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El arponero

Título original: En djevel med harpun
Origen: Noruega / Suecia / Argentina
Dirección: Mirko Stopar
Guión: Mirko Stopar
Sonido: Håkon Lammetun
Fotografía: Ole Andreas Grøntvedt, Diego Mendizábal
Montaje: Erland Edenholm
Música: Santiago Pedroncini
Duración: 76 minutos
Año: 2022


8 puntos


FONDO Y FORMA

Por Franco Denápole

(@pulponeg.ro)

Si sobre Film, the living record of our memory, otro documental que se proyectó en la reciente edición del BAFICI, decíamos que era un documental monológico, cuyos sentidos se encontraban demasiado controlados por una voz dominante, El arponero funciona como su contraejemplo. En un trabajo en conjunto entre Argentina y Noruega, Mirko Stopar se dedica a reconstruir la vida de un hombre polifacético: Lars Andersen, arponero de ballenas legendario, referente de generaciones posteriores y casi un héroe nacional, pero cuya cercanía con el nazismo le terminó costando un exilio a Buenos Aires, donde se vinculó con Perón y tramitó la ciudadanía argentina antes de regresar a su país de origen.

El documental se aproxima más al estilo poético o expresivo que al argumental, puesto que en ningún momento la figura de Lars es sometida a algún tipo de juicio. Stopar se permite estructurar un diálogo de voces y materiales diversos, desde archivo y entrevistas hasta recreaciones ficticias y una narración que no teme tomarse licencias poéticas e interpretativas. Todos esos fragmentos articulan un trabajo que por momentos se aproxima al montaje experimental, aborda un tipo de narración épica más próxima a la ficción, y no deja de establecer fechas y sucesos históricos concretos que permiten hilar el relato.

La armonía entre forma y fondo, recordando los términos que usaba Echeverría, muchas veces es la clave para que un documental resulte interesante. La pregunta sobre la adecuación de un sistema expresivo a una materia u objeto es más apremiante en este tipo de producción audiovisual que lidia con fragmentos de realidad. En el proceso de convertir lo real a discurso, las posibles soluciones son diversas, y, muchas veces, los documentales pecan al limitarse a una mera exposición o defensa de algún sentido ideológico/político, dando mayor protagonismo a estrategias comunicativas más propias de otros medios, y empobrecer, en el camino, el apartado estético.

El arponero es un trabajo que pone a funcionar la maquinaria forma y fondo, haciendo que las decisiones estilísticas respondan a una necesidad planteada por el objeto, una exigencia que proviene de aquello que se quiere representar. La figura de Lars Andersen reclama el cruce entre lo narrativo y lo documental en tanto existe como hombre y como leyenda. En este sentido, el trabajo de Stopar no es el primero en echar mano de herramientas propias de la ficción, demandado por una figura de estas características, pero sí se encarga de llevarlo adelante con elegancia, y logra tejer un relato por momentos verdaderamente fascinante.


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