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El valet

Título original: The valet
Origen: EE.UU.
Dirección: Richard Wong
Guión: Bob Fisher, Rob Greenberg, basado en la película de Francis Veber
Intérpretes: Eugenio Derbez, Samara Weaving, Max Greenfield, Betsy Brandt, Carmen Salinas, Amaury Nolasco, Carlos Santos, Armando Hernández, Marisol Nichols, Diany Rodriguez, Tiana Okoye, John Pirruccello, Ravi Patel, Joshua Vasquez, Alex Fernandez, Noemi Gonzalez, Milena Rivero, Michael Mourra
Fotografía: Mateo Londono
Montaje: Sandra Montiel
Música: Heitor Pereira
Duración: 124 minutos
Año: 2022
Plataforma: Star+


6 puntos


COMUNIDADES E INDIVIDUOS

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

El trailer de El valet no presagiaba cosas muy buenas: todo parecía calculado y pre-cocinado en esta remake de una comedia romántica de Francis Veber, paradigma del mainstream francés liviano y políticamente correcto, pero también bastante conservador. A eso había que sumarle la presencia en el protagónico de Eugenio Derbez, un comediante mexicano bastante inflado, de esos que hacen y representan lo que el progresismo norteamericano espera, porque no sea cosa de salirse del molde de los estereotipos de “lo latino”. Sin embargo, algunas piezas, sin salirse de lo predecible, se acomodan de tal forma que convierten a la película en una experiencia relativamente disfrutable y bastante por encima de las expectativas previas.

El relato se centra en Antonio (Derbez), un típico representante de la clase laburante mexicana en Estados Unidos que trabaja como valet en un restaurante de Beverly Hills. Tiene cuarenta y largos, pero vive con su madre, y está separado de la madre de su hijo, con quien busca recuperar su relación de pareja. Por otro lado, tenemos a Olivia (Samara Weaving), una ascendente estrella de cine, a la que no le basta con las dificultades y obsesiones que trae la fama, ya que también mantiene una relación clandestina con Vincent (Max Greenfield), un empresario que está casado. Los destinos de ambos chocarán (literalmente) en un accidente automovilístico, justo cuando ella sale de un hotel luego de un encuentro amoroso que es registrado por un paparazzi. Para evitar que el escándalo detone la carrera de Olivia y arruine el matrimonio de Vincent, se le pedirá a Antonio que finja ser el novio circunstancial de Olivia, lo que traerá aparejado salidas frente a la prensa, la asistencia a la premiere de una película y, claro, una acumulación de enredos que pondrán patas para arriba los mundos de los protagonistas.

El film de Richard Wong, con el correr de los minutos, muestra que entiende que, si se concentrara en demasía en las marchas y contramarchas de su premisa, correría el riesgo de volverse insostenible, y que la clave pasa por darle un cierto espesor a los protagonistas. Por eso el relato consigue generar empatía cuando les permite a Antonio y Olivia conocerse mutuamente (y un poco re-conocerse a sí mismos) en un puñado de secuencias donde se revelan y exponen como dos individuos que viven en contextos paralelos, que casi no se tocan, pero que aún así están aquejados por inseguridades, frustraciones y una gran necesidad de afecto sincero. Y si el mundo de los ricos y famosos es visto por la película con bastante desprecio, lo contrapone con el paisaje comunitario y familiar que incluye a Antonio, al que contempla con mucha mayor simpatía. Es cierto que hay ahí un posicionamiento ideológico -que idealiza los códigos, historias y comportamientos de los migrantes latinos- un tanto simplista, pero el film es honesto y directo con esa mirada, lo cual le permite incluso delinear algunos personajes y situaciones bastante divertidos, como la madre de Antonio y sus aventuras sexuales.

Eso sí, cuando El valet debe retomar su argumento y resolver la multiplicidad de tramas y subtramas que había desplegado -y que llevaron a un metraje un tanto excesivo en su duración-, elige resoluciones entre apresuradas y forzadas. Esos últimos minutos, muy atolondrados y con una corrección política que empalaga, hacen olvidar buena parte de los méritos previos del film. A buena parte de la comedia norteamericana actual -al igual que la filmografía de Veber- se le olvida no darles mayor realismo a sus relatos, sino ambigüedad y verdadero riesgo. Al fin y al cabo, es imposible quedar bien con todo el mundo.


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