Título original: Idem
Origen: Inglaterra
Dirección: Ralph Fiennes
Guión: John Logan, sobre la obra de William Shakespeare
Intérpretes: Ralph Fiennes, Gerard Butler, Lubna Azabal, Ashraf Barhom, Zoran Cica, Milos Dabic, Nicolas Isia, Zoran Miljkovic, Marija Mogbolu, Milan Perovic
Fotografía: Barry Ackroyd
Montaje: Nicolas Gaster
Música: Ilan Eshkeri
Duración: 123 minutos
Año: 2011
Compañía editora: TVE
7 puntos
Hombres (y mujeres) de guerra
Por Rodrigo Seijas
Pedir que las adaptaciones al cine de las obras de William Shakespeare alcancen el mismo nivel al que supo llegar Orson Welles es demasiado: pocos cineastas alcanzaron su nivel y es muy difícil igualar su capacidad para explorar y trasladar al cine los textos shakesperianos. Lo que sí se puede pedir es que no haya transposiciones como las de Julie Taymor, donde lo que se impone es el diseño estético por sobre la narración, el ensamble de personajes y el análisis discursivo. Ya lo dijo Mex Faliero en su crítica sobre La tempestad: la cineasta (si es que ese título no le queda demasiado grande) es una embaucadora profesional, que llena la pantalla de fuegos de artificio, que ocultan la nada misma, característica que ya había evidenciado en Titus. Por suerte, el Coriolanus de Ralph Fiennes, quien debuta en la dirección con esta película, está lejos de eso. Incluso se podría hasta decir que es el anti-Julie Taymor.
Una de las últimas obras -y de las menos conocidas- de Shakespeare, Coriolanus se centra en el personaje del título, un general romano que es desterrado de su ciudad, con lo que busca vengarse aliándose con el que era hasta ese momento su enemigo jurado, dirigiendo un asalto contra el que antes era su hogar. La primera decisión que toma Fiennes como realizador es situar a la historia en una Roma que es en verdad Belgrado, con el conflicto balcánico de fondo. Esta disposición por suerte trasciende la actualización vacía, porque le sirve al realizador como trampolín para zambullirse en un relato que combina la intriga política con el género bélico. Allí se nota que aprendió unas cuantas cosas de Kathryn Bigelow, quien lo dirigió en Días extraños y Vivir al límite, no sólo por la fisicidad que dice presente en las diversas secuencias de acción y peleas -los tiros, las explosiones, los puñetazos y cuchillazos duelen e impactan al espectador, pero alejándose del esteticismo de la violencia-, sino también por cómo hace foco en la masculinidad, pero pensándola siempre en su interacción con las figuras femeninas. Coriolanus es un militar que se debe a su patria, a su clase, al poder político, a sus subordinados, a su hijo, pero también a su esposa (Jessica Chastain, sobria desde la expresividad) y especialmente a su madre (brillante Vanessa Redgrave).
El entender los factores antes mencionados y llevarlos apropiadamente a la puesta en escena -donde la fotografía áspera, el montaje seco y la banda sonora sostenida principalmente en la percusión son perfectamente funcionales- le permiten eventualmente a Fiennes trasladar con efectividad el texto de Shakespeare, que supo en su momento construir con gran inteligencia una tragedia donde el personaje peca de soberbio, sintiéndose superior a las clases populares por el hecho de ser militar, y en el que la familia es una institución tan inherente al ser humano como fatal para su existencia. El Coriolanus de Fiennes es un film que transmite eso pero que también aprovecha para decirnos, de manera tan brutal como sincera, que la guerra es algo eterno, que en ella eventualmente se acaban los privilegios de clase y que todos perdemos la humanidad, porque los cuerpos pasan a ser meros objetos descartables. El último plano, predecible y aún así shockeante, nos habla (y nos muestra) eso: todos somos despojos de guerra.


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