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Más allá de la frontera



Por Nicolás Pratto

(@Malditavocal)

Actualmente, Hollywood es un bello cartel ubicado en Los Angeles, donde los turistas se acercan, fotografías de por medio y algún que otro tour por la casa de las estrellas. El vestigio de un tiempo pasado. Me gusta pensar que los diversos estudios del Hollywood clásico eran como ciudades-estados, Universal como Esparta, Paramount como Atenas y así por el estilo. Cada estudio distinto, pero con una forma de trabajo y de lenguaje, el cinematográfico. También se podría decir, similar a un estado pequeño, establecido en territorio ya establecido, como la ciudad del Vaticano. Porque algo muy distinto es el cine norteamericano, y otra, Norteamérica en sí.

La política exterior de estos estudios era muy abierta. Con una fuerte tasa de inmigración que, en su período de oro, proviniera mayormente de Europa, ante la creciente ola de fascismo que empezaba a crecer en el viejo continente. De Billy Wilder a Douglas Sirk, hasta Bela Lugosi y Marlene Dietrich. Una vez establecidos, comenzaron a ser embajadores de Hollywood, a lo largo del mundo. Pero resulta interesante ver una serie de directores extranjeros, que además de escribir parte de la historia del cine, también lo hicieron sobre Estados Unidos, en un género enteramente norteamericano como el western.

Trazando un paralelismo con Argentina, resulta extraño que alguien de otra nacionalidad dirija El santo de la espada o Martín Fierro. En Hollywood, Hugo Fregonese dirigió The raid y Fritz Lang Western Union, entre más obras del género. La historia de un país a través de la mirada extranjera. Tres directores, tres películas.

MICHAEL CURTIZ: THE COMANCHEROS (1961)

Hay directores que, en el ocaso de su vida, dejan de filmar, y en caso de hacerlo, su última obra no es la más considerada. Habría que preguntarle el secreto a Clint Eastwood, que todavía lo tenemos entre nosotros. Michael Curtiz era uno de esos, la última película del húngaro convoca a John Wayne en una nueva cabalgata. Este interpreta a un Texas ranger que, junto a un condenado que está llevando a la justicia, se ven involucrados en la amenaza de la unión entre forajidos y comanches. Haciéndose pasar por traficantes de armas, terminan dando con su escondite.

Wayne ya representa al cowboy, al sheriff que está en sus últimos trotes. Al igual que Hawks en Red river, Curtiz dota al Duke de un coprotagonista joven, el hábil inexperto. Para reforzar la autoridad de Wayne, que ya su figura en sí se hace respetar desde el primer minuto, y como es clásico, a los puños. Cuando se enfrenta a Lee Marvin, en una escena cómica entre golpes, alcohol y una cantina destrozada. Aunque el papel de Marvin es corto, el encuentro entre ambos es inolvidable, volverían a enfrentarse al año siguiente en The man who shoot Liberty Valance.

The Comancheros se realiza en un momento donde el género ya está colgando el sombrero, al igual que el director. La película transmite aquella búsqueda que inspira el western, las nuevas oportunidades, el cruzar la frontera, la aventura y sus amores. Indios, forajidos, la ley, persecuciones a caballo en increíbles exteriores, aprovechando en su totalidad el cinemascope, sumado a la increíble banda de sonido de Elmer Bernstein.

ANDRÉ DE TOTH: THE INDIAN FIGHTER (1955)

Durante la década del 50, el género comenzó a representar de manera distinta a los nativos americanos. Ya no era la barbarie que saqueaba y violaba, empezamos a verlos en sus tribus, en comunidad o realizando danzas características. Seguían representando una amenaza, pero al menos como espectador entendemos que atacan para defender sus tierras. Películas como Rio grande o La puerta del Diablo, e incluso actores de renombre, empezaron a interpretar indios: Burt Lancaster en Apache, Charles Bronson en Run of the arrow, y el protagonista de nuestra segunda película: Kirk Douglas.

