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Muñeca rusa – Temporada 2

Por Mex Faliero

(@mexfaliero)

En 2019, esta serie creada y escrita por Leslye Headland, Natasha Lyonne y Amy Poehler fue una grata sorpresa dentro del catálogo de Netflix. Muñeca rusa era una comedia con elementos de ciencia ficción en la que Nadia (la propia Lyonne), la protagonista, se veía involucrada en un loop temporal que la devolvía, luego de morir de las formas más ridículas posibles, siempre al mismo día. Una y otra vez Nadia atravesaba ese día tratando de encontrar una respuesta al fenómeno: como nos ha enseñado el cine, el loop temporal tiene un objetivo, que es el descubrimiento de alguna faceta propia y la posibilidad de aprender; en definitiva, una lección moral. Si el conflicto parecía cerrado en aquella primera temporada, la promesa de una segunda nos hacía pensar en la manera en que las autoras rizaban el rizo o, para ser más específicos, loopeaban el loop. Y la primera y gran sorpresa es que Muñeca rusa no sigue con aquella premisa, sino que se propone explorar los distintos subgéneros de la ciencia ficción y aquí mete a Nadia en una trama de viajes en el tiempo. Y no es que la protagonista solo viaja varias décadas atrás para encontrarse con su abuela y su madre, y así saldar deudas familiares del pasado, sino que en verdad habitará sus cuerpos, será ellas mismas en una forma de interpelar a sus antepasados desde la propia experiencia vivida. Se nota en esta segunda temporada un crecimiento de la producción, que logra recreaciones de época de lo más lujosas, y un intento de sus creadoras por no quedarse en los laureles y explorar múltiples posibilidades del universo que inventaron. Ahora bien, los resultados lucen no solo fallidos, sino además caóticos. Por ejemplo pasa con el personaje de Alan (Charlie Barnett), clave en la primera temporada, cuya inclusión aquí luce absolutamente innecesaria, con una subtrama que ocupa varios minutos para terminar naufragando en la nada misma. El cinismo de Nadia (parte del encanto de la serie) carece de la gracia del pasado y, para peor, le adosan un conflicto sentimental que no tiene mucho que ver con el personaje. Y por último la ciencia ficción, género que sirve para patear el tablero pero que también precisa de reglas claras dentro de su lógica. Aquí todo es arbitrario, dejando demasiados agujeros para que el espectador se pregunte no solo qué está pasando, sino directamente cómo es que pasó lo que pasó. Muñeca rusa tiene a su favor la corta duración de sus capítulos, pero se extraña el carácter lúdico de la primera temporada, cambiado aquí por un barroquismo solemne que genera más tedio que otra cosa.

Los 8 episodios de la segunda temporada de Muñeca rusa están disponibles en Netflix.


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