Título original: Redux Redux // Origen: EE.UU. // Dirección: Kevin McManus, Matthew McManus // Guión: Kevin McManus, Matthew McManus // Intérpretes: Michaela McManus, Stella Marcus, Jeremy Holm, Jim Cummings, Taylor Misiak, Grace Van Dien, Debra Christofferson, Dendrie Taylor, Ely Henry, David Terrell, Derick Alexander, Bridge Stuart, Hilty Bowen, Dan Perrault, Jerod Haynes, Angel Dillemuth // Fotografía: Alan Gwizdowski // Edición: Nate Cormier, Derek Desmond // Música: Paul Koch // Duración: 109 minutos // Año: 2025 // Plataforma: HBO Max
7 puntos
UN ASUNTO FAMILIAR
Por Rodrigo Seijas
(@rodma28)
El estreno en HBO Max de Matar, vengar, repetir pasó bastante desapercibido, lo cual no deja de ser lógico -estamos hablando de un film independiente y pequeño, sin ningún nombre importante involucrado-, pero también una pena, porque este thriller se merecía bastante más atención. Y eso que repite una gran cantidad de recursos argumentales ya repetidos, pero a los que les encuentra una vuelta de tuerca áspera y sombría, aunque por suerte nunca solemne.
Lo de Matar, vengar, repetir es un esfuerzo familiar en todo sentido: los hermanos Kevin y Matthew McManus en el guión y la dirección, con la hermana, Michaela McManus, en el protagónico, en una película cuyo tema de fondo -bastante explícito, por cierto- es la maternidad. El relato se centra en Irene, una mujer que viaja incansablemente por mundos paralelos y en cada uno se encarga de matar a un tal Neville (Jeremy Holm), el asesino de su hija. Con una sucesión de secuencias aparentemente inconexas, el film se encarga de darle al espectador la información justa y necesaria, que no es tanto lo que hace como las consecuencias que tiene en ella su accionar. Porque hay algo de destrucción y degradación interna en esa mujer que busca de forma obsesiva vengarse de ese hombre que le quitó su razón de ser, al cual asesina mediante toda clase de métodos. Lo fragmentario en la puesta en escena pasa a ser un concepto clave para entender la oscuridad y soledad que caracterizan y hasta persiguen a Irene, que está todo el tiempo marcada por una pérdida irreparable.
Esa especie de rutina en que consiste la vida de Irene cambiará cuando se tope con Mia (Stella Marcus), una joven que iba a ser la próxima víctima de Neville. Como Irene, Mia es alguien con un montón de cicatrices y con ansias de venganza, un espejo que la interpelará casi desde el primer encuentro entre ambas. Y si el vínculo que entablan al principio es forzado y problemático, también irá cobrando paulatinamente un sesgo materno-filial que les permitirá a las dos recuperar algo de humanidad propia. Pero claro, en contraposición está ese mundo que habitan, o más bien, esa sucesión de mundos paralelos unidos por un dispositivo interdimensional bastante -y casi a propósito- precario, y en los que casi siempre ocurren cosas terribles. En esa contraposición entre lo afectivo y lo horroroso es donde Matar, vengar, repetir se hace más fuerte y potente.
Los hermanos McManus no dejan de ser conscientes de que la premisa que sostiene el argumento requiere de cierta credibilidad del espectador y que hasta puede coquetear con el absurdo. Pero, a la vez, conocen lo suficiente las reglas del policial y del drama moral para conectarlas de la forma correcta con los imaginarios indicados de la ciencia ficción. Y encuentran en su hermana a la intérprete adecuada para un personaje al que se puede entender desde su motivación, pero que igualmente no siempre tiene las mejores actitudes y que solo a partir de la conexión con una igual es que puede tomar real consciencia de su camino autodestructivo. Sobre el final, por más que la película fuerza algunas situaciones, encuentra el cauce apropiado para un proceso de redención que a la vez no le escapa a la tragedia. Matar, vengar, repetir es un film que nos deja en claro que los McManus, realizadores y actriz, tienen bastante para aportar con una historia tan pequeña como ambiciosa.
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