Por Patricio Beltrami
La primera temporada de Peacemaker había dejado la vara muy alta para la continuidad de la serie. Bajo el sello de su creador James Gunn, la apuesta inicial combinaba perfectamente el drama personal del protagonista, secuencias de acción bien coreografiadas y bastante violentas, y altas dosis de comedia que fluctuaban entre lo corrosivo, la incomodidad y lo más básico del humor. Más allá de que la confirmación de la segunda temporada representaba una buena noticia, también existían ciertos reparos sobre cómo se adaptaría la historia al nuevo Universo Cinematográfico DC. Sin embargo, las dudas fueron borradas de un plumazo al comienzo del primer capítulo: en medio del previously, Gunn reemplazó el cameo de La Liga de Justicia por las sombras de Superman, Supergirl y la Justice Gang. Con sólo una imagen, el creador de la serie, también CEO del estudio, se cargó meses de especulaciones y una narrativa de casi una década para introducir a sus personajes en el nuevo universo. Igualmente, la segunda temporada de Peacemaker decide transitar por una senda distinta, más introspectiva para el protagonista, sus compañeros de aventuras y los villanos de turno. Por supuesto que las secuencias de acción, combate y persecución se destacan a lo largo de los ocho episodios, pero esta vez lo que más importa es esa procesión que va por dentro. Meses después de haber salvado al mundo de una invasión extraterrestre, ni Peacemaker ni el resto de los héroes anónimos encuentran su lugar en el mundo. Solo y deprimido, la seguidilla de fracasos en su vida sentimental y superheroica provocan que Christopher Smith (otra vez excelente John Cena) caiga en un espiral de malas decisiones. A todo ello se suma la presencia de Rick Flag Sr. a la escena, quien ordena una cacería sobre el hombre que había asesinado a su hijo en El Escuadrón Suicida (sí, se mantienen algunos hechos del anterior universo). Tras una noche de excesos, Smith se transporta a otro universo, donde Peacemaker vive una vida soñada como héroe junto a su padre y su hermano. Ante ello, el protagonista se debatirá entre permanecer en un mundo que lo maltrata o escapar por el multiverso, ignorando los riesgos ocultos en esa Tierra soñada. A lo largo de la temporada, el centro de la historia se aleja de los conflictos del superhéroe. Más allá de que la venganza de Flag o las subtramas familiares en la otra Tierra motorizan el relato desde la acción, canalizando la ira y el dolor a través de explosiones de violencia, lo humano se impone a lo largo de toda la segunda temporada de Peacemaker. Si bien en algún punto termina siendo un viaje por el multiverso, exacerbando los peligros de lo desconocido tras esas ilusiones de quietud, paz e inocencia, lo cierto es que el derrotero de los personajes representa un escape constante del pasado y de los dolores y frustraciones que los acechan por dentro. Sin perder nunca las dosis de absurdo y disparate concentradas en sus personajes (Vigilante, John Economos y la brillante incorporación de Tim Meadows como el agente Fleury), la apuesta por resolver aquello que está roto dentro de los protagonistas configura el camino más honesto y lógico para la serie. Con intérpretes que están a la altura de las complejidades internas de héroes y villanos, la segunda temporada alcanza momentos brillantes a la hora de explorar lo profundo del agujero interior en los vínculos familiares perdidos, en las decepciones románticas y en la torpeza para sostener una amistad. Luego de un hermoso cierre, una escena postcréditos a causa de las necesidades del Universo DC provoca que el desenlace no sea perfecto. No obstante, la segunda temporada de Peacemaker resulta indiscutiblemente mejor que su antecesora, transitando virtuosamente por caminos distintos y mucho más interesantes al ritmo de varias bandas de hard rock de calidad cuestionable.
NdR: Todos los episodios de Peacemaker están disponibles en HBO Max.
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