Título original: The Crow
Origen: Reino Unido / Francia / EE.UU.
Dirección: Rupert Sanders
Guión: Zach Baylin, William Josef Schneider, basado en el cómic de James O´Barr
Intérpretes: Bill Skarsgård, FKA twigs, Danny Huston, Josette Simon, Laura Birn, Sami Boaujila, Karel Dobry, Jordan Bolger, Sebastian Orozco, David Bowles, Isabella Wei, Jordan Haj
Fotografía: Steve Annis
Montaje: Volker Bertelmann
Música: Chris Dickens, Neil Smith
Duración: 111 minutos
Año: 2024
4 puntos
DEMASIADO EDULCORADO
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
Con poco, esta nueva adaptación de El cuervo es mejor que el bodoque de 1994. Aquel film de Alex Proyas era una mescolanza bastante indigerible, que solo es famosa por todos los acontecimientos ligados a la muerte accidental de Brandon Lee durante el rodaje. ¿Eso implica que esta reimaginación es buena? No, solo que está lejos del desastre que se podía presumir, aunque dista de alcanzarle. Más aún porque queda patente la pregunta de por qué tanta insistencia de Hollywood en concretar un proyecto que estuvo durante muchos años en desarrollo, con diferentes protagonistas (Bradley Cooper, Jason Momoa, Luke Evans, Jack Huston) y directores (F. Javier Gutiérrez, Juan Carlos Fresnadillo, Stephen Norrington, Corin Hardy) a cargo.
La de El cuervo es una historia de venganza, pero también la de un romance trágico: Eric (Bill Skarsgård) y Shelley (FKA twigs) se conocen en un internado, a donde han sido recluidos luego de tener existencias marcadas por la pérdida, el crimen y los abusos. Eventualmente se escapan del lugar, se enamoran y comienzan un vínculo de pareja, pero gente del pasado de ella los alcanza y terminan asesinándolos. Sin embargo, el alma de Eric no puede descansar y él vuelve de la muerte para tomarse revancha, convertido en un ser casi inmortal, que puede sentir dolor, pero no morirse mientras mantenga intacto el amor por la mujer que perdió. La película de Rupert Sanders le presta más atención a este lazo afectivo que la versión previa, a la vez que incorpora más elementos sobrenaturales, a partir de un villano diabólico encarnado por un Danny Huston en su salsa.
Que esta nueva adaptación del cómic de James O´Barr le preste más atención a la relación entre el protagonista y su amada no es necesariamente bueno, porque todo lo hace con un enfoque muy centennial, en la línea Crepúsculo y Bajo la misma estrella. Eso lleva a que una gran cantidad de pasajes tengan un tono solemne, recargado, definitivamente aburrido, con algunas frases, diálogos e imágenes dignas de una Cris Morena on drugs. En contrapartida, hay un trabajo con la violencia que, de tan pasado de rosca -hay un par de secuencias realmente sanguinarias-, se vuelve ligeramente divertido y permite que la pomposidad de todo lo demás no sea tan indigesto. Acá, la contradicción entre atmósferas llamativamente juega a favor, aunque muy poquito.
Lo de El cuervo 2024, si la comparamos con la versión de 1994, es un tanto contradictorio: es más grandota, ambiciosa, recargada y hasta remarcada, pero también más prolija, profesional y contenida en su concreción. La clave, quizás, es que quiere contar algo más concreto y tangible, y no ser simplemente un despliegue de violencia gratuita y autoimportancia. Pero lo que cuenta es excesivamente edulcorado y vueltero, está lejos de cautivar y eso le quita chances de una mínima trascendencia.
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