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Running with the Devil

Título original: Ídem
Origen: EE.UU. / Colombia
Dirección: Jason Cabell
Guión: Jason Cabell
Intérpretes: Nicolas Cage, Leslie Bibb, Cole Hauser, Laurence Fishburne, Barry Pepper, Peter Facinelli, Tait Fletcher, Clifton Collins Jr., Adam Goldberg, Natalia Reyes, Keith Jardine, Sarah Minnich, Marie Wagenman, Barbie Robertson, Rib Hillis, Christian Tappan  
Fotografía: Cory Geryak 
Montaje: Jordan Goldman 
Música: Reinhold Heil
Duración: 100 minutos
Año: 2019


6 puntos


CAPITALISMO, PROCEDIMIENTOS Y VIOLENCIAS

Por Rodrigo Seijas

(@funcinemamdq)

Podría pensarse a Running with the Devil como una versión más sintética y menos ambiciosa de Traffic y/o Sicario. En ambos casos, es una virtud, si tenemos en cuenta la pretenciosidad, manipulaciones e hipocresías de los films de Steven Soderbergh y Denis Villeneuve. Es que la película de Jason Cabell plantea una estructura de relato coral, que va alternando entre múltiples locaciones y permitiéndose hasta algún giro temporal mientras se adentra en los eslabones que forman el negocio del narcotráfico, pero dejando de lado la mayoría de las típicas sentencias culposas y políticamente correctas a la hora de abordar estos temas.

El film se centra primariamente en “El Cocinero” (Nicolas Cage), un hombre con un aura respetable, con un matrimonio apacible y dueño de un restaurante familiar, que en verdad es una fachada: su verdadero negocio es oficiar de gestor territorial de un cartel dedicado al narcotráfico. Cuando un par de cargamentos evidencian irregularidades en las formas en que son distribuidos, su jefe (Barry Pepper) lo envía a hacer un seguimiento paso por paso para tratar de detectar dónde hay un desvío en los procedimientos estipulados. Esa es la excusa para ir indagando en otros personajes que intervienen en la cadena, a favor o en contra: un vendedor y también adicto, interpretado por Laurence Fishburne; un granjero dedicado al cultivo de la droga (Clifton Collins Jr.); el típico ejecutor de los trabajos sucios y sangrientos (Cole Hauser); un eventual soplón (Adam Goldberg); y una agente federal (Leslie Bibb) involucrada personalmente en un caso de muerte por sobredosis.

Desde cierto distanciamiento seco –aunque también revestido por juegos de montaje un tanto innecesarios-, Running with the Devil va desplegando todas las piezas con bastante dinamismo, resaltando principalmente los niveles de profesionalismo y frialdad con que se manejan la mayoría de los personajes. Particularmente “El Cocinero”, con una voluntad constante de controlar todo lo que pasa a su alrededor, no solo en lo profesional sino también en lo personal, aunque pronto eso se le escape de las manos porque hay otros actores interviniendo en el campo donde se desempeña. Lo más interesante del relato pasa por cómo en buena medida procura eludir el retrato sociológico y moral, para mostrar a gente tratando de hacer su trabajo lo mejor posible, aunque ese trabajo implique escalas de violencia cada vez más siniestras.

En Running with the Devil no hay conclusiones biempensantes ni señalamientos específicos, como en Traffic. Tampoco un personaje que pueda adecuarse a la mirada de un espectador horrorizado, como ocurría en el caso de la agente encarnada por Emily Blunt en Sicario. Menos aún actos que impliquen algún grado de redención o explicaciones tranquilizadoras. Sí un par de vueltas de tuerca bastante previsibles y algunos pasajes donde el distanciamiento pasa a ser canchero, restando bastante impacto a lo que se está viendo. Pero el final, a pesar de su carga moralista, no deja de poseer la ambigüedad y sequedad que domina la mayoría del relato. Así, Running with the Devil es más que nada un recorte espacio-temporal de un negocio donde las reglas del capitalismo interactúan fluidamente con las normas de los submundos criminales. No dice nada nuevo o revelador, pero por lo menos no quiere ser más “importante” de lo que realmente es.

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