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El día que me quieras (1935)



EL DÍA QUE ME VEAS

Por Nicolás Pratto

(@Malditavocal)

Te reconozco que hubo un tiempo en que esquivaba el cine clásico argentino. Y al ser sub-25 no puedo tener la excusa de que no se encuentra disponible, ya que buena parte está en YouTube (su estado es otro tema). Pero ahí estaba, en mi “primavera cinéfila” que todo adolescente tiene, de ver cualquier cosa, como si estuviera corriendo una maratón. “Obra maestra”, “de culto”, “excelente fotografía”, “hay que saber entenderla”. El último me avergüenza mucho. En esa voracidad, tenía un remordimiento, nuestro cine. Desconocer nombres como: Soffici, Hugo del Carril, Favio. ¿Hay cine antes de Esperando la carroza?

Un poco también con esa culpa de que no me guste, me adentré. Preferí hacerlo con una cara conocida (no me tiro de clavado a la pileta), y como en casa se escucha tango, el personaje fue Carlos Gardel. Aunque en realidad no son películas argentinas, perdón, son rioplatenses, para quedar bien con Uruguay. Son films en parte producidos por la Paramount, rodadas en Nueva York, y dirigidos por un francés y un austríaco, ese cambalache hermoso del Hollywood clásico. La película elegida fue El día que me quieras de 1935.

Gardel interpreta a Julio, el hijo de una familia adinerada, que desea ser músico, acompañado por sus dos amigos (Tito Lusiardo y Manuel Peluffo). El padre se opone a esa vida nocturna, y es por eso que Julio actúa a espaldas, situación que ya no puede mantener cuando se enamora de una bailarina. Blanqueando el amor, es rechazado por su padre y las comodidades económicas, apostando a la vida de un artista. Es curiosa la perspectiva del mundo del espectáculo que se tenía en aquel entonces, aceptado como entretenimiento por las clases más altas, pero negado cuando artistas consagrados intentan adentrarse en ese círculo exclusivo. El mismo año, Soffici estrenaría El alma del bandoneón, una historia similar de relaciones divididas por clases sociales, protagonizada por otra estrella del tango como Libertad Lamarque.

El día que me quieras goza de dos buenas actuaciones como las de Lusiardo y Peluffo, el alivio cómico. Sobre todo Lusiardo, que es un chanta hermoso. Una comedia que no ha envejecido. La película también es cuna de grandes canciones de Gardel, compuestas por Alfredo Le Pera, quien también es guionista. Volver, Sus ojos se cerraron, la que da título al film y otras composiciones son parte. Una excelente estrategia ya que las películas viajan más rápido que las giras, y el público ya estaba curtido en las nuevas canciones cuando Gardel arribaba a la ciudad con nuevo material.

Junto con Tango Bar, del mismo año, se estrenaron póstumamente. Tras vencer el acuerdo con Paramount, los derechos de las obras pasaron a manos de familiares y herederos, parte de los negativos se terminaron perdiendo, una historia conocida. Entiendo que nuestro cine clásico a primera vista no sea atractivo, porque me pasó y siendo sincero, me sigue pasando. Desde el habla, otros tiempos de desarrollo, alguna fritura del sonido. Pero a fin de cuentas, nunca escuchamos a Buster Keaton, poco y nada de Lon Chaney. Que la valoración de nuestras películas no provengan solamente cuando se aprecian desde el exterior, mediante galardones o nominaciones.

En lo personal, El día que me quieras me demostró que hay equipo, uno con su mística, donde se puede jugar de local y visitante. El aguante se puede demostrar sabiendo que tuvimos y tenemos cine, pero sencillamente, viéndolo. No seas atorrante.

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