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El Halloween de Hubie

Título original: Hubie Halloween
Origen: EE.UU.
Dirección: Steven Brill
Guión: Tim Herlihy, Adam Sandler
Intérpretes: Adam Sandler, Kevin James, Julie Bowen, Ray Liotta, Steve Buscemi, Rob Schneider, Maya Rudolph, Tim Meadows, Michael Chiklis, June Squibb, George Wallace, Kenan Thompson, Shaquille O’Neal
Fotografía: Seamus Tierney
Montaje: Tom Costain, Brian M. Robinson, J.J. Titone
Música: Rupert Gregson-Williams
Duración: 102 minutos
Año: 2020


8 puntos


EL HOMBRE QUE RÍE

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

“Si no consigo el Oscar, voy a regresar y hacer una película que sea muy mala a propósito solo para hacerlos pagar a todos. Así es como los voy a convencer”, comentaba en broma Adam Sandler hace unos meses cuando participaba de la temporada de premios por su actuación en Diamantes en bruto. Finalmente Sandler no ganó el Oscar (ni siquiera estuvo nominado, qué esperaban) y acá estamos ante El Halloween de Hubie, su película inmediata, una en la que el protagonista sufre el escarnio de todo un pueblo. No es difícil encontrar el paralelismo entre esta película del compinche sandleriano Steven Brill y la trayectoria del actor: ahí está Sandler, el tipo al que la crítica le tira con todo lo que tiene a mano como los vecinos de Salem a Hubie, mientras va para adelante sin importarle nada. Y obviamente que aquella anécdota del principio ya está siendo utilizada por algunos para asegurar que El Halloween de Hubie es definitivamente la película horrible que prometía. Perdónalos Hubie, no entendieron nada.

Sandler aprovechó como pocos el espacio brindado por Netflix para explorar territorios que el diseño del cine actual no le permitía. El Halloween de Hubie es un nuevo paso en ese sentido, sumando elementos de terror a su catálogo humorístico habitual, y lo hace acertadamente con secuencias de suspenso y misterio que funcionan perfectamente. Su Hubie Dubois es un hombre bastante inmaduro, un freak absoluto que es burlado por todos los vecinos y que se arroga el rol de protector de la comunidad, especialmente durante la celebración de Halloween. Y este será un Halloween especial, con la amenaza del interno de un psiquiátrico que se fugó (la película arranca con un cameo hermoso, que es además un homenaje a Noche de brujas) y vaga por ahí con una careta de cerdo y de un misterioso vecino que parece ser un hombre lobo. Si el repentismo y la imprevisibilidad del humor de Sandler (heredada del cartoon) hacen gala aquí de un timing estupendo, la película tiene además algunos chistes recurrentes que son formidables, como el de la madre (June Squibb) que luce remeras con frases lascivas; el tamaño cada vez más grande de las cosas que le lanzan a Hubie cuando pasea con su bicicleta; o los sustos que se pega el protagonista cada vez que es sorprendido, con violines que suenan como en el peor cine de terror. Pero además, Sandler recurre a la más fetichista de las celebraciones para construir una comedia que es puro fetichismo sandleriano en sí mismo: desde sus amigos recurrentes apareciendo en cada plano, hasta un personaje que recuerda mucho al de sus primeras películas como Happy Gilmore, El aguador o El hijo del Diablo. Sin embargo, hay aquí una variación: si en aquellas sus ataques de ira (el tema sandleriano, conceptualizado en Locos de ira o Embriagado de amor) terminaban siendo la clave del humor, este Hubie no reacciona nunca, se mantiene imperturbable y sonríe amablemente ante cada una de las horrendas agresiones que sufre.

Y de la misma manera ríe Sandler mientras la mayoría le dice que lo suyo es malísimo, en una película que termina siendo una hermosa oda a la bondad y una demostración de cariño al freak. El comediante ya las pasó todas, ya fue el rey, ya destruyó su carrera desde dentro, ya transitó los caminos del cine de autor, ya se probó en otros registros, ya trabajó con los mejores (los Safdie, Noah Baumbach… ¡Paul Thomas Anderson tu grato nombre!). El Halloween de Hubie es entonces un regreso a los orígenes en el momento menos pensado. Cuando el camino a la adultez parecía inevitable, Sandler vuelve con gracia sobre sus pasos, en una comedia libre que no pide permiso a nadie para existir. Y que es graciosa, tiene múltiples ideas (lo de Shaquille O’Neal es increíble), acumula chistes con ritmo de campeón mundial, tiene personajes buenísimos (¡qué grande Steve Buscemi!) y es solidaria y democrática abriendo el juego para el lucimiento de todos. Ahí tenemos la extensa secuencia de créditos al final en la que todos los actores son destacados de la misma manera. A partir de Sandy Wexler, las comedias de Sandler han tomado un segundo y renovado aire. Y si Sandler ríe, somos felices.

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