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Los cuatro evangelios


Buena


LOS CUATRO MAS ODIADOS

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

Cuatro matones esperan en una suerte de depósito abandonado una llamada que les indique de qué manera continuar, cómo realizar ese trabajo para el que los han contratado. Todos tienen nombres en clave y todos dudan de las verdaderas intenciones de los demás. Si les parece conocido, no lo duden: Los cuatro evangelios, la obra de Alberto Rodríguez, es un gran homenaje a Quentin Tarantino, un cover libérrimo de Perros de la calle que incorpora con inteligencia tanto referencias formales (el único espacio, el submundo delictivo de los personajes, la narración no lineal, una estética cool) con otras más icónicas como una acertada transposición entre cierto diálogo con Like a virgin, de Madonna, que aquí se convierte en una charla sobre Amame en cámara lenta, de Valeria Lynch. La diferencia más notoria es que mientras en el film de 1992 los personajes tenían nombres relacionados con colores, aquí portan apodos con referencias bíblicas (Lucas, Marcos, Mateo y Juan) que al Jules de Samuel Jackson en Tiempos violentos lo pondrían más que feliz.

Esta Los cuatro evangelios es una versión local que se puede ver en La bodega del Auditórium, con dirección de Paola Belfiore y actuaciones de Jorge Cortese, Fabio Herrera, Nicolás Pecollo y Leo Rizzi. Es una puesta con su riesgo, porque si por un lado el espíritu tarantinesco es algo que funcionará como gancho y conectará velozmente con buena parte del público, por el otro demanda desde lo teatral un trabajo complejo de asimilación de códigos visuales propios del cine. Seguramente el juego de la analogía funcione un rato en aquel que vio Perros de la calle, pero también es cierto que la historia demanda una tensión sostenida en tiempos muertos y diálogos banales bien propios de Tarantino, que el espacio teatral asimila y debe representar necesariamente de otras formas; por ejemplo la ausencia del montaje cinematográfico es fundamental y se suple con imaginación.

Por eso que la apuesta de Belfiore es por demás lúcida. Por un lado se sostiene en el espacio increíble que brinda La bodega del Auditórium, otorgándole una asimilación perfecta a ese galpón abandonado. Y por otro lado su mirada femenina permite exponer en ese universo masculino su cuota de superficialidad y, también, de homoerotismo presente de manera más tácita en el film de Tarantino. Y para que todo resulte mucho más sólido, el cuarteto actoral encuentra la perfecta alquimia entre el humor y la violencia siempre presente. Desde lo corporal, los actores se muestran amenazantes, pero además en esa verborragia característica se encuentran las bases de un sentido del humor muchas veces retorcido. Tal vez podamos discutirle a Los cuatro evangelios lo mismo que podemos discutirle a una película de Tarantino: hay una pericia técnica que muchas veces se queda en la estilización de conceptos, sin lograr un puente hacia el costado humano de toda criatura. De todos modos, su apuesta al policial, un género decididamente poco transitado en el teatro vernáculo, es algo para resaltar. La obra encuentra finalmente en un partido de truco no sólo la capacidad para traducir un código externo a nuestra idiosincrasia, sino además la posibilidad de abordar desde lo lúdico la lucha de poderes que se da en ese cuarteto de seres desconfiados y al límite.


Dramaturgia: Alberto Rodríguez . Coordinación en dirección: Paola Belfiore . Intérpretes: Jorge Cortese, Fabio Herrera, Nicolás Pecollo, Leo Rizzi, Antonio Mónaco . Música: Sebastián Del Hoyo . Dirección de fílmico: Julián Gil . Títulos: Carpincho López . Fotografía: Luciano Brindisi . Gráfica: Leo Rizzi . Maquillaje: Marisa Ferreyra . Sala: La bodega del Auditórium (Boulevard Marítimo 2280; MDP), los sábados a las 22:00.

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