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Ricky Gervais: SuperNature

Título original: Ídem
Origen: EE.UU. / Reino Unido
Dirección: John L. Spencer
Guión: Ricky Gervais
Intérprete: Ricky Gervais
Montaje: Lee Clappison
Música: Ricky Gervais
Duración: 64 minutos
Año: 2022
Plataforma: Netflix


8 puntos


EL SENTIDO DE LA COMEDIA

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

Ricky Gervais es uno de los grandes comediantes de los últimos treinta años, uno de los que mejor trabajó el humor incómodo y crítica de los discursos institucionales, pero también institucionalizados. Casi siempre fue contra la corriente, demolió convenciones o puso en crisis discursos establecidos, y ese gesto ético le terminó dando centralidad sin dejar de diferenciarse y hasta estar al margen de muchos de sus colegas. Y, principalmente, nunca ha pedido disculpas por sus chistes, porque siempre tuvo en claro que uno de los propósitos esenciales de la comedia es ofender, irritar, incomodar, adentrarse en temas oscuros para sacar la luz en ellos, como paso fundamental para la autocrítica, la rebelión y el crecimiento. “Si te gusta lo que digo, no me escuches” es un lema al que recurre a menudo cuando le saltan a la yugular los eternos ofendidos y policías del discurso, que abundan en la izquierda y derecha, al centro, abajo y arriba.

En SuperNature, su nuevo espectáculo (que está disponible en Netflix), hay una vuelta a los orígenes de la comedia, en un sentido casi etimológico. En una hora, más que explicarse a sí mismo y su humor -que también lo hace-, Gervais explica el qué, para qué, cómo y por qué hacer comedia. Ese giro, que a simple vista podría parecer ombliguista y redundante – ¿necesitamos que un comediante nos cuente el sentido de su profesión? – se va revelando, con el correr de los minutos, como algo no solo lógico, sino fundamental. En tiempos donde se ha extraviado u olvidado el propósito de la ironía y el sarcasmo, o las implicancias metafóricas de un chiste o un insulto -desde los más sofisticados hasta los más pavos-, hay que volver a formar espectadores, promover que se liberen de las ataduras culposas y que defiendan con orgullo sus gustos.

Gervais se hace cargo de todo esto y por eso prácticamente monta una estructura entre didáctica y dialéctica, sin ponerse en un lugar de superioridad moral, pero sí planteando una serie de interrogantes que interpelan saberes tan establecidos como forzados en sus razonamientos. Lo hace sin ponerse en maestro ciruela, sino desde la búsqueda constante de los mejores chistes posibles, que casi siempre se revelan muy cercanos a cuestiones tabú o polémicas. Si las reacciones más virulentas en las redes o columnas de opinión se han concentrado en las bromas sobre las personas trans, la construcción humorística más brillante posiblemente sea la referida a la imagen de un niño discapacitado siendo golpeado, no solo por la figura metafórica que crea Gervais, sino por cómo después la traslada al plano de lo literal para revelar su imposibilidad. Todo se trata, al fin y al cabo, de dejar en claro que podemos hacer chistes sobre los trans, los discapacitados, la pedofilia o el feminismo -por citar apenas un par de comunidades o temas-, pero eso no nos hace transfóbicos, discafóbicos, pedófilos o misóginos. Es más, se puede utilizar esos discursos de odio para desarmarlos por completo desde la comedia, algo que Gervais viene haciendo sistemáticamente desde hace décadas y también en SuperNature.

No deja de ser llamativo que, a pesar de las aclaraciones explícitas que hace Gervais sobre lo que es un chiste y las diferencias con las creencias reales, los ataques a SuperNature y los dichos que allí se vuelcan (que incluyen a Netflix como plataforma de difusión y promoción) han sido inmediatos y crecientes. Pero también han sido previsibles, y Gervais, con la sabiduría del experimentado, las utiliza a su favor. Eso explica, por caso, sus chistes con referencias a Louie C.K. -nombre prohibido si los hay- o a su condición de blanco millonario que, pobrecito, también puede ser discriminado. En cierto modo, desde su humor punzante, se ocupa de señalar la comodidad que puede implicar la autopercepción como víctima. Y redondea ese posicionamiento al reivindicar su libertad de decir y crear lo que quiera, por más que ofenda a algunos sectores. Por algo en un momento asevera “si digo algo esta noche que sea tan ofensivo, algo que nunca hayan escuchado en su maldita vida, vayan a la boletería. No les van a devolver su dinero, pero pueden llenar un formulario con su queja. Y yo me voy a limpiar el culo con ella”. Bien dicho Ricky, seguí limpiándote el culo con los vigilantes ideológicos.


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