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Eami

Título original: Idem
Origen: Paraguay
Dirección: Paz Encina
Guión: Paz Encina
Intérpretes: Anel Picanerai, Curia Chiquejno Etacoro, Ducubaide Chiquenoi, Basui Picanerai Etacore, Lucas Etacori, Guesa Picanerai, Lazaro Dosapei Cutamijo
Fotografía: Guillermo Saposnik
Montaje: Jordana Berg
Música: Joraine Picanerai, Fernando Velázquez Vezzetti
Duración: 83 minutos
Año: 2022


5 puntos


FALLIDO EXPERIMENTO DE LA PALABRA Y LA IMAGEN

Por Franco Denápole

(@pulponeg.ro)

“Eami significa ‘bosque’ en ayoreo. También significa ‘mundo’. El pueblo indígena ayoreo-totobiegosode no hace distinción: los árboles, los animales y las plantas que los han rodeado durante siglos son todo lo que conocen. Ahora viven en un área que experimenta la deforestación más rápida del planeta”, dice la sinopsis de FilmAffinity de la nueva película de Paz Encina, que aborda esta realidad alejándose del muy utilizado “documental de denuncia” en el que se construye un discurso alrededor de nociones fundantes tales como problemática, cambio o transformación social. Lo que hace la directora está lejos de ser un documental, y parece dar un paso más allá respecto de aquello que buscaba en Ejercicios de memoria, en donde ya echaba mano del recurso de la narración en off sobre imágenes que no ilustran las palabras, sino que en todo caso buscan complementarlas mediante diversos juegos de sentido.

Decimos que va más allá porque Eami apuesta a un ritmo más lento que Ejercicios de memoria, así como también a un estilo narrativo todavía más cercano a lo ficcional. La película cuenta la historia de un pueblo que es echado de sus tierras por unos hombres llamados “los coñone”. Un niño llamado Eami vaga por la selva acompañado de un anciano curandero y busca a su amigo perdido, Aocojái. Ahora bien, el largometraje lejos está de exhibir una narrativa tradicional sino que en todo caso, a través de las imágenes y las palabras, entrega pequeñas claves con las que el espectador debe intentar reconstruir posibles referencias narrativas. Este proceso se complica aún más si tenemos en cuenta que tanto el estilo del material audiovisual como el de la narración parecerían construir una temporalidad mítica, cíclica, de modo que la historia de Eami se bifurca en dos posibles caminos interpretativos: como leyenda y como suceso histórico concreto.

Ahora bien, un correcto funcionamiento del experimento que pretende construir Encina se observa solo en la primera secuencia de la película, que a base de un plano fijo y una lenta transición de colores, junto a lo que parecen los enunciados del inicio de un mito cosmogónico, provocan un efecto cautivante. El problema está en que, a medida que el largometraje avanza y nos enfrentamos a su hora y cuarto de duración, la paciencia del espectador es puesta a prueba en extremo. Se puede afirmar sin mucha duda que Eami exige un espectador modelo bastante específico, capaz no solo de enfrentarse a tal apertura y falta de precisión acerca de lo que está viendo sino de sostener la atención durante un tiempo prolongado. Tal exigencia en la dimensión del compromiso del espectador debería dar una recompensa que esté al mismo nivel, y acá es donde la película de Encina flaquea: a la hora de justificar sus decisiones de estilo entregando una experiencia estética que se sostenga y resulte atractiva hasta el final. Lo cierto es que el largometraje repite las fórmulas presentadas en los primeros veinte minutos y poco agrega luego en términos de puntos de anclaje de sentido para el espectador, lo cual hace, dicho de forma sencilla, que uno se pierda y se aburra, y que no termine de valer la pena aceptar la propuesta que Eami nos hace.


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