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¿Sabrá el cine argentino retratar esta crisis?

Por Rodrigo Seijas

(@rodma28)

En diciembre del 2019, a solo un par de días de haber asumido el gobierno de Alberto Fernández, se estrenó Tierra arrasada, documental dirigido por Tristán Bauer, que -casualidad no tan casual- era el flamante nuevo Ministro de Cultura. El film armaba una crónica de los cuatro años de la presidencia de Mauricio Macri, a los que describía como destrucción permanente y planificada por parte de ese gobierno. Se podrá discutir la calidad y precisión del diagnóstico que hacía la película, pero lo cierto es que era indiscutible que desde el primer semestre del 2018 hubo una crisis económica con repercusiones de todo tipo. Ahora bien, al gobierno de Fernández -y a Bauer como cabeza del área cultural- le tocó lidiar con una crisis propia a partir de marzo del 2020, con la llegada del coronavirus. Esa crisis también es innegable y están los datos para atestiguarlo: casi 10% de caída del PBI durante el 2020 y apenas un rebote estadístico para el 2021 (todavía no se recuperaron los niveles de actividad pre-pandemia); crecimiento moderado del desempleo y fuerte caída de las personas que buscan trabajo; niveles de pobreza que rondan el 45%; brecha entre los tipos de cambios de alrededor del 60%; un año escolar prácticamente perdido; y un largo etcétera. Del sector cultural todavía no hay cifras concretas, pero todo parece indicar que está contra las cuerdas. Como en todas las crisis, no es indispensable recurrir a los datos estadísticos para palpar la situación: basta con ir, por ejemplo, hasta la calle Florida y mirar la cantidad de locales cerrados; o hablar con la gente que trabaja en la gastronomía y hotelería. Y ni siquiera hay una contraparte por el lado de la salud que nos indique que los padecimientos sociales y económicos valieron la pena: ya hay más de cien mil muertos, número que hace algo más de un año parecía tan inalcanzable que hasta el propio Presidente se daba el lujo de evocarlo como una cifra catastrófica. Es entonces que surge la pregunta sobre si los integrantes del sector audiovisual argentino están dispuestos a contar lo que está pasando con las herramientas que conocen. Esa realidad que nos golpea todos los días puede y debe ser retratada, al igual que la que nos golpeaba durante la era macrista. Por ahora, las señales son un tanto llamativas, por no decir desesperanzadoras. Veamos, por ejemplo, a los críticos: gente como Diego Batlle, Roger Koza y Diego Lerer están muy ocupados señalando a la gente que consideran como de derecha; y todavía estamos esperando algún comunicado expresando preocupación por parte de Fipresci o la Asociación de Cronistas. Es cierto que otros como Gustavo Noriega o Quintín están muy activos en las redes, en la revista Perro Blanco se escribe bastante sobre el tema y en este sitio venimos pensando estos tópicos desde siempre. Sin embargo, no se puede decir que haya una discusión y análisis sistemático y consolidado. Si vamos para el lado de las películas o series, no hay nada, ni siquiera rastros de un cine urgente que procure examinar, aunque sea tentativamente, causas y consecuencias de lo que pasó y está pasando. ¿Habrá documentales? ¿Habrá ficciones? No pedimos una secuela de Tierra arrasada, porque el cine político -que no es lo mismo que el partidario- se debe hacer lejos del Poder, no desde sus entrañas. Pero sí pedimos que empiece a aparecer algo y que la única expresión no sea la de Laura Novoa afirmando que no cobró tanto por un homenaje patético.

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