hermana de Joanne, y a Sasha (Timothy Simons), el hermano de Noah: cada uno es confidente de su contraparte familiar y, al mismo tiempo, cargan con sus propios conflictos, deseos e inseguridades. Cada uno construye su propia comicidad -ella desde el sarcasmo, él desde la torpeza- y hasta podrían tener una serie propia, y en un punto la tienen, dado el espacio que les brinda el relato. Y ambos potencian los arcos dramáticos de Joanne y Noah, lo cual resume en buena medida los méritos de la serie. En Nadie quiere esto no hay villanos, porque incluso Bina o la ex de Noah son antagonistas por sus posicionamientos y no por falta de nobleza. Lo que hay son obstáculos que deben ser afrontados por seres repletos de imperfecciones -a Joanne le sale demasiado fácil ser mala leche, a Noah le cuesta ser realmente honesto consigo mismo y los demás-, que se apoyan en ciertas certezas hasta que el amor los obliga a repensarse. Esos dilemas entre existenciales y culturales son presentados con una puesta en escena de permanente dinamismo, repleta de diálogos veloces y chistes que se acumulan por minuto, con algunas secuencias hilarantes que no reniegan de la incomodidad y el absurdo. Por algo Greg Mottola, realizador de Supercool y Adventureland, dirige los dos primeros episodios: en Nadie quiere esto asoma un humanismo filoso y a la vez tierno que nos recuerda al de esas películas o al cine de directores como Judd Apatow. Viene muy bien volver a esas bases.
-Los diez episodios de Nadie quiere esto están disponibles en Netflix. La serie ya fue renovada para una segunda temporada.
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