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Los Cazafantasmas (1984)



LOS CAZACOMEDIA

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

Los ochenta, al igual que los setenta, fueron una década de relecturas, pero principalmente de apropiaciones en el cine norteamericano. Gente no solo reconvirtiendo o actualizando géneros e iconografías, sino también aportando una mirada nueva para transformarlos. No había procesos nostálgicos, sino inventivos, creativos, realmente innovadores y renovadores. De ese proceso también formó parte Los Cazafantasmas, que no se trataba tanto de una comedia sobre fantasmas o una de fantasmas con toques cómicos -aunque tenía todo eso-, sino de llevar el universo de la comedia a lo fantástico. O más precisamente, de la comedia made in Saturday Night Live, que tenía mucho de televisivo, pero también de cinematográfico.

Posiblemente la figura clave en la película no hayan sido el director Ivan Reitman ni Harold Ramis (a pesar de ser coguionista y protagonista), sino Dan Aykroyd. Autor de la idea y el guión original, Aykroyd fue parte de la primera generación de SNL y ya había hecho un ejercicio similar de apropiación con Los Hermanos Caradura. De hecho, el papel de Ernie Hudson en Los Cazafantasmas había sido pensado originalmente para Eddie Murphy -quien se bajó a último momento para hacer Un detective suelto en Hollywood-, lo cual refuerza esta idea de SNL ya pisando fuerte en el cine norteamericano. Tanto Aykroyd como Murphy jugaron roles relevantes en ese conjunto de mentes creativas que en los ochenta buscó resignificar géneros y subgéneros desde la comedia, incluso reescribiendo los guiones sobre la marcha.

Lo interesante de Aykroyd -y que lo diferencia de Murphy, con quien supo trabajar en la muy buena De mendigo a millonario es cómo siempre ponía sus ideas al servicio del lucimiento no solo propio, sino de quienes lo rodeaban. Si en muchos aspectos Los Hermanos Caradura era una película que le soltaba las riendas a John Belushi para que hiciera lo que se le antojara, Los Cazafantasmas se convertía en un vehículo estelar para Bill Murray, sin por eso dejar de ser un relato grupal, donde cada uno aportaba lo suyo. El resultado era una comedia donde parecía improvisado (y de hecho lo era, ya que ninguna línea de diálogo salió tal como estaba en el guión, particularmente en el caso de Murray), pero que también tenía una estructura narrativa perfectamente construida, que pensaba muy bien el vínculo entre lo mediático y lo político en la construcción de lo heroico, incluso anticipando la discursividad del cine de superhéroes del nuevo milenio, en especial de Marvel. Y que, a pesar de su tono adulto y políticamente incorrecto, tuvo un gran éxito y generó un importante fanatismo en los más chicos, quizás porque, en el fondo, lo que asomaba en la película era un cuento de aprendizaje y descubrimiento protagonizado por un trío de adolescentes tardíos dispuestos a romper todo para probar que tenían razón.

Mirando para atrás, se puede ver a Los Cazafantasmas como la obra más representativa de la filmografía de Aykroyd, no solo desde la construcción humorística, sino también afectiva. Al revisarla, se puede entender su afinidad y respaldo a lo largo del tiempo a un comediante de la siguiente generación como Adam Sandler, otro adolescente eterno al que le gusta trabajar en patota. O su constante voluntad a lo largo de los años por revivir la propia franquicia de Los Cazafantasmas, que estuvo dormida desde 1989 hasta el 2016 y que vuelve a tener una nueva oportunidad con el éxito que está cosechando Ghostbusters: el legado. Si en los ochenta Aykroyd quería cambiar no solo la comedia sino también otros géneros; en la actualidad parece intentar recuperar la juventud, aunque sea desde la nostalgia por lo que ya no es y no puede volver.


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