Ambientada a finales del Siglo XIX, The indian fighter se adentra en una caravana que antes de llegar a destino debe atravesar territorio sioux. Acuden a Johnny (Douglas), alguien que de niño fue adoptado por la tribu nativoamericana, y servirá como nexo en esta tregua endeble. Tregua que se verá afectada porque además de los pioneros, viaja también un grupo de interesados por el oro del lugar, encabezados por Wes (Walter Matthau). A la hora del conflicto, Johnny se debate entre cumplir su palabra, protegiendo a la caravana, o siendo fiel a la tribu que lo adoptó y a su amor, una joven nativa interpretada por Elsa Martinelli. Ni con el maquillaje de Jack Pierce, nos creemos que es una india, pero bueno, John Wayne fue con Gengis Kan… la magia del cine.

Toth es de los directores extranjeros que más westerns ha realizado, el húngaro ha atravesado el western de la frontera, guerra civil, la conquista y colonización del Oeste. En The indian fighter observamos un paisaje no tan reconocido dentro del género, el noroeste estadounidense con sus bosques, ríos y montañas, paisaje que el director sabe aprovechar. Los colonos ante su deseo de establecerse, las tribus exigiendo reconocimiento como originarios y el interés de un grupo de vaqueros, cuyo conflicto entre ambos pueblos conviene más a su avaricia. Sumado a Kirk Douglas como el aventurero y a su vez, el héroe dividido. No es de las obras más recordadas del director de House of wax, pero es otro ejemplo de las producciones menores del Hollywood clásico, que terminan cumpliendo.

WILLIAM WYLER: THE WESTERNER (1940)

A diferencia de los directores anteriores, la carrera de Wyler nació en Hollywood y en el western. Realizando cortos, en los 30’s dirigiendo dramas, creciendo junto a jóvenes como Bette Davis y Humphrey Bogart. Pero en los 40’s volvería al género norteamericano con una estrella como Walter Brennan, y otra en ascenso como Gary Cooper.

The westerner se inspira la historia del juez Roy Bean, un personaje del far west que creaba sus propias leyes en gran parte de Texas. La película se centra en la disputa entre ganaderos y agricultores, siendo los primeros los que tienen la balanza del juez y arruinan la cosecha con total impunidad. El forastero Cole Harden (Gary Cooper) llegará al lugar, en primera instancia, mostrándose indiferente ante la situación, pero luego entablando relación con las víctimas, incluso también, con el propio juez (Walter Brennan).

Wyler crea una película avanzada para lo que venía demostrando el género. Como un año antes había ocurrido con Stagecoach, de Ford. Ambos demuestran un gran manejo de la comedia, pero lo peculiar del director franco-alemán es que recae en el personaje corrupto del juez. Lejos de infantilizarlo, lo humaniza, cada personaje tiene un por qué. El personaje de Brennan es despreciable, torpe, borracho y un nostálgico enamorado, ambos registros los manifiesta en gran manera. Cooper también goza de momentos cómicos, pero se mantiene correcto, esa postura, ese porte que lo acompañará por el resto de su carrera.

The westerner no es western tradicional, a pesar de que goce del leitmotiv como el de los ganaderos contra campesinos, una fija en el género. Ahonda en sus personajes, sus deseos, logra crear tensión, el único duelo que tiene la película ni siquiera es de la manera clásica. Inolvidable la fotografía de Gregg Toland, que ese mismo año también trabajó en Viñas de ira, y al siguiente en El ciudadano. La capacidad de mantener intacto en el recuerdo, imágenes con más de 80 años.

Tres películas, tres directores, tres grandes actores. El western, un género que bebe de la historia de Estados Unidos, pero que a su vez crea sus propios mitos. Los personajes de Wayne ya son parte del Oeste como Wyatt Erp o David Crocket. Historias que nacen en un país, pero que pueden ser contadas por la persona que se proponga a cabalgar en sus relatos, más allá de la frontera.

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